El hijo de Sam, un asesino en serie que sembró el pánico en Nueva York: aseguraba que seguía las órdenes de un perro 'endemoniado'

El hijo de Sam es un asesino en serie que mató a seis personas en Nueva York y que aseguraba que seguía las órdenes del perro 'endemoniado' de su vecino. Recordamos su historia
Puedes ver el capítulo completo y en abierto sobre los crímenes del Hijo de Sam en Mediaset Infinity
Nueva YorkLa serie documental ‘NY Killers’, que puede verse en abierto en Mediaset Infinity, concluye su primera temporada de la mano de Mamen Sala. En este nuevo episodio la criminóloga y corresponsal de Mediaset España en Nueva York repasa y recopila los brutales crímenes cometidos por David Berkowitz, conocido como 'el hijo de Sam'. Durante más de un año, entre 1976 y 1977, este asesino en serie sembró el pánico en Nueva York por sus crímenes.
Este criminal autonombrado como el hijo de Sam instaló el miedo en las calles neoyorquinas y cambió la rutina de miles de personas durante más de 12 meses en los que dejó varias víctimas a sus espaldas. Nadie sabía quién era, ni cuándo volvería a actuar, pero todos conocían su nombre: el hijo de Sam. Detrás de ese apodo estaba David Berkowitz, un joven que acabaría confesando una cadena de ataques que dejó seis muertos y nueve heridos.
El hijo de Sam, el criminal que atemorizó a todo Nueva York y sus primeros crímenes
Los primeros asesinatos de David Berkowitz comenzaron la madrugada del 29 de julio de 1976. Sus primeras víctimas fueron dos jóvenes elegidos completamente al azar. Donna Lauria, de 18 años, y Jodi Valenti, de 19, regresaban a casa en coche tras una noche de fiesta. Se detuvieron en un semáforo.

En ese momento, David Berkowitz se acercó sin hacer ruido y disparó a través de la ventanilla. Donna murió en el acto. Por su parte, Jodi, gravemente herida, logró sobrevivir al recibir un disparo en su pierna. Aquel ataque marcaría el inicio de una serie de crímenes cometidos por el hijo de Sam que mantendrían en vilo a toda la ciudad de Nueva York.
A las pocas semanas de cometer su primer asesinato, David Berkowitz repitió el mismo patrón. En esta ocasión, Carl Denaro y Rosemary Keenan fueron las víctimas escogidas. Estos dos jóvenes fueron atacados en circunstancias parecidas a las anteriores víctimas y sobrevivieron de forma milagrosa.
El pánico entre los ciudadanos de Nueva York tras los asesinatos en plena noche
La repetición del 'modus operandi' de este criminal empezó a encender las alarmas entre la Policía: las víctimas eran, en su mayoría, jóvenes que se encontraban dentro de sus vehículos, muchas veces de noche y en zonas poco iluminadas. Además, los agentes encontraron en las escenas del crimen casquillos del calibre 44, un tipo de munición poco habitual. Los expertos lograron identificar el arma: un revolver Charter Arms Bulldog. A partir de ese momento, la prensa comenzó a referirse al agresor como el asesino del calibre 44.
Analizando su comportamiento, los investigadores comprobaron que el asesino actuaba rápido, sin dejar apenas rastro, y parecía elegir a sus víctimas al azar, aunque con cierta preferencia por mujeres jóvenes de pelo largo y oscuro. Con el paso de los meses y tras hacerse públicos estos crímenes, el miedo se extendió por todo Nueva York.

Hasta tal punto llegó el pánico entre los vecinos neoyorquinos que muchas mujeres decidieron cortarse el pelo o cambiar su apariencia para no llamar la atención. Las calles, especialmente por la noche, empezaron a vaciarse. Aparcar en zonas oscuras o quedarse dentro del coche se convirtió en una situación de riesgo. La ciudad, acostumbrada al bullicio, comenzó a encerrarse en sí misma.
La espeluznante carta que dejó el hijo de Sam tras cometer uno de sus brutales asesinatos
Tras los ataques, la Policía terminó reconociendo públicamente que se enfrentaban a un asesino en serie. Sin embargo, las pistas eran escasas y la investigación avanzaba poco a poco y con dificultad. El doble asesinato de Alexander Esa y Valentina Suriani marcó un giro importante en la investigación policial. Tras encontrar el cuerpo sin vida de estos dos jóvenes en el interior del coche, los agentes encontraron una carta escrita por el puño y letra del asesino en serie que buscaban. En ella, el autor de los crímenes se hacía llamar El Hijo de Sam y advertía de que los ataques continuarían.

La misiva, escrita a mano, tenía un tono perturbador y parecía justificar los crímenes como parte de una misión enviada por algún ente o demonio. La carta se filtró a los medios y el caso adquirió una dimensión aún mayor. La presión sobre la Policía aumentó y se puso en marcha un operativo especial para dar caza a este asesino en serie.
Aun así, el conocido como el hijo de Sam siguió actuando. En junio de 1977, dos jóvenes, Judy Placido y Salvatore Lupo, fueron atacados en su coche, aunque consiguieron sobrevivir al ataque. A medida que se acercaba el primer aniversario del crimen inicial, el temor se intensificó entre los vecinos neoyorquinos. La posibilidad de un nuevo ataque mantenía a toda la ciudad en alerta.
La 'Operación Omega', el dispositivo policial con el que se volcó la Policía de Nueva York
Además, el mismo hijo de Sam quiso enviar en el aniversario de su primer crimen otra carta a un periódico en el que recordaba sus ataques y dejaba claro que no pensaba detenerse. El 29 de julio de 1977, la Policía desplegó un amplio dispositivo de seguridad en el que se recomendó a los ciudadanos que evitaran salir de casa.

Aquella noche no hubo ataques, pero la tranquilidad duró poco y, tan solo dos días después, una pareja volvió a ser tiroteada. En esta ocasión, el hombre sobrevivió, pero la mujer falleció.
El coche amarillo, la clave pista que permitió atraparle
La investigación dio un giro inesperado gracias al testimonio de una vecina que aseguraba haber visto un coche sospechoso de color amarillo durante la noche del último ataque.

También recordó que ese vehículo había sido multado en la zona días antes. Este dato fue clave para la investigación ya que, tras analizar las cientos de sanciones puestas en la zona, los agentes consiguieron dar con una matrícula y un nombre: David Berkowitz.
La detención del hijo de Sam tras los asesinatos y el miedo sembrado en Nueva York
El 10 de agosto de 1977, la policía montó un operativo cerca de su domicilio, en Yonkers. Esperaron a que saliera de su casa. Cuando se dirigía a su coche, fue detenido sin oponer resistencia.

Según los agentes, sus primeras palabras fueron claras: “Bueno, me habéis pillado”. El registro del vehículo confirmó las sospechas. En su interior encontraron el arma utilizada en los ataques. En su vivienda, los investigadores encontraron pintadas en las paredes con mensajes sobre violencia, muerte e invocaciones a satán.
Condenado a cadena perpetua tras matar a seis personas a bocajarro
Al día siguiente de su detención, Berkowitz confesó todos los crímenes. El autodenominado como el Hijo de Sam aseguró que estaba obedeciendo órdenes de una fuerza demoníaca que se comunicaba con él a través del perro de su vecino, llamado Sam. Según su relato, esa entidad le obligaba a matar.

A pesar de estas declaraciones, los informes psicológicos concluyeron que era consciente de sus actos. Su defensa intentó alegar problemas mentales, pero no logró evitar la condena. Berkowitz se declaró culpable y fue sentenciado a cadena perpetua.
El supuesto arrepentimiento del asesino: “Siento mucho lo que ocurrió”
El caso del hijo de Sam dejó una profunda huella en Nueva York. Durante meses, la ciudad vivió paralizada por el miedo. La figura del asesino, sus cartas y su forma de actuar generaron una gran atención mediática. Hasta tal punto llegó la repercusión de estos crímenes que, en 1978, se aprobó una ley para impedir que criminales pudieran obtener beneficios económicos contando sus propios delitos.

Décadas después, David ha concedido varias entrevistas en las que ha pedido una reducción de su condena y ha pedido perdón a las víctimas de sus crímenes. Una petición denegada por la Justicia neoyorquina que nunca redujo su pena de cadena perpetua.
