Animales

Encuentran una lamprea marina en el Guadalquivir, una especie en peligro crítico de extinción en España

El investigador, Sergio Bedmar, junto a la lamprea capturada en la Rivera de Huelva. Miguel Clavero / EBD-CSIC
  • Un equipo de la Estación Biológica de Doñana localiza un ejemplar adulto en la Rivera de Huelva, uno de los pocos tramos aún conectados con el mar

  • Los investigadores alertan de que las presas y las especies invasoras amenazan la supervivencia de uno de los peces más antiguos y escasos de Europa

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La aparición de una lamprea marina en la Rivera de Huelva ha devuelto la esperanza a los investigadores que estudian los peces migradores del Guadalquivir. Un equipo científico de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) ha capturado un ejemplar adulto de casi un metro de longitud en este afluente del Bajo Guadalquivir, un hallazgo considerado excepcional debido al crítico estado de conservación de la especie en España. 

La lamprea marina (Petromyzon marinus) está catalogada como especie en peligro crítico de extinción y su presencia en la cuenca del Guadalquivir era prácticamente testimonial en las últimas décadas. De hecho, los científicos consideraban que el pez había desaparecido casi por completo del río andaluz, siguiendo el mismo camino que otras especies migradoras históricas como el esturión o los sábalos. 

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Una especie al borde del colapso 

Las poblaciones de lamprea marina han sufrido un acusado declive en toda España, especialmente en las cuencas del norte peninsular, como Galicia y Asturias. Sin embargo, el retroceso comenzó mucho antes en los ríos mediterráneos y del sur, donde la construcción de grandes infraestructuras hidráulicas terminó alterando gravemente sus ciclos migratorios. 

Los peces migradores necesitan desplazarse entre el río y el mar para completar su ciclo vital. En el caso de las especies anádromas, como la lamprea, nacen en agua dulce, pasan parte de su vida en el mar y regresan posteriormente a los ríos para reproducirse. La fragmentación de los cauces mediante presas y azudes impide ese recorrido natural y limita el acceso a las zonas de desove. 

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El impacto de las presas 

En el Guadalquivir, la presa de Alcalá del Río, operativa desde 1931, marcó un antes y un después para estas especies. Situada, aguas arriba de Sevilla, la infraestructura cortó la conexión natural entre gran parte de la cuenca y el océano Atlántico. 

El esturión desapareció por el efecto combinado de la presa y la sobrepesca, y lo mismo ocurrió con los sábalos”, explica Miguel Clavero, investigador de la Estación Biológica de Doñana. Hasta ahora, los científicos sospechaban que la lamprea había corrido la misma suerte. 

Aunque la especie ya era considerada rara en el Bajo Guadalquivir en la década de 1970, algunos testimonios vecinales apuntaban a una presencia más habitual décadas atrás. Vecinos de Guillena relataron a los investigadores que en torno a 1980 las lampreas se capturaban con frecuencia en la Rivera de Huelva, aunque sin un aprovechamiento gastronómico como sí ocurre en Portugal. 

“En Guillena nos contaban que muchas veces se capturaban simplemente por el gusto de pescarlas, porque nadie pensaba en comerse un pez tan extraño”, señala Sergio Bedmar, investigador de la EBD-CSIC. 

Un pez de aspecto prehistórico 

La lamprea marina es considerada uno de los vertebrados más antiguos del planeta y posee un aspecto singular, caracterizado por su boca circular en forma de ventosa repleta de dientes córneos. 

Su ciclo biológico es especialmente complejo. Tras remontar los ríos para reproducirse, los adultos construyen nidos en fondos arenosos. Las larvas permanecen enterradas durante años filtrando sedimentos hasta que experimentan una metamorfosis que les permite iniciar su etapa parasitaria en el mar, donde sobreviven alimentándose de otros peces antes de regresar nuevamente al río para desovar. 

Los investigadores creen que el tramo de la Rivera de Huelva donde apareció el ejemplar podría reunir las condiciones necesarias para la reproducción de la especie. La zona conserva extensos fondos de arena y corrientes suaves, un hábitat idóneo para las larvas. 

“Puede haber sido un lugar tradicional de reproducción de la lamprea, pero nunca se había estudiado en profundidad”, apunta Bedmar. “En toda la cuenca del Guadalquivir quedan muy pocos espacios con condiciones tan favorables para la especie”. 

Un refugio clave para la biodiversidad 

La Rivera de Huelva, aguas abajo del embalse del Gergal, constituye uno de los pocos ecosistemas fluviales del Guadalquivir que todavía mantienen conexión directa con el estuario y el mar. En este entorno conviven especies migradoras como la anguila europea con peces fluviales, camarones de río y náyades, las grandes almejas de agua dulce. 

Para los investigadores, este enclave posee un enorme valor ecológico. “Es seguramente el tramo más importante para la conservación de peces y fauna acuática de toda la cuenca del Guadalquivir”, sostiene Clavero. 

Sin embargo, el área también soporta importantes amenazas ambientales. Entre ellas destacan la proliferación de especies invasoras, como el cangrejo rojo americano, la jaiba azul y especialmente el siluro, un gran depredador que podría poner en peligro a especies tan sensibles como la anguila o la propia lamprea. 

Recuperar los ríos para los peces migradores 

El descubrimiento abre nuevas líneas de investigación sobre la posible supervivencia de pequeñas poblaciones de lamprea en el Guadalquivir. No obstante, los científicos advierten de que la recuperación real de la especie solo será posible si se restauran corredores fluviales que permitan nuevamente la migración natural de los peces. 

Por ello, desde la Estación Biológica de Doñana proponen estudiar la eliminación o adaptación de infraestructuras como las presas de Alcalá del Río y Cantillana, cuyo impacto ecológico consideran desproporcionado frente a su escasa producción energética. 

“No estamos acostumbrados a recibir buenas noticias cuando hablamos de peces de río”, afirma Clavero. “La presencia de esta lamprea demuestra que la especie aún resiste en el Guadalquivir, pero el verdadero éxito sería recuperar parte del hábitat que durante décadas les hemos arrebatado”.