Kike Castilla, profesor de Educación Física en el CEIP Juan XXIII, ha convertido un juego tradicional en una herramienta educativa que une a todo el alumnado
Los niños intercambian jugadores, construyen campos reciclados y organizan torneos durante los recreos en una iniciativa que traspasa el centro
Lo que empezó en Navidad, en un año especialmente lluvioso, como una alternativa a los días de mal tiempo, para la asignatura de Educación física, en un centro donde no tienen un pabellón cubierto, se ha terminado convirtiendo en uno de los fenómenos más especiales y comentados del CEIP Juan XXIII de Marchena, Sevilla. Allí, en los recreos, ya no solo se escucha correr balones o partidos improvisados de fútbol. Ahora también hay niños agachados sobre pequeñas porterías hechas a mano, chapas decoradas con jugadores de todos los equipos y auténticos torneos que despiertan ilusión cada día.
Detrás de todo está Kike Castilla, maestro de Educación Física del centro, que decidió recuperar el tradicional fútbol chapa para transformarlo en una herramienta educativa capaz de fomentar valores, convivencia y creatividad entre sus alumnos. Y el resultado ha superado todas las expectativas. “Estoy muy contento”, nos cuenta este profesor.
Más de 3.500 chapas para motivar al alumnado
El proyecto comenzó con una idea muy clara, premiar la actitud, el compañerismo y el comportamiento positivo dentro del colegio. Para ello, Kike elaboró alrededor de 3.500 chapas personalizadas con jugadores de fútbol de distintos equipos. Un trabajo al que ha dedicado mucho tiempo pero que le llena de satisfacción: “Es muy gratificante ver que se olvidan por unas horas de las pantallas”.
Los alumnos las consiguen poco a poco gracias a su esfuerzo diario y su implicación en clase. “Si cumplen con los requisitos les entrego dos chapas, siempre de manera aleatoria” cuenta Kike, cuya intención es que entre ellos intercambien las fichas y se entusiasmen con el juego.
Lejos de quedarse en un simple juego, las chapas se han convertido en toda una pasión dentro del colegio. Los niños y niñas las coleccionan, las intercambian entre ellos y organizan partidos durante los recreos como si fueran auténticas competiciones profesionales.
“Es impresionante ver cómo se ayudan, negocian, comparten y disfrutan juntos”, explican este profesor sevillano, que destaca el ambiente positivo que ha generado la iniciativa entre alumnos de distintas edades.
Recuperar el juego tradicional
Uno de los objetivos principales del proyecto es precisamente devolver a los niños formas de juego más tradicionales y sociales. “Es una forma sencilla de recuperar el juego tradicional entre los niños, fomentando el ocio activo y el compañerismo”, explica Kike Castilla sobre una iniciativa que ha conseguido enganchar a alumnos de todas las edades.

Además de jugar partidos, muchos estudiantes han llevado la idea todavía más lejos. Construyen sus propios terrenos de juego utilizando materiales reciclados, crean porterías caseras e incluso organizan ligas y campeonatos entre compañeros durante los recreos.
La iniciativa ha conseguido además algo cada vez más complicado, que los niños se alejen durante un rato de las pantallas para compartir tiempo juntos de manera creativa. El fútbol chapa se ha convertido en una alternativa de ocio que mezcla imaginación, deporte y convivencia dentro y fuera del colegio.
Un fenómeno que ya ha salido del colegio
De hecho, como nos cuenta Kike, muchos alumnos continúan jugando después de clase, ya sea en sus casas, en el parque o con amigos del barrio. “Lo más bonito es que fuera del colegio siguen jugando”. El fenómeno ha terminado traspasando las paredes del centro educativo y se ha extendido entre numerosas familias de Marchena.
La repercusión del proyecto no ha tardado en llegar también a las redes sociales, donde la iniciativa acumula numerosas de visualizaciones y comentarios de personas sorprendidas por la originalidad de la iniciativa.
Las imágenes de los recreos llenos de niños jugando al fútbol chapa, intercambiando jugadores o enseñando orgullosos sus colecciones han despertado un enorme interés y nos traslada a épocas pasadas.
Mucho más que un juego
Más allá de las chapas, los goles y los torneos, el proyecto de Kike Castilla ha demostrado que la educación también puede construirse desde la ilusión y la creatividad. En el CEIP Juan XXIII de Marchena, cada recreo se ha transformado en un espacio donde compartir, imaginar y aprender jugando.
Un juego que tiene un objetivo concreto en la educación y es “que los niños compitan, que sepan jugar, ganar, perder... ese es el aprendizaje” nos cuenta este profesor. “Hay mucho fondo interesante en el juego de las chapas”.
Y mientras las chapas siguen pasando de mano en mano entre los alumnos, el verdadero premio parece estar en algo mucho más importante: haber conseguido que cientos de niños vuelvan a emocionarse con un juego sencillo, colectivo y lleno de valores.

