Acrobacias, equilibrios, malabares y trapecio: el éxito del circo para mayores de 60 años en Barcelona

El taller de circo, en el Ateneu Popular 9 Barris en Barcelona, finaliza con un festival. Marta Cardellach
  • 30 alumnos participan en el taller de circo social en el Ateneu Popular 9 Barris

  • El proyecto promueve el envejecimiento saludable, el bienestar emocional y los vínculos sociales

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BarcelonaCada martes, Joaquina, Alícia, María Luisa y Washington tienen clase de circo. Les esperan ejercicios de equilibrio, acrobacia, trapecio y malabares. "Venimos contentos y felices y salimos de aquí flotando. Llegamos que no podemos con el ¡ay ay! pero salimos con una alegría en el cuerpo y un bienestar que estamos deseando que llegue el martes", explica Joaquina Sánchez, de 84 años. Ellos son cuatro de los 30 vecinos de más de 60 años del programa comunitario 'El gran circo', en el Ateneu Popular de 9 Barris en Barcelona. El éxito es tal que hay una larga lista de espera.

"Nace para dar respuesta a la soledad no deseada y promover un envejecimiento saludable. A través del arte del circo se fomentan vínculos, relaciones sociales y participación activa en el barrio. Se cuestiona el edadismo y también se trabaja con los prejuicios que los mayores puedan tener sobre el circo. No es hacer el payaso. Descubren que se trabaja a nivel físico y emocional", explica Cristina Rey, enfermera del servicio de Salud y Barrios de la Agencia de Salud Pública de Barcelona.

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Un taller que se entiende por el vínculo con el Ateneu Popular de 9 Barris, una escuela de referencia de circo. En los años setenta, un grupo de vecinos ocupó una antigua fábrica y empezaron a acudir compañías para ensayar en el amplio espacio que había. A cambio, les pidieron que les enseñaran a practicar circo.

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Tres formadores profesionales en circo social dirigen las clases, que incluyen cuatro técnicas adaptadas al grupo: equilibrios sobre una barra o un trozo de madera, acrobacias como hacer figuras humanas que simulan las letras del abecedario, subirse a un trapecio y malabares con pelotas, pañuelos o masas. Eso, combinado con toques de danza y de teatro.

"Con los equilibrios se mejora la concentración, la coordinación y la lateralidad del cuerpo. Las acrobacias dan movilidad y conciencia del cuerpo y fortalecen las articulaciones para situaciones como levantarse si se caen. En el trapecio se trabaja la superación porque de entrada da miedo y se gana flexibilidad, fuerza y control del cuerpo. Y los malabares sirven para la motricidad fina, la paciencia y la colaboración entre ellos", detalla Núria Díaz, técnica de formación y circo social del Ateneu Popular 9B.

Así lo certifican los alumnos, a los que el circo está sacando miedos, dando confianza y poniendo en forma. Alícia Via, de 84 años, reconoce que "me gusta el columpio, pero le tengo mucho respeto porque el equilibrio va pasajero" y afirma que ahora "voy más ligera, así te mueves y no estás en el sofá de casa". María Luisa Muñoz, de 83 años, coincide con Alícia, entre sonrisas: "El trapecio es el que más me cuesta. No sé si por los kilitos que tengo. Me gustan más las acrobacias humanas. He ganado más equilibrio y más fuerza porque los huesos se anquilosan".

En el caso de Joaquina Sánchez, le está ayudando en su recuperación: "Yo el equilibrio lo tengo muy mal porque estoy operada del pecho desde hace un año. He estado con quimio y desde que vengo he cogido fuerza y estoy estupendamente, entre comillas". Unos cambios que también está notando su compañero, Washington Castro: "Se mantiene la agilidad y la musculatura y, después de la jubilación, es una oportunidad".

Una oportunidad que está aumentando su bienestar emocional. "Cambias el pensamiento y la mañana se hace muy corta", explica María Luisa. Para Joaquina, las ganas de ir son por el buen ambiente: "Lo que me gusta es estar con los compañeros, que son estupendos. Nos ayudamos mucho unos a otros y por los monitores, que nos cuidan".

Unos buenos resultados que confirma la Agencia de Salud Pública de Barcelona. "A nivel físico, se notan más ágiles, con más equilibrio y flexibilidad, se conocen mejor ellos mismos y ven que pueden hacerlo. A nivel emocional, nos dicen que les mejora el estado de ánimo y la gestión del miedo. Mejora la autoestima, hacen vínculos y se sienten menos solos. Y para la red comunitaria, tienen sentido de pertenencia al grupo y al barrio", destaca Cristina Rey.

El broche final del taller, a final de mayo, será un festival para mostrar cómo el circo les ha cambiado.