Jaume Norberto, de empresario textil a solicitado afinador de pianos: "Es un trabajo apasionante y soy muy feliz"

Jaume Norberto tiene su taller en Vic (Barcelona)
Jaume Norberto tiene su taller en Vic (Barcelona). Cedida
  • Jaume Norberto es uno de los pocos afinadores titulados de pianos en España

  • Este reconocido afinador también se dedica a la restauración en su taller en Vic (Barcelona)

Compartir

BarcelonaEl cierre de la empresa textil familiar hizo replantearse la vida a Jaume Norberto. Era el gerente de una fábrica de éxito que se dedicaba a hacer tejidos para la decoración como cortinas o tapicerías. La irrupción de la producción de China en el mercado hizo que el negocio cayera en picado hasta que decidieron cerrarlo en 2006. "Me preguntaba qué haría y empecé a tocar el piano en casa y estaba muy desafinado. Y me pregunté ¿Quién afina pianos?", recuerda este técnico afinador de pianos y restaurador.

Y así saltó la chispa de una carrera como afinador profesional que le ha atrapado. Se formó cuatro años haciendo cursos en España, Alemania o Francia mientras trabajaba como comercial textil. Hasta que un día puso un anuncio en el diario y empezó a recibir llamada tras llamada para afinar pianos y abrió su primera tienda, que tenía 60 metros cuadrados, en Vic (Barcelona). 16 años después, no ha parado de crecer este solicitado afinador. "Es un trabajo apasionante y soy muy feliz con mi trabajo. Es fantástico", reconoce.

PUEDE INTERESARTE

Se dedica a la afinación, la restauración y también el alquiler de sus doce pianos de cola para conciertos. "Es dar voz a los pianos para que tengan buena sonoridad", describe Jaume. Para sacar lo mejor de cada piano, repasa la máquina, hace retoques a los fieltros o a los ejes porque se desgastan de tocar, sobre todo, de la parte central. "Cada nota son tres cuerdas y tienen que sonar al unísono. Un piano tiene 250 cuerdas aproximadamente", cuenta. Toca afinarlo cuando las cuerdas se aflojan porque van cediendo en cada interpretación.

En su taller en Vic restaura piezas como fieltros del teclado o los martillos
PUEDE INTERESARTE

En su taller de 600 metros cuadrados, es donde los restaura. El mantenimiento más habitual es cambiar los fieltros del teclado que hacen bailar las teclas o los martillos desgastados. Son reparaciones para piezas de particulares y también para su colección pianos antiguos que va adquiriendo. Su gran pasión es recuperar su esplendor sonoro: "Los venderé o tendré un museo", dice, entre risas. El más preciado es un piano de 1842 de la época de Chopin.

A la afinación y la restauración para particulares, escuelas de música o conservatorios, también lleva pianos arriba y abajo por toda Cataluña para alquilarlos durante todo el año.

Pocos afinadores

Son pocos los afinadores titulados en España. La cifra puede llegar a los 60, calcula Jaume, que añade: "Muchos afinan pero pocos son afinadores". Una profesión que define como "Escuchamos como latidos. Es aprender a escuchar. La dificultad está en la mecánica y en la estabilidad de la afinación para que dure y sea estable".

Confiesa que está cumpliendo su sueño de pequeño cuando no pudo aprender a tocar el piano. Lo hizo a los 40 años. Ahora, cada día, al final de sus largas jornadas de trabajo, se sienta a solas y lo toca: "Es una válvula de escape. Me olvido de la presión y el estrés. Es mi tiempo de desconexión y aprovecho para estudiar", revela. "Es un trabajo precioso. Estoy muy feliz de haber escogido este camino aunque haya sido muy duro. Me siento muy orgulloso", asegura este afinador de éxito.