Ester Iranzo, con TCA desde hace 20 años, publica 'Bajo la piel del monstruo': "Si ayuda a una sola persona, para mí, ya habrá sido un éxito"
Ester Iranzo fue diagnosticada de un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) cuanto tenía 18 años
La autora estuvo cuatro meses ingresada en UIR-TCA Bellvitge-Martorell, una unidad pionera en Europa
BarcelonaEster Iranzo pone voz a su trastorno de la conducta alimentaria (TCA) de larga evolución en 'Bajo la piel del monstruo'. "Se refiere a todo lo que te dificulta la vida. Es como una segunda piel que te envuelve. El monstruo son todas las inseguridades, la autoexigencia, el perfeccionismo y ese autocastigo que es tu punto débil. Es todo lo que te atrapa. Yo le llamo monstruo a esa parte de mi mente que no me deja vivir como quisiera. Es la enfermedad. Es el trastorno", explica la autora.
"Estoy diagnosticada de una depresión a raíz que surgió con el trastorno alimentario y tengo anorexia nerviosa. Llevo 20 años con mejorías y recaídas. He aprendido a vivir con ella. Eso ha sido un antes y después", señala Ester, de 41 años. Recuerda que en la adolescencia se sentía insegura y con una baja autoestima. "Tenía cuadros de depresión con ingresos, con autolesiones e intentos autolíticos. Y en ese intermedio asumo el rechazo a la comida pero no estaba asociado a querer llegar a un peso o que me fijara en el aspecto físico. Me he visto en situaciones críticas de verme prácticamente como un cadáver siendo consciente del poco peso. Tú rechazas la comida porque tu idea es desaparecer. Para mí, es una forma de autolesión. Es un bloqueo tan fuerte que te impide nutrirte".
Una situación que se complicó "porque cuando dejas de comer, no te ves capaz ni de comer ni de procesar y entras en una espiral. No eres consciente de razonar ni de que necesitas ayuda y ahí están los de fuera, familia y terapeutas, para cogerte y decirte '¡Para! y vamos a darle la vuelta a esto porque dejas de ser tú porque te apagas".
Por eso, lo primero en la recuperación era nutrirla. "Estaba muerta en vida. He pedido que me sondaran porque no me veía capaz de comer. No eres capaz de asumir terapias ni de coger fuerza para mejorar. Me recuperaba y me daban el alta pero, en momentos vulnerables, volvía a salir el monstruo pero ya eres consciente de dónde no quieres llegar y ahí sacas la fuerza para decir 'quiero recuperarme'. Por eso hablo de 're-recuperaciones' porque tu vida es eso, mejorías y recaídas".
"Es asumir que te va a acompañar la enfermedad. Es aprender a conciliar con el monstruo. Así le he quitado peso porque agota buscar explicaciones. Te sientes culpable de tenerla, de que determine a la familia y no sales del bucle de culpa. Y asumes que no lo has elegido ni puedes hacer nada para que desaparezca", remarca.
Cuando tenía 30 años, una fuerte recaída trastocó, de nuevo, su vida e ingresó en una situación crítica en Zaragoza. Tras seis meses, la derivaron a la Unidad Integral de Recuperación de TCA de la Fundació Hospitàlaries de Martorell y el Hospital de Bellvitge, donde ha estado cuatro meses. Un centro pionero en Europa para adultos con trastornos de la conducta alimentaria de alta complejidad y larga duración. El tratamiento no solo se centra en el peso o la alimentación, sino también en los factores emocionales, familiares y sociales.
En momentos oscuros, Ester había escrito textos que mostró a la psicóloga en Martorell, que la animó a escribir para ayudar a otros. Así, el libro ilustrado por Víctor Casado, nació de una pregunta: "¿Qué es lo que a mí me hubiera servido que me dijesen en los momentos en los que no ves salida y estás atrapada?. Que me hubieran dicho: oye, con esto se puede seguir viviendo a pesar de todo".
Un mensaje de esperanza a los que están en el proceso y están paralizados: "que se puede caminar en paralelo, que hay que estar pendientes de las señales de alerta, que confíes en lo que dicen los de fuera que te quieren ayudar. El monstruo te va a decir: aíslate, no confíes en la gente y no hay escapatoria. Fuera con eso porque va contra la recuperación. Es un autoboicot. Cuestiónalo y no les des más poder".
"¿La motivación del libro? Con que pueda ayudar a una sola persona, para mí, ya habrá sido un éxito", reconoce la autora, para quien la obra ha sido un regalo porque "me ha despegado la etiqueta de enferma. Me ha acercado a la de antes, a la recuperada". Una mirada a una recuperación que no quiere idealizar. "He rebajado expectativas. He visto que aspirar a una curación y a una vida normalizada tampoco hay que aspirar a eso porque te frustras más. Hay que aprender a vivir con la enfermedad". Un proceso de recuperación para el que reclama más profesionales y más recursos para reducir las listas de espera.
Ahora Ester se ha adelantado al monstruo que asomaba y está ingresada de forma programada en Zaragoza los días entre semana. "He aprendido a no pensar en el futuro porque era uno de mis problemas porque anticipo mucho. Suena a tópico ir al día pero intento ir al momento. Y así rebajo expectativas porque me invade el miedo y me bloqueo. Mi mayor enemigo es el miedo", confiesa Ester.