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La defensa por un emblemático reloj que marca las horas desde 1982 en Barcelona: "Es un símbolo del comercio"

El reloj está en la calle Comte Borrell 89 de Barcelona. Sant Antoni Comerç
  • El reloj es un icono de la desaparecida tienda de ropa masculina Confecciones El Rellotge

  • Los comerciantes de Sant Antoni Comerç promueven la campaña para mantenerlo

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BarcelonaUn reloj es todo un icono en Barcelona. Es el de Confecciones El Rellotge, fundada por Evaristo Sender, que cerró el pasado febrero. Una campaña promueve que se quede donde está el emblemático reloj que marca las horas desde 1982 en la calle Comte Borrell número 89. "No es un simple objeto. Es un símbolo del comercio de Sant Antoni, del mercado, de un comercio que, desgraciadamente, está desapareciendo y es importante que al menos quede una referencia. Y el reloj es importante para los vecinos porque forma parte de su día a día y hay que evitar que todo desaparezca. Y sobre todo, un homenaje a Evaristo, que fue muy querido", subraya Jordi Arias, presidente del eje comercial Sant Antoni Comerç.

La entidad ha solicitado al Ayuntamiento de Barcelona, con su continuidad al distrito de L'Eixample y a la comisión de Patrimonio: "La petición que hacemos es que el reloj se mantenga tal como está y no se saque independientemente de quién ocupe el local que ahora está vacío. Además, nos gustaría poner una placa de homenaje a Evaristo". Como plan alternativo, la entidad comercial lo trasladaría hasta la fachada de su sede social o a una joyería del barrio que se ha ofrecido para acogerlo.

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Historia centenaria

La historia del reloj se remonta a un siglo atrás. La madre de Evaristo Sender tenía un puesto de ropa dentro del mercado de Sant Antoni en medio del entramado de estrechos pasillos. Así, para distinguirse y llamar la atención de los clientes, tuvo la idea de colocar un reloj que sobresalía del puesto y los vecinos pasaron a llamarla 'El puesto del reloj'. En 1971, Evaristo cumplió su sueño de abrir una tienda a pie de calle con Confecciones El Rellotge en la calle Riera Alta del Raval donde vivía y, a la vez, tenía el local comercial.

Once años más tarde, en 1982, la inseguridad del barrio hizo que se trasladara hasta el barrio de Sant Antoni. Su apertura fue todo un éxito, incluso había que pedir turno en una máquina. Estaba especializada en ropa masculina y, en concreto, en pantalones tejanos que estaban de moda en los años 80. Era todo un referente, tanto que venían clientes de toda Cataluña. Su distintivo: el reloj en la fachada. El relevo lo tomó Jordi Rodríguez, un dependiente que "era como un hijo para Evaristo", recuerda Arias.

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Un reloj que se estropeó en 2021 durante la pandemia. Un contratiempo que preocupó a los vecinos. Todos preguntaban a Jordi una y otra vez: "¿Cuándo vas a arreglar el reloj?". Una reparación nada sencilla y que necesitó de un ejercicio de investigación. Fue una empresa que arregla relojes de estaciones de tren la que se hizo cargo. "Se cambió la maquinaria interna pero por fuera quedó intacto", detalla.

Una institución

El pasado mes de febrero Confecciones El Rellotge acabó bajando la persiana de forma definitiva. "Es uno de los problemas que tenemos hoy en día, el precio de los alquileres. Y la venta de ropa bajó por el cambio de hábitos de consumo", indica el presidente del eje comercial. Poco tiempo después, Evaristo falleció. "Era muy querido y hasta el final iba a la tienda. Era una institución en el barrio. Todos le querían. Él mismo era un icono. Era muy cercano. Él hace 30 años creyó, junto a otros, que para hacer frente a los problemas del comercio era necesario unirse y se creó el eje comercial de Sant Antoni Comerç", señala Jordi Arias.

Fue Jordi Rodríguez quien expresó la voluntad de mantener el reloj en la fachada pese al cierre del negocio. Para Arias, "es poner en valor el comercio porque si desaparece todo al final se volverá impersonal y los barrios se mueren, pierden la identidad porque la hacen las personas".

El Ayuntamiento de Barcelona podría considerar a este emblemático reloj del barrio de Sant Antoni como pequeño paisaje y formar parte de un inventario de rincones, detalles o elementos singulares que ayudan a mantener viva la memoria colectiva como el termómetro de Portal de l'Àngel, el buzón de la Casa de l'Ardiaca o el Reloj de las Luces en la Via Laietana y en la calle Rocafort.