Smartphones

Un estudio revela el elevado número de veces que miramos el móvil al día y su impacto en la salud mental

Imagen de archivo de un persona con un teléfono móvil
Una persona mirando el teléfono móvil. Pixabay
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En febrero de 2026, la campaña global Febrero sin móvil (conocida internacionalmente como Phone Free February) vuelve para animar a personas de todo el mundo a replantearse su relación con el smartphone y la tecnología en general.

La iniciativa recogida por Queissada Comunicación propone que los participantes reduzcan drásticamente o, en la modalidad más radical, suspendan el uso de sus dispositivos durante todo el mes con el objetivo de promover una verdadera desintoxicación digital y recuperar el control sobre el tiempo, la atención y el bienestar.

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Desconexión total y enfoques graduales

La campaña está organizada por la Global Solidarity Foundation, que destaca que los teléfonos inteligentes están diseñados para mantener a los usuarios constantemente conectados, y que los algoritmos y diseños pueden llevar a revisiones repetidas y automáticas de los dispositivos.

Según datos divulgados por los organizadores, un usuario medio revisa su teléfono móvil unas 221 veces al día, lo que refuerza el argumento de que muchos de estos comportamientos se producen de forma automática y poco consciente.

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Inspirada en iniciativas para cambiar hábitos como 'Janeiro Seco' (Enero seco), que invita a reducir el consumo de alcohol durante un mes, la propuesta busca estimular una reflexión profunda sobre cómo, cuándo y por qué utilizamos nuestros dispositivos en la vida cotidiana.

La campaña también reconoce que la desconexión total puede no ser viable para todos, especialmente para quienes dependen del smartphone para el trabajo o los estudios, por lo que sugiere enfoques graduales, como reducir el uso de las redes sociales y limitar las notificaciones fuera de los horarios esenciales.

Una oportunidad para analizar conscientemente cómo utilizamos nuestros dispositivos

El enfoque principal del movimiento es la relación entre el uso intensivo de los teléfonos inteligentes y el bienestar psicológico. Los especialistas en salud mental han señalado que el uso excesivo de los dispositivos puede estar asociado con mayores índices de ansiedad, trastornos del sueño, sensación de aislamiento social y otros síntomas similares a la dependencia conductual, datos que refuerzan la importancia de reflexionar sobre estos patrones.

Para la psicóloga Luciane Rabello, directora ejecutiva de TalentSphere People Solutions, la campaña representa una oportunidad relevante en un momento en el que muchos se sienten abrumados por la hiperconectividad.

“El Febrero sin móvil no debe considerarse solo como un reto radical de desconexión, sino como una oportunidad para analizar conscientemente cómo utilizamos nuestros dispositivos, qué necesidades satisfacen y cuáles terminan superponiéndose a nuestras experiencias humanas esenciales”, afirma Luciane Rabello.

Además, la psicóloga añade que las pausas digitales intencionadas pueden fortalecer la salud mental: “Al crear espacios deliberados de pausa digital, podemos trabajar aspectos como la concentración, la presencia y el equilibrio emocional, lo cual es especialmente importante en un contexto en el que muchos refieren una sensación de ansiedad y distracción constante asociada al uso de pantallas”.

Luciane también destaca que la tecnología en sí misma no es el problema, sino la forma en que a menudo domina los comportamientos automáticos: “La idea no es demonizar la tecnología, sino fortalecer nuestra capacidad de elección: cuándo, cómo y durante cuánto tiempo interactuamos con nuestros teléfonos móviles de manera que no comprometa nuestra salud mental y nuestras relaciones personales”.

Reevaluar nuestra interacción con la tecnología

Como recogen desde Queissada Comunicación, participar en el 'Febrero sin móvil' no significa necesariamente abandonar el dispositivo por completo, sino que puede implicar estrategias prácticas para un uso más consciente. Entre ellas se encuentran limitar las notificaciones que no sean urgentes, establecer períodos intencionales sin tecnología (como antes de dormir), reducir el tiempo de pantalla en momentos de ocio y definir metas diarias de uso, tácticas que pueden ayudar a reducir la respuesta automática al móvil y fomentar una mayor atención al momento presente.

Movimientos como este cobran aún más relevancia ante los datos que apuntan a un fenómeno conocido como nomofobia, el miedo irracional a quedarse sin el celular, que afecta a gran parte de la población en diferentes países y está asociado a comportamientos de ansiedad y dependencia tecnológica.

En definitiva, la propuesta de Febrero sin móvil no se centra tanto en abandonar la tecnología como en reevaluar nuestra interacción con ella, buscando hábitos más equilibrados, conscientes y alineados con el bienestar humano. Al invitar a las personas a observar sus patrones de uso y explorar nuevas formas de conexión, consigo mismas y con los demás, la campaña refuerza la importancia de cultivar un equilibrio saludable entre lo digital y lo real.