La Tierra tiene dos 'cuasi-lunas' además de la Luna: casi nadie sabe que existen y los astrónomos llevan décadas estudiándolas

La Tierra no solo está acompañada por la Luna, también existen pequeños asteroides que comparten una curiosa danza orbital con nuestro planeta
Júpiter actúa como escudo de la Tierra: las consecuencias de que dejase de de estar donde está
Cuando alzamos la mirada al cielo nocturno, es evidente que la Tierra tiene una sola compañera: la Luna. Sin embargo, la realidad orbital del entorno terrestre es mucho más compleja. Además de la Luna, existen pequeños asteroides que viajan alrededor del Sol casi al mismo ritmo que la Tierra y que, vistos desde nuestro planeta, parecen acompañarnos como si fueran lunas diminutas. A estos objetos se les conoce como cuasi-lunas o cuasi-satélites.
En los últimos años, dos nombres han despertado especial interés: 469219 Kamoʻoalewa, descubierto en 2016, y 2025 PN7, identificado en 2025. Ambos son asteroides cercanos a la Tierra que comparten una relación orbital muy particular con nuestro planeta. No giran alrededor de la Tierra como sí lo hace la Luna, pero se mantienen cerca de nuestra órbita durante décadas, o incluso siglos.
Qué es una cuasi-luna
Una cuasi-luna es un objeto que mantiene una resonancia orbital 1:1 con un planeta. Esto quiere decir que tarda aproximadamente el mismo tiempo que ese planeta en dar una vuelta alrededor del Sol. En el caso de nuestro planeta, estos objetos completan una órbita solar en cerca de un año, por eso parecen moverse junto a la Tierra, aunque en realidad no están atrapados en su gravedad como si le pasa a la Luna.
La diferencia puede parecer técnica, pero es esencial. Si la Luna desapareciera seguiría siendo correcto decir que antes era un satélite terrestre porque orbitaba la Tierra. Sin embargo, si una cuasi-luna se aleja, no “escapa” de la Tierra en sentido estricto, porque nunca ha estado ligada a ella. Solo cambia de configuración orbital pasando a otro tipo de trayectoria.
Este tipo de movimientos son difíciles de imaginar porque no se parecen a la imagen clásica de una luna dando vueltas alrededor de un planeta. Habría que pensar en la Tierra y la cuasi-luna como si estuvieran viajando ambas alrededor del Sol, prácticamente en paralelo, mientras que la gravedad terrestre va modificando ligeramente la trayectoria del asteroide.
2025 PN7, la cuasi-luna que llevaba décadas escondida
El caso más reciente es 2025 PN7, un pequeño asteroide detectado por el telescopio Pan-STARRS 1, en Hawái, y anunciado oficialmente por el Minor Planet Center el 29 de agosto de 2025. Su descubrimiento resulta interesante porque los cálculos orbitales indican que no acababa de llegar: posiblemente llevaba acompañando a la Tierra desde mediados de los sesenta, y podría abandonarla en torno a 2083.
Lo sorprendente es que haya pasado tanto tiempo desapercibida. Aunque la explicación es sencilla, 2025 PN7 es muy pequeña y extremadamente tenue. Tiene un tamaño estimado de unas decenas de metros, en torno a 19 metros según algunas estimaciones, por lo que no puede verse a simple vista ni tampoco con telescopios domésticos. Hace falta un instrumental profesional para poder hacerlo.
Kamo’oalewa, la cuasi-luna más famosa
Antes de 2025 PN7, la gran protagonista de esta familia era Kamo’oalewa, cuyo nombre procede del hawaiano y se puede interpretar como algo parecido a “fragmento oscilante”. Fue descubierta en 2016 por el sistema Pan-STARRS, también desde Hawai, y desde entonces se ha convertido en uno de los objetos cercanos a la Tierra más estudiados.
Kamo’oalewa es mucho mayor que 2025 PN7, aunque sigue siendo diminuta en comparación con la Luna. Las estimaciones la sitúan aproximadamente entre 40 y 100 metros de diámetro. Su órbita es especialmente interesante porque lleva alrededor de un siglo en fase de cuasi-satélite, y según los cálculos dinámicos, podría continuar siéndolo 300 años más.
Lo que la hace más interesante es su origen. Un estudio publicado en Nature, analizó su espectro y encontró que su composición se parece mucho a la de materiales lunares alterados por la radiación espacial. Los autores concluyeron que Kamo’oalewa podría estar formada por silicatos similares a los de la Luna, lo que alimenta la hipótesis de que sea un fragmento lunar expulsado al espacio por un antiguo impacto.
Si esta hipótesis se pudiera confirmar, Kamo’oalewa no sería solo una cuasi-luna de la Tierra, sino posiblemente un pedazo perdido de nuestra propia Luna que ha acabado atrapado en una danza orbital alrededor del Sol junto a nuestro planeta.
¿Por qué los astrónomos las estudian con tanto interés?
Estos objetos son pequeños, no se ven desde la Tierra sin ayuda de un telescopio profesional y no tienen el impacto visual de un eclipse o una superluna. Pero tienen bastante importancia ya que pueden revelar mucho sobre el entorno cercano a la Tierra. Las cuasi-lunas son laboratorios naturales para estudiar la dinámica orbital de los asteroides cercanos, la estabilidad de las resonancias y la forma en que pequeños cuerpos pueden quedar temporalmente sincronizados con nuestro planeta.
También son relevantes para la defensa planetaria. Aunque ambas cuasi-lunas no representan una amenaza, estudiar sus órbitas ayuda a entender mejor cómo se comportan otros objetos cercanos. Cuando más se sepa sobre estas trayectorias complejas, mejor se podrán detectar, clasificar y predecir el movimiento de asteroides potencialmente peligrosos.
