Crean en España un tejido de algodón que se desinfecta solo con luz y reduce determinadas bacterias, hongos y virus

Una habitación de hospital. Magnific
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Un equipo de la Universitat Politècnica de València (UPV) ha desarrollado un tejido de algodón que elimina determinadas bacterias, hongos y virus cuando se expone a la luz visible. Y aunque sigue siendo necesario lavarlo de forma periódica y a medida que se usa, se aumenta mucho la barrera de transmisión de patógenos.

De acuerdo con lo que explica Marilés Bonet, una de las investigadoras principales, esto ha sido posible gracias a “incorporar dos compuestos fotosensibles (azul de metileno y rosa de Bengala) a las fibras del algodón, y hacerlo de manera estable, ya que presentan químicas diferentes que dificultan su fijación contínua”. 

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Así funciona la tela que se desinfecta ‘sola’

“El propio tejido adquiere una capacidad de autodesinfección cuando recibe luz, sin necesidad de aplicar continuamente productos desinfectantes adicionales”, inicia Bonet. 

Gracias a la composición química del algodón con las sustancias reactivas ya se han conseguido desactivar bacterias como la E. Coli en 60 minutos, la Enterococcus faecalis (presente en el intestino), y reducir la presencia del hongo Candida albicans en un lapso de tres horas. Para los virus se utilizó un adenovirus como modelo experimental. Añaden, además, el factor del utilidad de la tela con el paso del tiempo. De acuerdo con las cifras compartidas, tras 20 ciclos de lavado, el material conservó una eficacia bactericida superior a los niveles de referencia empleados en tejidos antimicrobianos.

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En cuanto a la logística del funcionamiento: tan sencillo como exponer el tejido a la luz. En los primeros experimentos que se llevaron a cabo, expusieron las telas durante 48 horas y, de acuerdo con los resultados compartidos, la investigadora Inmaculada Andreu, de la Unidad Mixta de Investigación del Hospital La Fe de Valencia, “el tejido expuesto acumuló un 75% de microorganismos que uno de algodón convencional”. 

En cuanto a los materiales que han insertado al algodón, explica Bonet, estos son “el azul de metileno y el rosa de Bengala, dos sustancias capaces de absorber luz visible y generar especies reactivas de oxígeno con actividad antimicrobiana”.

“No fue un descubrimiento casual”

La investigadora cuenta que el desarrollo de este nuevo tejido “no fue un descubrimiento casual, sino el resultado de una investigación multidisciplinar en la que han participado especialistas de diferentes áreas científicas”. 

“El objetivo no era desarrollar un tejido específico para un único microorganismo, sino obtener un material con actividad antimicrobiana de amplio espectro”, prosigue. Con esta idea en marcha, el primer paso era la elección del material. En este caso, se decidieron por el algodón ya que “es muy utilizado en el ámbito sanitario por su confort, su transpirabilidad y su resistencia”.

Paralelamente, “se conocía la capacidad de determinados compuestos fotoactivos para generar especies reactivas de oxígeno al recibir luz, capaces de dañar diferentes microorganismos. El reto consistía en trasladar este principio a un material textil, consiguiendo incorporar los compuestos de manera estable y sin alterar significativamente las propiedades de las fibras. Una vez desarrollado el tejido, fue fundamental la participación de los equipos especializados en microbiología e investigación sanitaria, que evaluaron su eficacia frente a diferentes bacterias, hongos y virus”.

El paso hacia la industria

La escalabilidad de esta nueva tela también es parte del desarrollo. No quieren que esto sea una prueba de laboratorio, sino que sea algo extrapolable a gran escala. 

Bonet da a conocer que ya “se ha realizado una prueba preindustrial de aproximadamente 20 metros de tejido, que ha permitido comprobar que el tratamiento puede reproducirse a una escala superior, manteniendo una elevada actividad antimicrobiana”. 

Aunque también matiza que “todavía quedan etapas de optimización”, resalta la necesidad de la “colaboración multidisciplinar” a la hora de desarrollar este tipo de material: “ya no basta con disponer de compuestos con propiedades antimicrobianas, también es necesario conocer cómo incorporarlos al tejido, conseguir que permanezcan fijados, evaluar su durabilidad y demostrar que mantienen su eficacia biológica”.