Kathryn Mannix, la doctora que sabe de conversaciones delicadas: “Si te entran ganas de dar consejos, resístete”

La doctora y terapeuta británica Kathryn Mannix, pionera en medicina paliativa, publica en España ‘Las palabras que importan’, donde revela sus técnicas para mantener conversaciones difíciles
Su principal sugerencia es conducirse con curiosidad: escuchar y preguntar a la persona que tiene problemas, y evitar darle consejos, pues es ella quien tiene que hallar su propia solución
Tomás Navarro, psicólogo: “Ante una persona tóxica siempre digo lo mismo: si puedes te vas, te las piras lejos”
MadridLa británica Kathryn Mannix es terapeuta y médico especialista en cuidados paliativos. Se ha pasado la vida con pacientes terminales y sus familias. Es decir, sabe lo que es tener una conversación difícil. En 2018 publicó en Siruela Cuando el final se acerca, sobre el gran tabú de la muerte. El libro fue un éxito. Ahora amplía el foco y nos da las claves para tener una conversación delicada en cualquier situación, no solo las cercanas a la muerte. Son esas discusiones que casi siempre aplazamos.
Su nuevo libro se llama Las palabras que importan (Siruela, traducción de Julio Hermoso) y curiosamente viene a decir que no importa tanto lo que se diga al afligido como escucharle, tener curiosidad por lo que le pasa, y sobre todo no propinarle consejos, sino que sea él o ella quien encuentre una vía de solución a sus problemas a través de nuestras preguntas –y nuestros silencios-.
Pregunta: ¿Para hablar a los demás, hay que escucharse primero bien a uno mismo?
Respuesta: Hay una diferencia entre la acción de hablar y de escuchar, pero cada una depende de la otra para tener éxito en la comunicación. Cuando queremos dar un mensaje claro e inequívoco de la manera más amable posible (por ejemplo, al dar una noticia inoportuna o al expresar insatisfacción con una relación), primero debemos discernir con claridad (reflexionando interiormente, escuchándonos a nosotros mismos) cuál es el mensaje que queremos comunicar.
Es irritante que la gente ofrezca soluciones cuando nos encontramos en una situación difícil
Una vez que tenemos claro lo que tenemos que decir, empezamos la conversación escuchando la perspectiva de la otra persona. ¿Qué esperan de la situación que estamos tratando? Al contarnos sus expectativas y/o preocupaciones, podemos descubrir que ya tienen preocupaciones que coinciden con las nuestras, o que sus expectativas son muy diferentes de las nuestras. Comprender su punto de vista nos ayuda a enfocar la transmisión de nuestro mensaje de una manera menos conflictiva.
P: ¿Nuestra voz interior es siempre buena consejera? ¿Debemos fiarnos siempre de nuestra propia voz?
R: Soy terapeuta cognitivo-conductual, así que a menudo ayudo a la gente a darse cuenta de que los pensamientos que pasan por nuestra mente pueden ser parciales, como críticos internos o profetas de la fatalidad que señalan el peligro y la negatividad. Aprender a escuchar nuestra voz interior y luego preguntarnos: "¿Podría haber otra forma de ver esto?" y "¿Me estoy perdiendo algo?" nos ayuda a mantener el equilibrio de nuestra voz interior, a percibir la seguridad y el peligro, lo positivo y lo negativo.
Las habilidades de un buen oyente pueden incluir a veces hacer exactamente las mismas preguntas a un amigo o colega con problemas, ayudándole a asimilar todos los aspectos de una situación que le preocupa, a darse cuenta de cosas que puede haber pasado por alto o descartado, para llegar a una evaluación más equilibrada de su situación.
La voz interior más tranquila, la voz de la sabiduría y la calma, nos dice que esperemos, que escuchemos
En ambos casos, hacer preguntas, ya sea a nosotros mismos o a la persona en apuros, es clave para explorar el problema. No es lo mismo que decir "yo sé más que tú". Cuando las cosas van mal, ¿hay algo que te dé esperanza? Si tu amigo estuviera en una situación similar, ¿qué le aconsejarías que hiciera? Esto deja la responsabilidad del problema en manos de la otra persona: no estamos ahí para "arreglarlo" a él o a su problema, sino para apoyarle mientras lo resuelve (o lo tolera) por sí mismo.
