"La maldición de Tutankamón existe": hay datos científicos detrás de una historia cuya realidad da más miedo que el mito
La maldición de Tutankamón es uno de los mitos más conocidos de la arqueología por las muertes entre quienes participaron en la excavación de la tumba
La cámara funeraria de Tutankamon revela sus secretos a través de réplicas
MadridLa maldición de Tutankamón es una de las historias más famosas del mundo de la arqueología. La leyenda cuenta que, como marcaba la inscripción de la tumba, cualquiera que perturbara el descanso del faraón sería castigado con la muerte. Tras su descubrimiento en 1922, una serie de muertes entre personas relacionadas con la excavación hizo que se extendiera la profecía.
Todo lo relacionado con la tumba parecía sacado de una novela de misterio, pero, detrás de esta historia hay una combinación entre mitología, sensacionalismo periodístico y ciencia que arrojan luz a esta “maldición”.
¿Quién era Tutankamón?
Tutankamón fue un faraón que perteneció a la 18ª dinastía del Antiguo Egipto, subió al trono siendo un niño de 9, fue considerado un rey menor ya que su mandato duró solo 10 años. No se conoce mucho de su vida, se sabe que era cojo por los bastones encontrados en su tumba. Llegó al poder en una época muy convulsa, cuando su padre había instaurado el culto a un único dios, Aton. De sus decisiones en el poder, la más relevante es que reinstauró la creencia politeísta y fue uno de los últimos faraones de su linaje.
¿Por qué este descubrimiento cambió la historia de la arqueología?
Conociendo la historia de Tutankamón, puede que pensemos que era un faraón sin apenas trascendencia, entonces, ¿por qué el descubrimiento de tu tumba fue tan importante? La respuesta es porque con este faraón se encontró todo: la momia, la máscara mortuoria, el oro, los objetos de un rey y también los de un niño como juegos de mesa o búmeran.
El 26 de noviembre de 1922, tras varios años de búsqueda, el arqueólogo británico Howard Carter, junto a Lord Carnarvon como patrocinador, perforó un hueco en una puerta sellada en el Valle de los Reyes, en Luxor. Esto permitió descubrir la tumba prácticamente intacta de Tutankamón, el conocido faraón niño, 3.000 años después de su muerte.
Este hallazgo sorprendió tanto a la comunidad arqueológica como al público en general, que se encontraba inmerso en una auténtica locura por Egipto. Habían encontrado el mayor tesoro arqueológico de la historia: más de 5.000 piezas. Ése día histórico, un halcón sobrevoló el campo de trabajo y los operarios egipcios lo tomaron como un mal presagio.
Este descubrimiento fue todo un éxito, en parte también por el trabajo del fotógrafo Harry Burton que documentó todo el proceso. Cuando Carter y Carnarvon presentaron al mundo este logro, fue una auténtica locura mediática: todos los diarios querían cubrir la noticia y todos los avances del descubrimiento. Ambos, saturados por los reporteros, decidieron darle la exclusiva a Times. Esto provocó que el resto de corresponsales tuvieran que basarse en fuentes no oficiales y, también, mucha rumorología para completar sus reportajes. Este fue el inicio del mito.
¿Qué pasó para dar lugar a la maldición de Tutankamón?
Eran los años 20, el mundo acababa de salir de una guerra mundial y de una pandemia de gripe. La gente necesitaba historias con las que evadirse y la historia del joven faraón Tutankamón era perfecta. Fue un chico que murió demasiado pronto, y en un contexto así, el público empatizó rápidamente con su historia.
Aquí entra en la historia Arthur Weigall, un egiptólogo y redactor que solía escribir sobre sucesos paranormales alrededor de la civilización egipcia. El día de la presentación, Weigall escribió: “Tendrá suerte si vive seis semanas más”, refiriéndose a Carnarvon. Esto se convirtió en una frase profética. Hay que añadir que, además, en el imaginario colectivo caló la historia de que a la entrada de la tumba había una frase escrita: “La muerte llegará pronto a aquellos que perturben el reposo del faraón”.
Lo curioso es que el quinto conde de Carnarvon murió sólo cuatro meses después de entrar a la tumba. Su hija contó que le picó un mosquito en la mejilla, con la mala suerte de que, al afeitarse, se infectó y terminó muriendo de sepsis y neumonía en un hotel de El Cairo. En el mismo momento, pasaron dos sucesos que alimentaron las supersticiones: un gran apagón dejó a oscuras la capital egipcia, y la perra del conde murió en Londres, según contaban, a la vez que su dueño tras emitir un angustioso aullido.
La muerte de Carnarvon no fue la única, se sucedieron al menos 13 muertes más en los años siguientes al descubrimiento de la tumba.
¿Cuál es la historia real tras la maldición?
Lo primero es que la famosa inscripción en la tumba del famoso faraón era falsa, según Steve Snape, arqueólogo: “La historia de esa tabla no tiene ninguna credibilidad”. Estas advertencias se escribían en las tumbas de los civiles, las de los reyes eran otra historia, ya que nadie acudía a ellas a hacer ofrendas como en el resto.
Por otro lado, Ross Fellowes comenzó una investigación para esclarecer estas muertes. Para él, estas muertes fueron a causa del envenenamiento por radiación procedente de compuestos naturales como el uranio y otros desechos tóxicos. Esta tumba estuvo sellada 3.000 años, generándose el ambiente propicio para la descomposición de estos elementos y concentrándose en la recámara.
El contacto con este tipo de sustancia pudo causar diferentes tipos de cáncer, como el linfoma de Hodgkin, que sufrió Carter 11 años después de encontrar la tumba. Además, otros hombres sufrieron asfixia, derrames cerebrales, diabetes o insuficiencias cardiacas.
En esta investigación, se señaló que los niveles de radiación de las tumbas egipcias eran 10 veces mayor de lo que hoy en día se considera saludable para el ser humano. Este estudio se reprodujo en otros sitios con características similares como las pirámides de Giza.
Fellowes destacó que tanto las poblaciones del Egipto contemporáneo como las de la antigüedad, tenían una incidencia inusualmente alta de cánceres, cuya principal causa conocida es la exposición a la radiación, a lo que señalaron que los egipcios eran conscientes de estas toxinas. Después de todo, puede que estas tumbas sí que profetizaran que, aquellos que perturbaran el descanso del faraón, encontrarían la muerte.