La historia de Orlando Gill, el portero héroe de Paraguay: tuvo que vender sus equipaciones para poder comer al nacer su hijo prematuro y enfermo
Orlando Gill es hoy el héroe de Paraguay, pero su camino hasta estar en el foco del Mundial no ha sido nada fácil.
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Orlando Gill es hoy el héroe de Paraguay. Sus manos provocaron que su país derrotara a Alemania que, por primera vez, perdía una tanda de penaltis en un Mundial. Pero no fue la de ayer en el Mundial la batalla más duro en la vida de Orlando, el prototipo de ese jugador no estrella, que sabe lo que es sufrir los banquillos y los apuros para llegar a fin de mes, antes de explotar. El camino de Orlando no ha sido nada fácil, pero este chico reservado en exceso, tímido a más no poder, pero medio gigante con esos inmensos brazos, ha vivido batallas peores.
"Nuestro hijo luchó por su vida y su papá siempre estuvo. Vendió todo, vendió su camiseta de la selección sub'20, vendió sus prendas... Literalmente vendió todo", reconoce su mujer Melissa en redes sociales, ahora que el éxito ha llamado a su puerta.
Criado en el San Lorenzo de Paraguay, debutó con el primer equipo justo antes de que éste descendiera a la segunda del país. Tras esto se pasó meses en el banquillo esperando una oportunidad.
Porque hace menos de cuatro años la gloria estaba lejos, muy lejos. Orlando tuvo un hijo que nació. prematuramente y necesitaba un tratamiento médico bastante caro. Era la época en que él empezaba a ir convocado con el primer equipo de San Lorenzo, pero con un sueldo modesto. "Vendió camisetas de entrenamiento, botas y guantes por internet. Llegó a vender la camiseta con la que había debutado con la selección sub-19 paraguaya. Vendió de todo para ayudarnos, para comprar comida, porque lo invertíamos todo en hospitales. "Nuestro hijo luchó por su vida y su papá siempre estuvo", reconoce su mujer Melissa en redes sociales,. El niño, por suerte, se curó.
Aproximadamente un año después del nacimiento de su hijo, y habiendo jugado tan solo dos partidos con el primer equipo, a Gill se le presentó esa oportunidad. El San Lorenzo, equipo de la primera división argentina, apostó por Gill, fichándolo inicialmente en calidad de cedido y para jugar en el filial.
Ahí lo que parecía un infortunio se transformó en suerte de nuevo. El San Lorenzo, pasaba por una época de mala gestión económica cuando lo fichó. Durante meses, los jugadores no siempre cobraban. Pero como se acercaban elecciones a la presidencia del club, la directiva anunció que ficharían a Keylor Navas, el veterano portero de Costa Rica, exjugador del Madrid y el PSG.
Parecía que la puerta de Gill quedaría cerrada porque por delante de él también estaba Facundo Altamirano. Pero este se lesionó y Navas descartó fichar. Y Gill, casi por accidente, se encontró jugando un partido de competiciones internacionales contra el Peñarol uruguayo. Lo hizo tan bien que el presidente Marcelo Moretti afirmó a la prensa: "Apostaremos por Gill, a quien fichamos de la Segunda División de Paraguay". Y de ahí, al Mundial.
Orlando sabe lo que es recibir críticas. Nada menos que de un mito como Chilavert que le criticó por mudito y poco comunicativo con sus compañeros. "Apuesta por un portero que no da calma, que no tiene carácter", decía de él. Pero Orlando, como ya hizo con su hijo no se vino abajo. Su rendimiento fue tan alto que terminó la primera fase como el portero mejor valorado del Mundial según el Power Ranking de la FIFA, por delante de algunos de los grandes nombres del fútbol internacional.
Qué le diría este Orlando triunfador al de aquellos años. El joven se lo piensa. "Le diría que le agradezco por nunca rendirse, por siempre tener esa calma y esa tranquilidad de saber que la oportunidad iba a llegar. A mí me tocó batallar mucho, mucho, pero nunca decaí y ahora todo ese sacrificio se refleja".