Nolito, el jugador con una visión campechana del fútbol que tenía una madre chantajista
Un jugador que demostró su calidad, pero que tuvo que una vida personal de lo más convulsa
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Son muchos los aficionados al fútbol que no reaccionan al nombre de Manuel Agudo Durán hasta que le recuerdan que así es como verdaderamente se llama Nolito. El delantero de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) fue uno de los futbolistas más destacados de LaLiga durante la década de los 2010. Disputó un total de 243 partidos en Primera División, marcando 60 goles y dando 38 asistencias. Unos números más que respetables para un extremo regateador que cumple casi todos los requisitos para ser considerado como jugador de culto.
Nolito fue un talento que floreció tarde. Aunque a los 15 años ya estaba jugando en tercera división con el Atlético Sanluqueño, el fútbol le dio un revés cuando abandonó el club de su ciudad. A los 17 años puso rumbo al Mediterráneo para jugar en el filial del Valencia, pero no tuvo continuidad y acabó marchándose por la puerta de atrás. Su lugar en el fútbol se lo tuvo que ganar jugando en la Segunda División B con el Écija Balompié y el filial del FC Barcelona. En la cantera culé pasó tres años en los que apenas contó con oportunidades en el primer equipo.
Una aventura inglesa
De repente, Nolito se veía con casi 25 años y sin experiencia en el fútbol de élite. Sin embargo, el sanluqueño estaba dispuesto a recuperar el tiempo perdido. El Benfica le dio una oportunidad que no desaprovechó y, como suele decirse, el resto es historia. Su primera temporada en Portugal fue muy buena y, tras no contar con minutos en la segunda, volvió a España. Aquí es donde todo el mundo lo sitúa en Granada, Celta de Vigo o Sevilla. Y quienes tengan la memoria más fresca quizá recuerden que hasta jugó una temporada para el Manchester City.
Pep Guardiola conocía a Nolito de su etapa en el FC Barcelona y, en su primera temporada al frente del equipo mancuniano, pidió a la directiva su fichaje. Comenzó siendo titular y haciendo goles. Sin embargo, el atacante fue perdiendo protagonismo poco a poco. Hay un tema personal en todo esto, y es que él mismo reconoció que nunca terminó de adaptarse a la ciudad de Manchester y que no estaba del todo contento con sus compañeros de equipo. “En el City había jugadores que tenían mucho ego, no era un vestuario tan familiar”, llegó a contar años después en una entrevista.
Al final, lo que convierte a Manuel Agudo Durán en el Nolito que todos conocemos es una visión más campechana del fútbol. Demostró que podía estar donde quisiera y luego fue feliz en la zona alta del fútbol español sin tener que pertenecer a una élite deportiva en la que se sentía extraño. Pese a ello, llegó a ser internacional con España en 16 ocasiones, marcando 6 goles y dando 7 asistencias. Entre otras cosas, puede presumir de haber jugado 277 minutos en la Eurocopa 2016.
Una dura vida personal
La carrera futbolística de Nolito se entiende mejor sabiendo que su vida personal ha sido particularmente dura. Su madre, adicta a las drogas, lo entregó a sus abuelos para que fueran ellos quienes lo sacaran adelante. Ellos le dieron un hogar, aunque la situación económica era difícil. “Para mí, mi abuelo fue mi padre. Me educó a pesar de todo, a pesar de tener once hijos. Ahora veo el mérito que tienen tanto mi abuelo como mi abuela (...) Hemos sido pobres, pero en dinero. Hemos sido felices. Casi siempre hemos comido. He sido muy feliz y un privilegiado”, decía en una entrevista.
Estos problemas familiares le persiguieron durante la primera mitad de su carrera. Su abuelo ‘Manué’ falleció en 2008 antes de poder ver a su nieto triunfar en el mundo del fútbol, algo que Nolito siempre ha lamentado. También su madre se convirtió en una carga constante, chantajeando de forma frecuente y exigiendo sumas de dinero cada vez más elevadas. Cuando el futbolista dejó de satisfacerlas, intentó volver al público en su contra asegurando que había sido abandonada. Esto dañó la imagen del jugador en Inglaterra, aunque la verdad terminó imponiéndose. “A mí lo que más me molesta es que algunos familiares o amigos íntimos me hayan apuñalado cuando yo lo he dado todo por ellos sin pedir nada a cambio”, comentó en una entrevista.
Después de una carrera en la que tuvo que ganarse cada oportunidad, Nolito acabó encontrando lo que siempre buscó. Ahora vuelve a vivir tranquilo en Sanlúcar de Barrameda con su mujer, Laura Darea, y sus tres hijas: Lola (17), Alegría (10) y Lara (10). Mantiene un perfil bajo, concediendo entrevistas de forma esporádica y gestionando sus inversiones y negocios.