Ha sido el día de la adaptación de termómetros, termostatos y de las costumbres para refrescar los locales en plena ola de calor sin bajar de los 27 grados en los sistemas de refrigeración. Esa es la temperatura mínima a la que puede estar el aire a partir de ahora, una vez que este miércoles han entrado en vigor las nuevas normas de eficiencia energética que afectan a buena parte de los espacios públicos. “Normalmente manteníamos la tienda en 20 grados con el aire, pero con el decreto hay que ponerlo a 27, así que hemos optado por abrir puertas para airear y que esté un poco más fresca. Prescindimos del aire acondicionado, porque si lo ponemos a esa temperatura la sensación es de más calor”, dice la responsable de la tienda Little Lola en San Sebastián. Como ella, hoy son muchos comerciantes los que han estado probando diferentes alternativas para cumplir con la normativa de ahorro energético que ha aprobado el Gobierno para lograr reducir el consumo de gas en un 7%, tal y como se ha pactado con la Unión Europea. Unos dicen optar por tratar de crear ventilación con la apertura de ventanas, otros por refrescar los locales a primera hora y luego poner el aire cuando empiezan a llegar los clientes. “No me había enterado de que había que subir la temperatura, pero si pongo el aire a 27 grados no se nota absolutamente nada, es como si no lo enciendo”, dice la responsable de una tienda de ropa en Alicante. “No puedo dejar de hacerlo, claro, porque subiría mucho más y la gente ni siquiera entraría”. Estos comerciantes son lo que dicen sentirse más perjudicados por la medida. “Hemos tenido que poner la refrigeración a 27 grados y, obviamente, hace calor. En los probadores, es horroroso. Es un sitio cerrado y hace mucho calor, es excesivo. Nos afecta porque los clientes notan que hace más calor y deciden probarse menos”, lamentan en una tienda de Barcelona. Aunque, entre la clientela de estos establecimientos, son muchos los que agradecen la nueva temperatura. “Se nota que hace más calor, pero se puede llevar. Ni se nota tanto el frescor al entrar ni el calor al salir”, señala una mujer. “Casi lo prefiero, nos va a venir bien que no haya tanto cambio entre interiores y la calle”, añade otra. Y la opinión generalizada: “Es lo que hay, tenemos que acostumbrarnos”. Precisamente en una calle comercial de Madrid, un breve paseo permite comprobar que, a las diez de la mañana con, exactamente, 27 grados en el exterior, muchas tiendas aun recurren al aire acondicionado para refrescar los locales. Tan solo una oficina de correos, y en algunos pequeños establecimientos mantienen en el interior una temperatura similar a la que se percibe fuera. En ninguno, eso sí, hay pantallas informativas a la vista que permitan comprobar el nivel exacto al que se encuentra el termómetro, algo que ya era obligatorio actualmente. A partir de septiembre, además, se tendrán que mostrar carteles en los que se señale las medidas de ahorro energético que se están llevando a cabo. Aunque el decreto permite que la temperatura del aire se sitúe en los 25 grados en determinados espacios tal y como marca la norma de salud laboral para los llamados “trabajos ligeros”, buena parte de los hosteleros considera que este límite va a perjudicar a sus negocios. “Es una medida inapropiada, porque antes teníamos el local a 23 grados y la gente ya se quejaba. Ponerlo a 25 creo que será inaceptable para la clientela. Veremos si la gente lo acepta, pero estamos en un verano muy caluroso, en el que solo quieren comer en interior por el aire. Si entran y ven que hace calor lo más posible es que no se queden “, señala Sergio Sánchez, trabajador de un restaurante en Barcelona. Opinión compartida por el responsable de una cafetería en Vigo que, aun así, asegura que no quedará más remedio que subir el termostato. “¡A 25 grados es excesivo!. Es bastante calor, pero si es una norma de obligado cumplimiento y ponen multas, habrá que hacerlo”. Responsables de la hostelería señalan, además, que los aparatos necesarios para el funcionamiento de los locales (neveras, frigoríficos) junto a la actividad de las cocinas elevan mucho la temperatura y que es imposible bajarla con los límites establecidos en el decreto. A esta limitación de la temperatura en los espacios públicos y al apagado de la iluminación de escaparates y edificios públicos a partir de las 22.00 horas, se suma otra medida de eficiencia energética que tendrán que adoptar antes del 30 de septiembre todos los locales con acceso desde la calle y que estén refrigerados: la instalación de un sistema de cierre automatizado que evite el derroche de energía. “En la puerta principal de mi local es imposible poner puertas correderas, es imposible si no es haciendo una inversión muy grande y yo no estoy dispuesto a gastar ni un duro en ese tema, a no ser que me obliguen”, advierte otro hostelero vigués. Tampoco les gusta a comerciantes y empresarios de hostelería la obligación de mantener las puertas cerradas porque, dicen, desincentiva el consumo. “Cerrar las puertas de los locales es cerrar la entrada de dinero al cajón. No es lo mismo que los clientes vean desde la calle lo que hay, que tener que empujar una puerta si ni siquiera saben si el local está abierto”, advierte el responsable de bar Gandarias en San Sebastián. Y añade: "Es una traba más para el buen funcionamiento de nuestros negocios. Esto llega justo cuando nos estábamos recuperando de la pandemia"