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Guía financiera para inquilinos: estos son los principales derechos que tienes al firmar o dejar un alquiler

En busca del inquilino perfecto
En busca del inquilino perfecto. Telecinco.es
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Firmar un contrato de alquiler no es simplemente entregar la fianza y recibir unas nuevas llaves; supone también adquirir una serie de derechos y responsabilidades que afectan tanto tu estabilidad financiera como tu vida cotidiana. Entender qué derechos tienes te permite evitar gastos innecesarios, además de permitirte reclamar lo que te corresponde y planificar tu economía con mayor seguridad.

Antes de firmar: negociar con visión financiera

Cuando firmas un contrato de arrendamiento, el mercado puede parecer casi como un tira y afloja. Pero en realidad tienes margen de maniobra: por ejemplo, la duración del contrato es negociable. De este modo, el inquilino tiene potestad para negociar la duración del contrato de alquiler y rescindirlo tras los seis primeros meses si así lo decide. También puedes pactar condiciones sobre la renta o la casuística de su actualización, dado que la normativa exige que la subida anual esté prevista en el contrato, especialmente tras la reforma de la Ley de Vivienda. 

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Eso sí, firmar cualquier cosa sin leer todo al detalle puede salir caro. Se han dado casos de cláusulas abusivas, obligaciones ocultas o fianzas mal reguladas, que pueden suponer problemas. Es importante que el inquilino sepa que tiene el derecho de negociar el precio, duración, y de pedir al propietario las reparaciones necesarias. Si te aseguras de negociar bien, puedes evitar que la renta suba desproporcionadamente o que los gastos extras recaigan sobre ti.

Durante el alquiler: vivir con garantías y evitar sorpresas

Ya dentro de la vivienda, tus derechos no se van de vacaciones. Entre los más relevantes se encuentra el derecho a una vivienda habitable. Es decir que el inquilino tiene derecho a disfrutar de una vivienda digna y habitable durante todo el tiempo que dure el contrato. El arrendador debe asumir, por tanto, las reparaciones necesarias. 

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Además, el derecho a la inviolabilidad del domicilio y a que el propietario no acceda sin tu consentimiento es claramente contemplado. En ningún caso el propietario tiene derecho a entrar en el inmueble sin el permiso del inquilino y, de hacerlo, se podría solicitar la resolución del contrato. Desde el punto de vista financiero, esto te protege de gastos derivados de reparaciones injustificadas o de viviendas en condiciones graves de deterioro.

Si el propietario incumple sus obligaciones, tú puedes reclamar o, incluso, rescindir el contrato. Y como inquilino tienes también la facultad de desistir del contrato tras seis meses, dando 30 días de preaviso, conforme al artículo 11 LAU. Estas garantías permiten que tu alquiler no se convierta en un lastre económico indefinido.

Al dejar el piso: finanzas claras y menos riesgos

Cuando el contrato llega a su fin, otro conjunto de derechos se pone en juego. Uno de los más relevantes es la devolución de la fianza. El inquilino tiene derecho a recuperar la fianza que entregó al inicio del alquiler. El propietario solo puede retenerla si existen daños significativos o pagos pendientes y, además, debe entregarla en el plazo legal establecido. 

También debes tener en cuenta la prórroga tácita del contrato. Es importante saber que la LAU indica que, salvo que comuniques lo contrario, los contratos se extienden automáticamente por anualidades una vez llegado su vencimiento. Esto tiene implicación financiera porque puede condicionarte a pagar más tiempo de lo previsto o dificulta tu salida si no avisas en plazo.

Finalmente, si cambia el propietario, tus derechos como inquilino también se mantienen. Incluso en caso de venta del inmueble tienes derecho a que el contrato siga en vigor bajo las mismas condiciones, o al menos a exigir una indemnización si se pretende prescindir de ti sin causa legal.

¿Por qué esto importa?

Porque firmar sin conocer estos derechos puede generar gastos imprevistos en forma de rentas que suben sin límite, derramas que te endosan por contrato, fianzas que no te devuelven al marcharte y más. En cambio, saber lo que sí puedes exigir te da control sobre la situación, y negociar mejor, evitar cláusulas abusivas, anticipar salidas sin penalización y dejar el piso sin sorpresas.