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Cómo identificar 'publicidad engañosa' en envases de productos light o zero

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Bebida light con cero calorías. Telecinco.es
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No todo lo que lleva la palabra “light” o “zero” es necesariamente más sano o más ligero. A menudo, los envases de productos alimenticios se aprovechan de vacíos legales, tecnicismos o elementos gráficos para transmitir una sensación de salud, ligereza o conveniencia que no siempre se ajusta a la realidad nutricional del producto. Saber identificar estos casos de publicidad engañosa no es tarea fácil, pero hay señales claras que pueden ayudarte.

“Light” no significa saludable

Uno de los errores más comunes es asumir que un producto “light” tiene menos calorías, menos azúcar o menos grasa que su versión original. Según el Reglamento (CE) 1924/2006, un alimento solo puede etiquetarse como “light” si su valor energético se ha reducido al menos un 30% respecto al producto de referencia. Sin embargo, esa reducción puede aplicarse a un solo nutriente, como la grasa, mientras que otros ingredientes perjudiciales (como azúcares añadidos o sodio) pueden permanecer intactos o incluso aumentar.

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Un ejemplo frecuente es el de los yogures “light”, que reducen el contenido graso, pero lo compensan con más azúcares para mantener el sabor. También es válido el ejemplo de las bebidas zero azúcar, pero que a la vez contienen edulcorantes, aditivos y acidulantes en niveles elevados, lo que los lleva a no ser necesariamente más saludables que sus versiones con azúcar.

Ojo con las imágenes: la fruta a veces ni aparece

La normativa europea prohíbe afirmaciones que sean falsas, ambiguas o engañosas. Pero no exige que la imagen de un producto refleje su composición real. Es decir, un envase puede mostrar naranjas, fresas o kiwis de forma destacada en su parte frontal, incluso aunque el producto contenga solo aromas artificiales o un 0,1% de concentrado de zumo de estas frutas.

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El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha dictaminado que una presentación visual puede considerarse engañosa aunque la lista de ingredientes sea correcta, solo si induce al consumidor medio a tomar una decisión basada en una percepción errónea del producto. Por lo tanto estamos aquí en un punto muerto en el que la interpretación del envase depende del consumidor, y por ahí hay empresas que buscan la trampa.

Reclamos vagos o no regulados

Palabras como “natural”, “casero”, “tradicional” o “fitness” no están reguladas legalmente. Su uso no requiere cumplir condiciones objetivas ni puede garantizarse con criterios científicos. Son términos emocionalmente atractivos, diseñados para generar confianza, pero vacíos de contenido nutricional real.

Un buen ejemplo de esto serían las barritas con aspecto saludable, envueltas en verde y con imágenes de cereales integrales, pero que contienen en realidad más de un 20% de azúcares añadidos. O los paquetes de galletas con reclamos como “receta tradicional” que a la hora de la verdad llevan aceites refinados y diferentes aditivos industriales.

Leyendo una etiqueta en el supermercado

Menos azúcar... pero más de todo lo demás

Otro truco frecuente es sustituir azúcar por edulcorantes artificiales y anunciarlo en grande como “sin azúcares añadidos” o “zero azúcar”. Pero esto no implica automáticamente menos calorías ni mejor perfil nutricional. En ocasiones, para compensar la pérdida de textura o sabor, se añaden más grasas, más sal o más aditivos.

Por eso, los expertos recomiendan leer siempre la tabla nutricional y el listado de ingredientes completo. Las cifras no mienten, aunque la portada del envase sí pueda inducir a error.

Cuándo una etiqueta puede ser “engañosa” legalmente

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) establece que una etiqueta será engañosa si induce al consumidor a tomar una decisión que de otro modo no hubiera tomado, ya sea por exceso de confianza, omisión de información o presentación confusa. Pero probarlo no es sencillo: requiere análisis caso por caso, comparativas objetivas y, a veces, intervención judicial.

Las asociaciones de consumidores, como FACUA o OCU, han denunciado en varias ocasiones productos cuya imagen no se corresponde con su composición real. Por ejemplo, bebidas azucaradas etiquetadas como “light” que superaban los niveles de azúcar recomendados, o galletas “digestivas” que contenían grasas saturadas y muy poca fibra.

Por eso este es un tema complicado en el que nosotros, como consumidores, tenemos mucho que decir. Para estar preparado ante este tipo de productos que quieren jugar con tu salud y tu dinero, puedes tener en cuenta los siguientes aspectos:

  • Desconfía de términos vagos o sin respaldo legal (“natural”, “saludable”, “fit”).
  • Mira siempre la lista de ingredientes: si los azúcares, aceites o almidones modificados están en los primeros puestos, el producto no es tan “light” como parece.
  • Lee la tabla nutricional y compárala con la versión “normal” del producto.
  • Fíjate en las proporciones: un 30% menos de grasa no significa que sea bajo en grasa.
  • Si una imagen de fruta destaca en la etiqueta, busca cuánto contiene realmente.

La publicidad engañosa en alimentos “light” o “zero” no siempre es ilegal, pero sí puede inducir a error. La clave está en entrenar el ojo crítico, entender las estrategias visuales del marketing alimentario y leer con atención lo que los envases sí están obligados a declarar. Porque lo que más peso tiene en tu cesta, al final, no siempre es lo que ves en la portada.