Radiadores de calor azul: el sistema de calefacción que ayuda a ahorrar hasta 500 euros al año y no necesita obras
Los radiadores de 'calor azul' no necesitan obras ni unidades exteriores. Por su parte, la instalación de una bomba de calor puede superar fácilmente los 8.000 o 10.000 euros
El motivo por el que el gasto en la factura de la luz puede multiplicarse casi un 300% en invierno
Qué duda cabe que ahorrar en calefacción se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los hogares en los últimos inviernos. El encarecimiento de la electricidad y del gas ha obligado a muchas familias a replantearse cómo calientan su vivienda, buscando soluciones que no impliquen grandes inversiones ni sistemas complejos de instalar. Es por ello, que han empezado a ganar protagonismo alternativas eléctricas más eficientes que prometen reducir el gasto anual sin renunciar al confort.
Entre ellas, los radiadores de calor azul se han convertido en un producto bastante comentado últimamente, impulsados por la combinación de consumo moderado, facilidad de uso y un desembolso inicial muy inferior al de otras tecnologías.
¿Cómo funciona el llamado 'calor azul'?
El denominado calor azul no hace referencia a un color real, sino a un sistema de calefacción basado en fluido térmico de alta inercia. Estos radiadores incorporan un líquido interno que se calienta mediante una resistencia eléctrica y distribuye el calor de forma progresiva y homogénea por la estancia.
A diferencia de otros emisores eléctricos, el calor se libera de manera ascendente y se mantiene durante más tiempo una vez alcanzada la temperatura deseada. Esta capacidad de retención térmica permite que el aparato reduzca su consumo en ciclos posteriores.
Cuando el termostato detecta que se ha llegado al nivel programado, la resistencia se apaga, pero el radiador continúa emitiendo calor gracias a la inercia del fluido. Este comportamiento es clave para explicar por qué el gasto energético puede ser menor que en sistemas que funcionan de forma continua.
Consumo eléctrico y eficiencia real
Uno de los argumentos que más interés despierta entre los consumidores es la eficiencia energética.
Según análisis de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), los emisores eléctricos con alta inercia térmica pueden reducir el consumo de calefacción entre un 20% y un 30% frente a radiadores eléctricos convencionales, siempre que se utilicen con un termostato bien ajustado y en viviendas con un aislamiento adecuado.
En términos prácticos, un hogar medio que gasta entre 1.200 y 1.600 euros al año en calefacción eléctrica podría rebajar su factura en cientos de euros si sustituye sistemas menos eficientes por radiadores de este tipo.
La OCU subraya que el ahorro no depende solo del aparato, sino también de hábitos de uso y de la capacidad de la vivienda para retener el calor.
Comparación con aerotermia y sistemas tradicionales
La aerotermia se presenta habitualmente como la opción más eficiente del mercado, pero su principal barrera sigue siendo el desembolso inicial.
La instalación de una bomba de calor puede superar fácilmente los 8.000 o 10.000 euros, una cifra que no todos los hogares pueden asumir y que requiere varios años para amortizarse.
Frente a ello, los radiadores de calor azul no necesitan obras ni unidades exteriores. Basta con una toma de corriente para empezar a utilizarlos, lo que los convierte en una solución accesible para pisos y viviendas donde no es viable una instalación centralizada.
Aunque su eficiencia no alcanza la de la aerotermia en términos absolutos, el equilibrio entre inversión y ahorro resulta atractivo para muchos usuarios.
Facilidad de instalación y uso cotidiano
Otra de las razones de su popularidad es la sencillez. Estos radiadores pueden colocarse en distintas estancias y regularse de forma independiente, permitiendo calentar solo las habitaciones que se utilizan.
Esta zonificación natural evita un consumo innecesario y se adapta mejor a rutinas domésticas variables.
Además, al funcionar únicamente con electricidad, no generan residuos ni emisiones directas en el hogar. Para quienes buscan reducir el uso de combustibles fósiles sin realizar grandes cambios estructurales, este tipo de calefacción se percibe como una transición asumible.
¿De dónde sale el ahorro de hasta 500 euros?
Las estimaciones más optimistas apuntan a un ahorro anual de entre 400 y 500 euros en comparación con sistemas eléctricos menos eficientes o con calefacciones de gas mal ajustadas. Esta cifra se basa en simulaciones realizadas por asociaciones de consumidores y en experiencias de usuarios que han sustituido radiadores tradicionales por modelos de alta inercia.
Según la OCU, en una vivienda de tamaño medio con un uso racional de la calefacción, la reducción del consumo eléctrico puede situarse en torno a los 1.000 kWh anuales.
Con precios de la electricidad en torno a los 0,30 euros por kWh en periodos de alta demanda, el ahorro potencial se acerca a los 300 euros, cifra que puede aumentar si se combina con tarifas horarias y mejoras de aislamiento.
Ningún sistema de calefacción es eficiente por sí solo si la vivienda pierde calor de forma constante. Ventanas mal selladas, puertas sin aislamiento o paredes poco eficientes pueden disparar el consumo, incluso con radiadores de última generación.