Ahorro

Ni desenchufar todo ni vivir a oscuras: el método real que sí reduce el consumo eléctrico

Cuidando el consumo eléctrico en el hogar. Telecinco.es
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Hay dos maneras inútiles de intentar bajar la factura de la luz. La primera es conformarse y no hacer nada porque "da igual lo que hagas, siempre sube". La segunda es pasarse de vueltas y apagar todo, vivir con frío y sentirse culpable cada vez que enciendes una bombilla. Ninguno de estos dos extremos es una buena alternativa a la hora de la verdad. La opción que sí funciona es más aburrida de explicar pero más efectiva de aplicar, y pasa por saber exactamente en qué gasta tu casa y atacar primero lo que más consume.

El mapa del consumo que casi nadie tiene

La mayoría de la gente tiene una idea vaga de en qué se gasta la energía en casa. Se puede pensar que el problema son las luces, la cantidad de cargadores que se acumulan en los enchufes o dejar el televisor en standby. Y aunque todo eso importa, lo cierto es que está muy lejos de ser el verdadero culpable de una factura desmesurada.

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Según el IDAE, la calefacción representa el 47% del consumo energético de un hogar. Casi la mitad de todo lo que se gasta en energía se va en calentar la casa. A eso se suman los electrodomésticos (principalmente frigorífico, lavadora y lavavajillas), el agua caliente y la iluminación. También es verdad que las luces encendidas de más, los cargadores y el televisor encendido sin nadie mirando también contribuyen a agrandar la factura, pero es ruido de fondo comparado con lo que se consume para mantener la casa a la temperatura deseada.

Esto tiene una implicación directa para cualquier estrategia de ahorro: si no optimizas tu uso de la calefacción, puedes desenchufar todo lo demás, pero el impacto de esta acción en la factura será marginal.

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Cada grado cuesta dinero

Por cada grado que subes la calefacción, el consumo puede aumentar hasta un 7%. Ese dato, publicado por la OCU, tiene consecuencias prácticas inmediatas. Un hogar que tiene el termostato a 23 grados en lugar de a 21 está pagando aproximadamente un 14% más en calefacción, sin que nadie haya tomado la decisión consciente de gastarse ese dinero extra en calentar la casa de más. Simplemente alguien giró un poco la rueda del termostato porque tenía frío en un momento concreto y no volvió a plantearse las consecuencias de esta acción. 

El IDAE recomienda una temperatura de 21ºC con ropa adecuada como suficiente para mantener el confort de una vivienda. Bajar el termostato de 23 a 21 grados no significa empezar a pasar frío, sino que significa ponerse ropa de manga larga y ahorrar en torno a un 14% en el mayor gasto de la casa. 

La segunda palanca es temporal, no de temperatura. El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía recomienda ajustar el encendido de la calefacción al horario de ocupación y apagar la calefacción por la noche, manteniendo para dormir entre 15 y 17 ºC. Una casa que se calienta mientras duermes es un hogar que quema dinero sin que nadie lo disfrute. 

El dispositivo que más ahorra sin que se note

Con un termostato programable o inteligente se puede rebajar la factura energética entre un 20% y un 40% si se programa para bajar la temperatura mientras la casa está vacía y se limita el calor mientras se está en ella a no más de 21ºC. Su coste ronda los 200 euros y la amortización, en hogares sin termostato o con uno antiguo, llega en poco tiempo.

El termostato no pide sacrificios, solo pide que se le programe. La diferencia entre una casa que gasta mucho en calefacción y una que gasta lo justo suele ser esa: haber definido bien los horarios de encendido y apagado.

Lo que sí merece la pena en el resto de la casa

Una vez ordenado el consumo principal, hay medidas en el resto de la vivienda con retorno real. El IDAE recomienda sustituir las bombillas incandescentes por LED, que emplean una potencia diez veces menor y tienen una vida útil diez veces mayor, ahorrando más de un 80% de la energía en iluminación. Es la única inversión en iluminación que tiene sentido hacer: no buscar la lámpara perfecta, sino cambiar todas las que no sean LED.

En electrodomésticos, la lógica es parecida, y pasa por no obsesionarse con el consumo en standby de cada aparato, sino revisar si el frigorífico tiene más de diez años, porque los modelos antiguos consumen el doble que los actuales con etiqueta A, y programar lavadoras y lavavajillas para que funcionen en franjas horarias valle, la tarifa regulada que corresponde a la medianoche y a los fines de semana.