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Gas vs electricidad: qué sistema es más barato ahora mismo

¿Gas o electricidad?. Telecinco.es
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La pregunta tiene trampa. No porque no tenga una respuesta, sino porque dicha respuesta cambia según para qué se use la energía, qué tipo de equipo se tiene en casa y cuántas horas al día funcione. En cualquier caso, los números son claros y la diferencia no es marginal. Cuando se hace un uso más intensivo y más relevante en el hogar —la calefacción—, el gas natural sigue siendo significativamente más barato que la electricidad convencional en España en 2026.

El punto de partida para cualquier comparación es el precio por unidad de energía. El precio del gas natural en la Tarifa de Último Recurso (TUR), regulada por el Gobierno, es de 0,03822 euros el kWh en el término variable para la modalidad TUR1, y de 0,03613 euros para la TUR2, que corresponde a hogares con calefacción. 

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La electricidad, por su parte, se mueve en otro orden de magnitud. El gas natural suele situarse en torno a 0,04-0,05 euros por kWh en tarifa regulada, mientras que la electricidad oscila entre 0,10 y 0,20 euros por kWh según tarifa y horario. Esto significa que el gas suele ser entre dos y tres veces más barato que la electricidad en consumo directo. 

Lo que significa en la factura mensual

La diferencia de precio por kWh se convierte en una diferencia muy notable cuando se aplica al uso más intensivo del hogar. Para una vivienda de 100 metros cuadrados con un consumo medio de calefacción de 5.281 kWh al año, el gasto con gas natural es de 369,67 euros anuales y con calefacción eléctrica convencional asciende a 844,96 euros anuales. La diferencia supera los 475 euros al año usando las mismas condiciones de partida. 

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En términos mensuales durante el invierno, el contraste es igualmente llamativo. La calefacción eléctrica convencional para una vivienda media, consumiendo aproximadamente 800 kWh al mes, puede generar un coste mensual de 160 euros. La calefacción a gas natural, con 1.200 kWh equivalentes, supone aproximadamente 84 euros al mes. 

La excepción que cambia la ecuación

Hay un escenario en el que la electricidad puede competir con el gas e incluso superarlo en rentabilidad: cuando no se usa mediante resistencias eléctricas directas, sino mediante una bomba de calor. Por cada kWh eléctrico consumido, la aerotermia puede generar entre 3 y 5 kWh de calor, lo que permite ahorrar hasta un 60% respecto a sistemas tradicionales. 

Las matemáticas no mienten: si la electricidad cuesta 0,15 euros el kWh pero la bomba de calor produce 4 kWh de calor por cada kWh consumido, el coste real por kWh de calor útil baja a 0,0375 euros. Es decir, se vuelve comparable al gas. El problema es la inversión inicial que el cambio a una bomba de calor requiere, ya que la instalación de un sistema de aerotermia puede costar entre 6.000 y 12.000 euros. 

Gas más barato, aunque hay ‘peros’

La ventaja económica actual del gas tiene dos límites importantes que conviene conocer antes de tomar decisiones de instalación.

El primero es la volatilidad. La tarifa regulada del gas ha bajado el término variable entre un 13% y un 16% en un año, pero ha aumentado el coste fijo un 20% en la TUR1 y un 43% en la TUR2. El precio del gas fluctúa trimestralmente y depende de factores geopolíticos que pueden alterar el cálculo en cuestión de meses. 

El segundo es el horizonte regulatorio. A largo plazo, el gas entra en retirada progresiva: hay presión regulatoria con fin de ayudas, restricciones en obra nueva y un horizonte de retirada total en vivienda. La aerotermia se presenta como la apuesta más sólida a largo plazo para el consumidor español que quiera estabilidad de costes, confort y alineamiento con las exigencias ambientales europeas. 

Para quien ya tiene caldera de gas instalada es importante ser conscientes de que el gas sigue siendo más barato para calefacción y agua caliente, y no hay razón económica inmediata para cambiar. Para quien afronta una instalación nueva o una reforma: la aerotermia tiene un coste de entrada alto pero puede equipararse al gas en coste por kWh útil y está alineada con la normativa futura. La calefacción eléctrica convencional es la opción menos eficiente de las tres y solo justifica su uso en viviendas pequeñas, de uso muy ocasional o sin acceso a gas natural.