Cada año que se mantiene el frigorífico viejo en uso es un año pagando dos o tres veces más de lo necesario
El aislamiento que puedes mejorar sin obras y reduce el gasto en luz y gas desde el primer día
Hay un aparato en casi todos los hogares españoles que lleva años trabajando sin apenas ningún descanso, en silencio, sin dar ningún problema visible, y que sin embargo puede ser el responsable de entre 100 y 200 euros de gasto eléctrico innecesario cada año. No hace ruido. No es que falle, es que simplemente es viejo. Y en el mundo de los electrodomésticos, ser viejo es sinónimo de consumir de más.
La brecha entre un frigorífico antiguo y uno nuevo
El frigorífico es el punto de partida de cualquier análisis de eficiencia doméstica por una razón que no admite discusión: es el único electrodoméstico que funciona las 24 horas del día, los 365 días del año, sin interrupción. El consumo de un frigorífico antiguo es dos a cuatro veces mayor que el de uno nuevo. Los frigoríficos con más de 10 años de uso pueden consumir entre 1,2 y 2,0 kWh al día, mientras que los modernos de alta eficiencia consumen solo entre 0,5 y 0,9 kWh al día.
La diferencia en euros es evidente. Un frigorífico de más de 15 años con una medición real de consumo diario próxima a los 2,60 kWh genera un gasto anual de aproximadamente 161 euros, mientras que un modelo moderno en modo eco tiene un coste anual de unos 37 euros. La diferencia entre ambos supera los 100 euros al año. Un frigorífico clase A consume 100-130 kWh al año. Uno de clase F puede alcanzar los 250-300 kWh o más. Con un coste medio de 0,20 €/kWh en España, la diferencia anual puede superar los 35-40 euros. En 10 años, esto supone más de 300 euros de ahorro. Y si el punto de comparación no es una clase F sino un aparato fabricado a mediados de los noventa, el ahorro es aún mayor.
El segundo gran gastador de electricidad
El frigorífico es el caso más extremo, pero no el único. Los electrodomésticos de ciclo largo, como la lavadora, el lavavajillas o la secadora, también acumulan diferencias significativas entre modelos de distinta generación. Si se cambian los principales electrodomésticos del hogar de clase D a clase A o B, el ahorro puede ser muy significativo en conjunto.
La Comunidad de Madrid ha cuantificado el impacto a escala regional: en su última convocatoria del Plan Renove, dotada con más de 2 millones de euros, se previó la subvención de más de 15.000 unidades, lo que supondría un ahorro anual en la región de 1,039 GWh, equivalente al consumo medio de energía de 3.000 familias durante un año.

Cómo leer la etiqueta para saber cuánto se ahorra
Desde marzo de 2021, la escala energética europea para electrodomésticos va de la A, que indica máxima eficiencia, a la G, que indica eficiencia mínima. Las antiguas etiquetas con A+++, A++ y A+ desaparecieron. La nueva escala se diseñó para dejar margen a futuras innovaciones: los aparatos de clase A son actualmente escasos en el mercado y los más caros, pero ofrecen el máximo ahorro a largo plazo. Los de clase B representan el mejor equilibrio entre eficiencia y coste inicial en la mayoría de casos.
El cálculo para saber si compensa el cambio es sencillo: basta con mirar la etiqueta energética del electrodoméstico actual. Ahí aparece el consumo anual en kWh. Se compara con el de un modelo nuevo y se multiplica la diferencia por el precio medio del kilovatiohora. Es un cálculo sencillo pero, a la vez, también revelador.
Las ayudas que reducen el precio del cambio
La inversión inicial no tiene por qué ser el obstáculo que parece. Varias comunidades autónomas mantienen planes de renovación activos con ayudas directas. El Plan Renove de la Comunidad de Madrid, en su convocatoria 2025-2026, contempla un máximo de 300 euros para frigoríficos con clase A, 200 euros para los de clase B y 100 para la clase C. Para lavavajillas de clase A, el máximo es de 200 euros; para los de clase B, 100 euros. Las lavadoras y las placas de inducción tienen un límite superior de 125 euros.
Aragón, Galicia, La Rioja y otras comunidades tienen convocatorias similares con condiciones propias. En La Rioja, la bonificación por electrodoméstico es del 25% del precio de compra hasta un máximo de 150 euros por aparato, con un límite de tres electrodomésticos por solicitante. Estas ayudas no son compatibles con dos subvenciones distintas de fondos autonómicos para la misma compra, pero sí pueden combinarse con las deducciones fiscales nacionales por mejora de la eficiencia energética.
Lo que ninguna ayuda puede cambiar es el cálculo de fondo: cada año que se mantiene un frigorífico de quince o veinte años funcionando es un año pagando dos o tres veces más de lo necesario por el mismo servicio de conservación de alimentos. El contador no espera.

