Uno de los aspectos que más preocupa a las constructoras es la desaparición progresiva del aprendizaje tradicional en obra.
De los más de 1,5 millones de trabajadores ocupados en el sector, apenas un 10,8 % tiene menos de 30 años.
La construcción española afronta uno de los mayores desafíos de las últimas décadas: el sector empieza a quedarse sin relevo generacional en España.
Los últimos datos publicados por la Plataforma Tecnológica Española de Construcción ofrecen una realidad preocupante. Más del 22% de los trabajadores actuales alcanzará la edad de jubilación durante la próxima década.
El problema no solo es por el envejecimiento de las plantillas. Detrás existe una dificultad para atraer nuevos perfiles técnicos, formar especialistas y competir con otros sectores laborales que hoy resultan mucho más atractivos para los jóvenes. “El verdadero problema es la falta de profesionales cualificados y la pérdida de capacidad del sector para generar talento propio”, explica Luis Fernando Martín, director de negocio de la constructora TMR.
El motivo por el que el sector de la construcción no encuentra relevo generacional
Para Martín, el deterioro no responde a un único momento concreto, sino a una transformación profunda del mercado laboral español. “El empleo ha evolucionado muchísimo en muy poco tiempo. Han aparecido nuevas profesiones, nuevas expectativas laborales y una digitalización que ha cambiado completamente la forma de trabajar”, argumenta.
En ese contexto, la construcción ha quedado rezagada frente a otros sectores con menor exigencia física y mejores perspectivas laborales. “Durante muchos años la construcción fue vista como una salida laboral rápida, con poca necesidad de formación y tareas muy repetitivas. Ahora el trabajador compara opciones y encuentra alternativas menos duras y con condiciones similares o incluso mejores”, señala.
Actualmente, de los más de 1,5 millones de ocupados en el sector, apenas un 10,8 % tiene menos de 30 años. La mayor parte de la plantilla se concentra entre los 30 y los 54 años, mientras que cientos de miles de trabajadores superan ya los 55 años.
El modelo tradicional de aprendizaje prácticamente ha desaparecido
Uno de los aspectos que más preocupa a las empresas constructoras es la desaparición progresiva del aprendizaje tradicional en obra.
Durante décadas, miles de profesionales adquirieron experiencia directamente en los proyectos, aprendiendo junto a oficiales veteranos y especializándose con la práctica diaria.
Sin embargo, ese sistema prácticamente ha desaparecido. “Ese modelo ha quedado obsoleto e incluso en muchos casos ya es imposible aplicarlo”, explica Martín y añade, “antes el aprendizaje se basaba en repetir tareas reales junto a trabajadores experimentados. Hoy el empleado exige formación acreditada, procesos reglados y reconocimiento profesional”.
El problema, según advierte, es que la transición entre ambos sistemas nunca llegó a completarse correctamente. “Se sustituyó un modelo por otro sin construir un puente eficaz entre ambos. Eso ha provocado una pérdida evidente de especialización técnica”, sostiene.
En paralelo, la construcción industrializada, el uso de BIM, la automatización de procesos y el crecimiento de la innovación dentro de las constructoras están creando nuevos perfiles profesionales mucho más técnicos que hace apenas diez años.
“Seguimos teniendo salarios bajos en comparación con otros países europeos”
Las condiciones salariales siguen siendo el principal obstáculo para atraer talento. “España se ha convertido en un mercado constructor low cost”, afirma. “Seguimos teniendo salarios bajos en comparación con otros países europeos y eso termina afectando directamente a la capacidad para captar profesionales”.
Este experto conoce de primera mano distintos modelos laborales internacionales y considera que el problema español tiene una raíz muy concreta: la presión económica termina trasladándose siempre hacia la parte más vulnerable de la cadena productiva.
“En otros mercados, cuando aumentan los costes de construcción, ese incremento acaba repercutiendo sobre el precio final de la vivienda o de las infraestructuras. Aquí normalmente la presión se descarga sobre la mano de obra menos cualificada”, denuncia.
A ello se suma, según indica, una regulación cada vez más compleja y un sistema de contratación pública que prioriza el precio por encima de la especialización.
Licitaciones a la baja y pérdida de especialización
La Administración también tiene parte de responsabilidad en la situación actual del sector. Especialmente por la dinámica de las licitaciones públicas, afirma el experto. “Se han normalizado bajas excesivas en muchos concursos públicos y eso termina perjudicando la calidad del empleo”, explica. “
La construcción española se caracteriza además por una enorme presencia de pequeñas y medianas empresas, que tienen mayores dificultades para acceder a innovación o incorporar perfiles altamente cualificados. “Las pymes cumplen un papel fundamental generando empleo, pero al mismo tiempo tienen más complicado competir en un entorno cada vez más tecnológico”, señala.
Formación rígida y poca capacidad de adaptación
El funcionamiento actual del sistema educativo español y su capacidad para responder a las necesidades reales del mercado laboral, podría tener que ver en esta falta de relevo generacional.
A su juicio, España necesita itinerarios formativos mucho más flexibles y adaptables. “Tenemos un sistema excesivamente rígido y lento reaccionando ante los cambios. Ese es uno de los grandes problemas estructurales”, explica y añade, “parece que existe miedo a modificar los modelos educativos, cuando precisamente lo lógico sería adaptarlos continuamente según las necesidades del mercado”, argumenta.
La llegada de inmigrantes
La llegada de trabajadores extranjeros también ya es una pieza clave para cubrir parte del déficit de mano de obra. “La inmigración puede aportar estabilidad si se integra correctamente y se diseñan mecanismos sólidos a largo plazo”, afirma.
Mientras tanto, las empresas constructoras continúan buscando fórmulas para sobrevivir a un mercado cada vez más exigente y con menos relevo generacional. La falta de profesionales amenaza directamente el desarrollo de algo que hace mucha falta: vivienda nueva.

