Psicología

El reto de abordar la muerte con los niños: "Lo más importante es que vean lo menos afectada posible su rutina"

¿Cómo se enfrentan los niños al duelo?. UNsplash
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El duelo en cada persona es tremendamente complejo: nadie vive un duelo igual. Sin embargo, los niños y adolescentes tienen una forma de entender la muerte de forma muy similar. La mayoría sabe que cuando alguien muere ya no va a volver y, si somos capaces de explicarles qué ocurrió para que esa persona falleciera, pueden integrarlo en sus vidas de manera que lo pueden llegar a entender. Entonces, ¿hay que explicarles a los niños cómo ha muerto uno de sus padres si fuera el caso?

En la muerte de uno de los progenitores o de ambos, expertos en duelo como la psicoterapeuta Alba Payàs, sugieren que hay que comunicarles qué es lo que ha ocurrido, explicándoles los detalles adaptados a su edad. "El niño ha de entender qué significa el concepto de la muerte y entender la manera en que murió el ser querido. Si es un adolescente, ya solo necesita saber cómo ha muerto el ser querido, pero si son más pequeños podemos utilizar otros conceptos, como lo que saben de los animales, una hoja que muere... Es decir, explicar estas cosas adaptadas al lenguaje. Lo que es importante es que, si a los niños les falta información, rellenan los huecos con fantasías".

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Por ello, en vez de que acaben imaginando cosas extrañas, la recomendación general es que hay que comunicarles cómo ha muerto el ser querido, dando los detalles para que ellos entiendan todo bien y puedan preguntar. "Sobre todo, hay que asegurarles que estas cosas son excepcionales y que no siempre ocurren". ¿Por qué? Imaginemos que uno de los progenitores ha fallecido en un accidente: ese niño quizá pueda pensar y generar miedos acerca de que eso le pueda suceder al que ha quedado vivo o a otro de sus seres queridos. La comunicación en este tipo de casos es vital para que los niños puedan realizar un buen duelo, que puedan adaptar la muerte en sus vidas y tener una vida "con normalidad" dentro de lo que ha sucedido.

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¿Deben ir los niños a entierros y velatorios?

Otra de las preguntas que surgen en esos primeros momentos es si es recomendable que los niños acudan a velatorios y entierros. En este caso, la autora de 'Una doble tarea' (editorial Paidós, 2025) recomienda valorar el caso particularmente porque, para algunos niños -y en depende qué casos-, puede ser algo agradable, que aporte paz, pero para otros puede ser más traumático aún. No es lo mismo despedirse de la abuela que estaba enferma, a ver a uno de sus padres después de un accidente de tráfico.

"Recuerdo el caso de un grupo de adolescentes que querían despedirse de un amigo que había fallecido. En ese caso, como todos querían despedirse y ver el cuerpo, se les permitió con un adulto. Era un entorno seguro, porque podían preguntar, por eso la experiencia fue buena para ellos", explica a la web de Informativos Telecinco. Y añade: "Hay que darles la opción de que se puedan retirar, si lo desean, que haya una persona a su lado que conteste a sus preguntas y que les dé estabilidad y contención. Si prefieren no ir, también hay que respetarlo. Se les puede explicar lo que habrá en el funeral, lo que pasará, lo que ocurrirá, que pueden participar... Y ellos pueden decidir, dependiendo de la edad, si asistir o no, pero siempre se recomienda que haya un adulto de referencia que les acompañe.

Los rituales de despedida son tremendamente útiles para los niños porque suelen entrar muy fácilmente, ya que los niños y adolescentes suelen ser más imaginativos y creativos que los adultos. "Un ritual tiene mucha potencia aunque hayan pasado los años y siempre es una experiencia activadora de todas las emociones que las pone en el presente, o sea, que en este sentido puede ser muy reparador. Además, el hecho de que los rituales siempre son compartidos, normalmente, tienen un efecto muy sanador porque es una manera de compartir desde lo vivencial sin necesidad de palabras".

"Es muy importante trabajar el duelo con los niños. Y cuanto se haga, mejor"

Los duelos en los niños

Los niños gestionan el duelo distinto que los adultos, por eso, podemos ver un niño que acaba de perder a su padre que pide irse a jugar con el balón. Evidentemente, ese niño está sintiendo la pérdida de su padre o de su madre, pero su cerebro lo evita. Es decir, que pueden pasar la infancia sin dar señales de ese sufrimiento, pero cuando llega la adolescencia y la adultez, un duelo mal resuelto aparece con todas sus secuelas. "Por eso es tan importante trabajar con ellos cuanto antes mejor, porque cuando llegan los problemas en la adolescencia hay más conductas de riesgo. Imagina a niños rebeldes, eso son solo llamadas de atención, es su dolor que está hablando; o que están deprimidos o se autolesionan, o que tienen un trastorno de alimentación... Todo esto pueden ser efectos de un duelo no elaborado y que en su momento los adultos de su alrededor interpretaban que estaban bien porque no lo mostraban".

De ahí que Alba Payàs decidiese escribir 'Una doble tarea', su tercer libro sobre el duelo. Antes escribió 'Cómo vivir el lenguaje de las lágrimas' y 'Las tareas del duelo'. En este caso ha elaborado, junto a Cristina Berenguer, una guía para educadores y familias sobre el duelo, poniendo el foco en los padres y madres que viven sin saber cómo abordar el duelo colateral ofreciéndoles herramientas concretas para restablecer la seguridad física, emocional y relacional que ellos necesitan. "Cuando una familia atraviesa una pérdida significativa —la muerte de una pareja, de un hijo, de un padre o un hermano—, el duelo no solo afecta a quien lo sufre de forma directa. También impacta, a menudo sin darnos cuenta, en quienes nos rodean y dependen de nosotros emocional y afectivamente: nuestros hijos".

Con más de 25 años de experiencia, Alba es directora del Máster en Intervención en duelo y pérdidas (IL3-Universidad de Barcelona) y está al frente del Instituto IPIR en Barcelona, un centro dedicado a la formación de profesionales en el acompañamiento al duelo.

"Lo más importantes es que esos niños vean lo menos afectada su rutina posible"

Cómo ayudar a los niños en el duelo

Como explica en el libro, todas las muertes afectan de una forma distinta a las personas porque hay muertes que pueden ser por enfermedad, lo cual permite anticiparse al duelo, pero otras que son inesperadas, por lo que todo surge de una forma más abrupta y compleja. En este sentido, hay dos tipos de respuestas que afectan negativamente al desarrollo de los niños y adolescentes y que tienen que ver con cómo gestiona el entorno la muerte de ese ser querido. Por un lado, familias que se desbordan emocionalmente, padres o madres que entran en depresión, que no son capaces con el tiempo de superar esa muerte y que viven anclados; o familias evitativas que, por el contrario, evitan hablar de ese ser querido para evitar el dolor. Para los niños, es necesario -como hemos visto- poder hablar y recordar al ser querido. En el caso de las familias desbordadas emocionalmente, hay niños que pueden adoptar roles de adultos, lo que se llama parentificación, es decir, que se hacen cargo de asuntos de los adultos que no les pertocan. "En ambos casos, lo que vemos en consulta años después es lo que llamamos adultos que fueron niños en duelo". El duelo se cuece lento en los niños, y como no se puede apreciar y parece "que están bien", las secuelas se sienten cuando son adultos.

Teniendo en cuenta las dificultades cuando sucede algo así, ¿qué sería lo recomendable para garantizar el bienestar de los niños? "Hoy sabemos, porque se ha estudiado, que los hijos que viven en familias donde se preservan las rutinas, los horarios, la estructura y, sobre todo, las responsabilidades de cada uno, crecen con una salud mental, intelectual y física mucho mejor que en familias que, por alguna razón, están desestructuradas y hay caos". Por lo tanto, lo más importantes es que esos niños vean lo menos afectada su rutina posible, su entorno social -que puedan seguir yendo a su escuela, viviendo en el mismo hogar dentro de las posibilidad, viendo a sus amigos, yendo a sus extraescolares, etc.-.

"No dejar que los niños asuman responsabilidades que no les tocan, trasmitir estabilidad económica, y, sobre todo, evitar los traslados de casa. Si se traslada de casa, el niño no pierde solamente a su ser querido sino también su lugar seguro -la habitación, los compañeros de barrio, el vecindarios, la escuela...-". Como es normal, va a haber dificultades, pero es importante para ellos seguir relacionándose con sus iguales de una forma igual a como lo hacían antes de la pérdida.