Fui a votar por correo y esto es lo que me encontré: mucha gente y rapidez...
Este jueves finalizaba el plazo para solicitar el voto por correo, que puede ser entregado en las oficinas de Correos hasta el día 20 de julio
Más de 2,3 millones de electores han solicitado votar por correo, más del doble que en las últimas elecciones generales
Los sindicatos del sector postal aseguran que han votado ya un millón de electores
MadridHa sido mi primera vez. Unas elecciones en pleno julio, en las mismas fechas que mis vacaciones y con planes familiares inamovibles, son las culpables de que a estas alturas, con muchas citas electorales ya vividas, me haya estrenado en el voto por correo. Para todos los que estén en la misma situación, y debemos ser muchos porque han pedido ejercerlo así más de 2,3 millones de personas (más del doble que en las últimas generales de noviembre de 2019), puedo decirles que ha sido fácil y rápido.
Bueno, tampoco quiero ocultarles mi impaciencia en los últimos días, esperando ver al cartero cada vez que sonaba el timbre y encontrando al abrir a un mensajero o un vendedor de seguros. Tampoco mis cábalas sobre sí acerté poniendo la dirección de mi domicilio para recibir la documentación, en lugar de otra que estuviera más cerca del lugar de vacaciones.
Pero ha sido, en mi caso, una preocupación baldía. El aviso de Correos llegó en el plazo en el que tenía que hacerlo y con margen suficiente para poder votar días antes de ponerme a hacer maletas, que luego todo son prisas.
Para dejarlo cerrado cuanto antes, me dirigí este jueves a la oficina de Correos. Quizá el hecho de que para tantos electores esta haya sido nuestra primera vez con esta modalidad explica esa sensación de confusión generalizada nada más poner un pie allí. “Vengo con el aviso que me dejó ayer el cartero, ¿tengo que hacer cola?”… “Sí, sí, a mí también, me llegó ayer por la tarde”… “Pues yo creía ya que no lo iba a recibir antes de irme de vacaciones”… “Parece que esto va rápido, ¿no?”… “Quiero preguntar si ellos saben cuándo me va a llegar”…
Mucha gente, pero buen ritmo
No había dudas. La veintena larga de personas que estábamos en la entrada del local minutos antes de las diez de la mañana esperábamos para lo mismo. Lo señalaba también el pequeño papel cuadrado que mirábamos todos insistentemente. El del número de cita con la V de voto que nos mantenía solo medio ordenados. Diferente a los de la E de enviar y R de recoger, que habitualmente ofrece la máquina de Correos y que este jueves no pulsaba prácticamente nadie.
Mi número, el V195. Tengo 23 por delante, según el panel que indica los turnos. Hay tiempo para hacer cálculo mental sencillo: votan cerca de cien personas por hora. Sigue entrando gente. Tanto que hasta dos compañeras del gimnasio se encuentran y aprovechan para ponerse al día de planes veraniegos no frustrados gracias al voto por correo.
“¿Todo esto es para votar?”… “¿Para pedir el voto hay que coger número?”… “¿Y para entregarlo? Nosotros lo traemos preparado de casa”… “Señora, perdone”, me señala pidiendo paso un empleado de la oficina que empuja un enorme carro con sobres blancos perfectamente alineados y formularios sin utilizar como el que recibí avisándome de que no habían podido entregarme la documentación.