Sánchez e Iglesias han dejado de lado lo que les separa pero ahora lo tienen que abordar en su negociación con ERC
Vuelve la mesa de partidos y el relator, las figuras que terminaron por dinamitar la anterior legislatura
MadridLa pregunta que le hacía hoy una periodista al presidente del Gobierno es la que se han hecho la mayoría de los ciudadanos desde el martes: ¿Qué ha pasado ahora para que sea posible el pacto con Podemos? A esta se suma otra hecha en la misma rueda de prensa: ¿Qué es necesario para lograr el pacto con ERC?
Sánchez y sus asesores suelen ser bastante cuidadosos con los mensajes que eligen y con los momentos en los que los lanzan. Saben que la memoria de la opinión pública es frágil, que vivimos en tiempos líquidos, casi gaseosos, y que el mensaje se esfuma tan rápido como aparece el siguiente. La respuesta a la primera pregunta explica lo que ha pasado y para ella Sánchez ha elegido una palabra clave: “ilusionante”. Así califica su matrimonio con Iglesias. Es el momento de abandonar el pesimismo por los resultados cosechados, los enfrentamientos directos con su socio de gobierno y los guiños a la derecha. Ahora toca hablar de la ilusión que supone el que se atisbe por fin un gobierno a lo lejos. Lo que no sabemos es si están tan lejos que la distancia a recorrer lo convierte en inalcanzable.
Para la segunda pregunta la palabra elegida es “diálogo”. Es un término fetiche en política, un vocablo que sirve tanto para defender como para atacar. “Ustedes que pueden, dialoguen, por favor”, dijo Gemma Nierga en la concentración por el asesinato de Ernest Lluch por ETA. La palabra sonó como un bofetón en la cara de Aznar. Le cambió el gesto. De aquella, el PP consiguió neutralizar un término tan positivo con una respuesta tipo: ¿dialogo?, ¿con quién y para qué?
El término 'diálogo' ha sido utilizado por Sánchez como un florete: con él no mata, pero logra tocados que le sirven para ganar el duelo. La primera vez que lo usó fue contra Rajoy. El expresidente sufrió las acometidas de Sánchez cuando arreciaba la crisis de Cataluña. Le acusaba de falta de diálogo, de inmovilismo, de parálisis y le exigía: negocie, negocie, negocie hasta llegar a un acuerdo.
Esta palabra es muy útil para quien está en la oposición y una trampa cuando estás en el Gobierno. En la pasada campaña electoral, Sánchez eligió el camino de la mano dura con los independentistas y la palabra diálogo se esfumó de sus mensajes. Presumió de controlar la fiscalía, prometió traer a Puigdemont a España para que fuera juzgado, exigió a Torra que condenara la violencia, advirtió a los políticos independentistas de que actuaría si traspasaban las líneas rojas del Constitucional, prometió tipificar como delito la convocatoria de referendos ilegales… Los ejemplos son múltiples y su postura resultó inequívoca. Tanto que Iglesias no paró de vaticinar: Sánchez va a usar Cataluña como excusa para pactar con la derecha.
Los malos resultados electorales han cambiado el mensaje. El PSOE ya no se plantea mirar hacia su derecha. El hundimiento de Ciudadanos y el ascenso de Vox le han dejado sin margen. Así que, en su reducido círculo de confianza, se ha decidido un nuevo giro a la izquierda en un volantazo rápido y de urgencia.
Para ello es necesario destacar todo lo que le une a Unidas Podemos y orillar lo que les separa: progresista, derechos sociales, libertad, tolerancia, combatir la precariedad, proteger los servicios públicos, lucha contra el cambio climático, políticas feministas, justicia fiscal. Su pacto incluye todos esos términos en los que ambas partes se encuentran cómodas.