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¿Ir al gimnasio impulsa a ser infiel?": "No te convierte en uno, pero hay elementos que pueden inducirnos a ello"

Dos personas tiendo en un gimnasio
Dos personas en un gimnasio. Pexels/Anastasia Shuraeva
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Se dice que los gimnasios son las nuevas redes sociales. Donde antes eran el sitio al que íbamos a hacer ejercicio, ahora son espacios donde nos relacionamos y socializamos a muchos niveles. Sin embargo, ¿acudir al gimnasio puede favorecer a que seamos infieles?

La psicóloga Anna Sibel, lo explica de forma tajante: "Ir al gimnasio no te convierte en infiel. El gimnasio no crea infieles. Pero sí hay elementos que desencadenan en nuestro cerebro conductas que, si no se regulan e identifican, pueden inducirnos a ello".

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Las tres sustancias claves que intervienen cuando entrenamos

¿Qué sucede cuando entrenamos? Sibel expone la base: lo que ocurre dentro de nuestra cabeza. "Afecta a nuestro estado de ánimo, a la percepción de uno mismo y se abre el apetito a los estímulos nuevos".

Así pues, intervienen tres sustancias en esto. La primera, la dopamina: "es el neurotransmisor del deseo, la motivación y la búsqueda de recompensa. El ejercicio físico intenso dispara su liberación".

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Después, entran en juego las endorfinas, que "generan sensación de euforia y bienestar. Tenemos una 'resaca positiva' que aumenta nuestras ganas de interactuar con otras personas". 

Finalmente y según aclara la experta, el tercer ingrediente es la serotonina: "regula el estado de ánimo y la sensación de bienestar general. El ejercicio regular eleva los niveles basales, lo que da una mayor confianza en uno mismo, menos ansiedad social y una percepción más positiva del propio atractivo". 

El papel de la testosterona

Además de las tres anteriores, Sibel pone encima de la mesa el papel de la testosterona: "el entrenamiento de fuerza provoca picos agudos en el organismo en ambos sexos biológicos, aunque en proporciones distintas". 

¿Y qué papel desempeña esta? Tal y cómo explica la experta, "estudios del Instituto Karolinska de Estocolmo hallaron que los hombres con niveles bajos de expresión de receptores de vasopresina --hormona relacionada con el vínculo de pareja-- son significativamente más propensos a la infidelidad y a la promiscuidad. La testosterona alta combinada con baja vasopresina es, en términos neurobiológicos, el cóctel más asociado a conductas infieles". 

Aunque, con un matiz: "es el efecto sobre la salud mental de la testosterona --y de forma consistente-- el que contribuye a esto, ya que tenemos mayor seguridad, mayor impulsividad y mayor sensación de atractivo". 

Dos personas en un gimnasio

Ver la misma persona de forma regular crea familiaridad

"Hay cuerpos expuestos y en movimiento de forma constante. Nuestros cerebros evalúan de forma automática e involuntaria las condiciones físicas ajenas". Este es el primer elemento que Sibel detalla acerca del fenómeno. 

También está el hecho de que "ver a la misma persona de forma regular crea familiaridad y confianza". Además añade que "el estado físico y mental post-entrenamiento deriva en un umbral de inhibición bajo y de sociabilidad alta". 

Ahora bien, es el contacto físico el cual genera impacto significativo: "toques casuales durante la corrección de posturas, respiración agitada, esfuerzo compartido, etc. La investigación ha mostrado que la excitación fisiológica puede ser malinterpretada por el cerebro como atracción interpersonal".

El gimnasio como "amplificador"

Estímulos nuevos de personas nuevas. "Aquí es donde el gimnasio actúa como un amplificador", de acuerdo con Sibel. 

¿Cómo? "Un cuerpo transformado, un estado de ánimo elevado y una mayor exposición social crean las condiciones para que el efecto de la novedad se dirija hacia personas distintas a la pareja habitual". 

También está el propio enamoramiento de por medio. "Los niveles elevados de dopamina, noradrenalina y serotonina que el cerebro mantiene activos duran, aproximadamente, tres años-. Pasado ese tiempo, el sistema nervioso se adapta y los mismos estímulos ya no generan la misma respuesta", concluye.