Adicciones

Por qué hay personas que no reconocen su adicción al alcohol: "Tienden a subestimar su consumo real"

Fotograma de la serie 'Cómo conocí a vuestra madre'. Hulu
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La RAE define el alcoholismo como el "abuso en el consumo de bebidas alcohólicas". Para entender bien su impacto, en nuestro país, la última oleada del 'Spain Health Survey (SHS)', de 2023 --publicado por el Instituto Nacional de Estadística-- revela datos significativos al respecto que sirven para hacerse una foto de la situación en España: el 31,1% de personas de más de 15 años consume alcohol cada semana, el 7,7% de personas de más de 15 años bebe a diario y el 7,8% de la población reconoce haber consumido alcohol de forma abusiva en el último mes. 

Anna Sibel, psicóloga clínica integrativa explica una de las principales razones por las cuales muchas personas --fuera de las estadísticas-- no reconocen un problema con la bebida: "el término 'alcohólico' tiene un estigma brutal. Nadie quiere verse reflejado en esa imagen y el cerebro hace todo lo posible para rechazar ese espejo". 

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¿Qué es ser alcohólico?

Sibel explica que "la dependencia al alcohol no tiene que ver con cuántas veces bebes, sino qué ocurre en tu cerebro cuando lo haces. Pero, sobre todo, qué pasa cuando no lo haces".

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Así pues, pone encima de la mesa el cambiar una de las preguntas clave para identificar el problema. "Hay que virar del '¿cuánto bebo?' a '¿podría dejar de beber si quisiera?'". Y prosigue: "el alcohol secuestra los sistemas cerebrales de recompensa, emoción y toma de decisiones. Y lo que describe no es debilidad de carácter, sino biología". 

De cara al reconocimiento y la auto-percepción, la experta pone el foco en el funcionamiento químico de nuestro cerebro cuando hay alcohol de por medio: "Cuando alguien usa el alcohol para calmar la ansiedad, reducir el estrés o evadirse del malestar emocional, la amígdala del cerebro registra esa asociación con enorme eficacia. Alcohol es igual a alivio. Esto no se razona, simplemente se aprende".

Si la primera parte de la ecuación es la amígdala, después nos encontramos con el núcleo accumbens -centro del placer y de las conductas motivadas del cerebro-. "Cuando el alcohol activa esta estructura de forma repetida nuestro cerebro empieza a clasificar el alcohol como una necesidad básica, al mismo nivel que comer o dormir"

Finalmente, entraría en juego la corteza prefrontal. "Es la región más evolucionada del cerebro humano y el alcohol la inhibe", explica Sibel. Añade que este fenómeno "no sólo sucede durante la borrachera: el consumo crónico reduce de forma estructural el volumen de materia gris en las regiones frontales".

El resultado de todos estos elementos en su conjunto derivan en la "cruel paradoja": "Cuánto más bebe una persona, menos capacidad tiene de evaluar su propio consumo con objetividad". 

Los síntomas que se vuelven "invisibles"

De lo que sucede dentro de nuestro cerebro, a lo que se ve desde fuera. La psicóloga pone encima de la mesa la cuestión de la brecha de ayuda y explica que "en la mayoría de los países desarrollados, la brecha entre quienes necesitan ayuda y quienes la reciben supera el 80%".

También recalca el infradiagnóstico: "muchos pacientes tienden a subestimar su consumo real cuando lo reportan a los profesionales de la salud". Añade otro fenómeno: "los síntomas que llevan al médico --insomnio, ansiedad o problemas digestivos-- no siempre se conectan con el alcohol". 

"Se va al médico con el síntoma, pero no con la causa", concluye.