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Borja Vilaseca explica cómo generar anandamida, 'el neurotransmisor de Dios': "Es la molécula de la dicha suprema"

En la imagen, Borja Vilaseca
Borja Vilaseca, experto en desarrollo personal. Cortesía
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Fue uno de sus amigos el primero que le habló a Borja Vilaseca, escritor y 'activista de la felicidad', de la anandamida. Kike había pasado un proceso personal complejo y doloroso, hasta que tuvo una experiencia trascendental en un sueño lúcido que lo cambió todo y le ayudó a ver la vida de una manera distinta. No lograba poner nombre a lo que le había pasado y recurrió al oráculo del siglo XXI para ayudarle a entenderlo: ChatGPT. El asistente le dio un término científico: anandamida, ese que después él compartiría con Vilaseca. “La anandamida es la molécula de la dicha suprema. Eso es lo que significa en sánscrito”, explica al otro lado del teléfono el propio Vilaseca. La conversación despertó su curiosidad y fue el punto de partida para su nuevo libro, ‘Anandamida. El neurotransmisor de Dios’ (Vergara).

¿Qué es la anandamida?

“Lo que planteo en el libro es que la anandamida es la causa neuroquímica del despertar de la consciencia, de la reconexión con la dimensión espiritual laica”, afirma en una entrevista con la web de 'Informativos Telecinco'. “Es lo que permite silenciar o apagar la red neuronal por defecto, la vocecita que escuchamos en nuestra cabeza, que no calla nunca y nos mantiene hipnotizados y en un estado de inconsciencia ordinaria”, suma. Sería así como la llave para ir más allá de lo que pensamos que somos. “La anandamida nos permite disociaros de nuestro personaje, silenciar el ruido mental y entrar en un estadio de consciencia, presencia y dicha que es nuestra verdadera naturaleza”, sostiene, recordando un estudio de Harvard que ha descubierto que “más del 90% de la población está completamente desconectada de sí misma”.

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Aun así, y a pesar de ser conocida como ‘el neurotransmisor de Dios’, no tiene nada que ver con la religión o con la espiritualidad tradicional, sino con algo que se conecta con la propia persona.

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“La neurociencia está muy de moda. Se habla de serotonina, de cortisol, pero nada de anandamida”, apunta Vilaseca. ¿Por qué no es tan popular entonces? “En el libro hablo de esto. Hay unas cuantas razones. La principal (sin ponernos conspiranoicos) es que vivimos en un sistema que inhibe la capacidad de segregar esta molécula en grandes cantidades. Es una sociedad profundamente inconsciente, porque no hay anandamida. Es un pez que se muerde la cola”, señala. “Sé que incluso su descubridor no tiene ni idea de lo que descubrió”, indica. “Nunca lo vinculó con los estados elevados de la consciencia”, indica.

La anandamida fue aislada por primera vez en 1992, en el laboratorio del científico Raphael Mechoulam. A nivel científico, eso sí, la investigación en esta partícula va por otras áreas.

A Vilaseca le gustaría que desde la ciencia se afrontase esto con un escepticismo sincero. “El pseudoescéptico es arrogante, saca conclusiones precipitadas en base a sus prejuicios”, sostiene, así que pide “que el científico se investigue a sí mismo, que investigue su conciencia”. “La ciencia siempre mira hacia fuera”, señala. “La inconciencia generalizada se debe a la falta de autoconocimiento”. De hecho, en su libro propone un experimento en el que 1000 científicos se recluyesen en un retiro de 90 días, para meditar. “Te aseguro que todos ellos experimentarían lo que es la anandamida y los estados elevados de consciencia”, promete. “Hay que vivirlo” para entenderlo.

Borja Vilaseca y la cubierta de su libro

Cómo ganar anandamida

Pero ¿cómo ganar anandamida? ¿Qué camino pueden seguir tanto las personas que son escépticas ante esta idea como quienes empiezan a sentir curiosidad por esta molécula para entender qué nos está contando? “Es como cuidar un jardín para que florezca una semilla”, asegura Vilaseca. “Lo primero es que tienes que verte a ti mismo como ese jardín, preparar la tierra”, señala. “Tienes que limpiar, abonar, remover el suelo. Debes desintoxicar tu organismo”.

Vilaseca recomienda dormir y descansar de forma adecuada, tomar el sol, una alimentación o una respiración conscientes y prácticas como los baños de bosque. La gente, señala, está “envenenando su cuerpo con la forma en la que vivimos en las ciudades, en la que comemos o con los hábitos. Esto, neuroquímicamente, es como un terreno para las malas hierbas”.

Los baños de bosque son una práctica recomendada

Una vez que se ha cuidado el terreno, "tienes que cuidarlo, debes cuidar la neuroquímica. Empiezas a preparar el terreno para que no haya plagas, contaminantes…". En este caso, se trata de evitar todo lo que provoque la actuación de la FAAH ('Fatty Acid Amide Hydrolase' o amida hidrolasa de ácidos grasos), la enemiga de la anandamida. “Lo primero es limitar los entornos estresantes”, indica. Un trabajo tóxico, “personas descentralizantes” o una alimentación basada en ultraprocesados no ayudan, entre otros., según el experto.

“Te has cuidado, llevas un estilo de vida saludable, estás más tranquilo y tu organismo está preparado. Es el momento de plantar la semilla”, añade. La meditación, el silencio, la autoindagación, los baños de bosque o la danza son algunas de las varias recomendaciones que da Vilaseca para propiciar esa generación de anandamida.