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Que los hombres se vistan de mujer no es nuevo y "no tiene nombre": "La distinción entre identidad y expresión de género es clave"

Harry Styles en los Grammy de 2023. Cordon Press
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"Esto no es nuevo": así de contundente ilustra la psicóloga clínica Anna Sibel el fenómeno de que cada vez más hombres utilizan prendas femeninas para vestirse de forma cotidiana. Pone encima de la mesa ejemplos como los de David Bowie o Prince. A Jean-Paul Gaultier "que puso faldas a sus modelos masculinos en pasarela". Y de estos, pasa a nombrar a perfiles contemporáneos como Harry Styles o Billy Porter. 

También hace alusión al hecho de que "grandes marcas de lujo llevan temporadas incorporando colecciones sin género en sus pasarelas". Pero, ¿qué hay detrás de esto? ¿Se trata de una moda? ¿O hay motivaciones subyacentes detrás de la práctica?

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"No tiene por qué encajar en ninguna etiqueta establecida"

Ante el escenario de poner nombre a las cosas, Anna Sibel explica que "los hombre que se visten con ropa de mujer pueden hacerlo por comodidad, por curiosidad o por algo que todavía no tiene nombre y no tiene por qué encajar en ninguna etiqueta establecida". 

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"No se trata de movimientos como el travestismo. Tampoco de fluidez de género. O quizás puede que sea de los dos. La distinción entre identidad de género y expresión de género es clave aquí. La identidad es el sentido interno de quién se es, mientras que la expresión es la forma en que ese quién se muestra al mundo. Lo que ha cambiado en estos hombres es lo segundo, y a menudo, lo habrá hecho de forma parcial".

Así pues, distingue "varios grados" de "una práctica sin nombre" cuando se trata de adoptar prendas de vestir femeninas en el público masculino. Son cuatro los niveles "de intensidad" que Sibel desarrolla:

  • "Accesorio": "es el más común y es el menos visibilizado porque ya está muy normalizado en la moda urbana". Aquí la experta habla sobre el hecho de llevar una prenda, como un bolso, que combine con el resto del atuendo.
  • "La prenda de abrigo": el segundo nivel. "La chaqueta de corte femenino, el abrigo largo. Prendas que en la calle pueden pasar relativamente desapercibidas porque los límites del diseño de la moda son cada vez más difusos".
  • "La prenda visible": "Se reconoce a la ropa como fe menina y su uso implica una exposición mayor al juicio externo. Una falda, un vestido... aquí ya hay una lectura social inevitable". 
  • "El look completo": "aquí hay una estética deliberada que podría acercarse más al trasvestismo o al drag, aunque quién la ejerce puede seguir sin identificarse con ninguno de estos conceptos ni con ninguna etiqueta de género alternativa".

"Hay tantas motivaciones para hacer esto como personas"

Del mismo modo que la experta ha explicado que esta práctica "no tiene nombre", también habla de las motivaciones que hay detrás para vestir femenino siendo hombre. Aquí incide en el hecho de que "las motivaciones son tan variadas como las personas y se pueden distinguir varios perfiles que conviven sin excluirse".

Habla de "la comodidad funcional", de "exploración estética", de "una expresión más completa", del "placer sensorial al tacto de las textura o la visualización de las formas de la prenda" y de "transgresión consciente".

¿Por qué no tiene nombre?

"La lengua siempre va detrás de la realidad. Tenemos palabras para el travestismo, para el drag, para el género fluido, para lo no binario. Pero no tenemos una palabra precisa para el hombre heterosexual, cisgénero, que lleva bolso los lunes y falda los domingos sin que eso cambie un ápice su percepción de sí mismo ni la forma en que se relaciona con el mundo", enfatiza. 

"Lo más honesto es reconocer que la relación entre un cuerpo, una prenda y una identidad es más compleja, personal y libre de lo que las categorías que hemos construido con capaces de expresar. Quizás esto no necesite nombre", concluye.