Psicología

¿Por qué los amores de verano pueden llegar a crear "adicción"? La explicación de una psicóloga y terapeuta de pareja

Fotograma de la película 'Grease'. Paramount Pictures
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Fue el 16 de junio de 1978, hace ya 48 años, cuando en cines se estrenó la película 'Grease', protagonizada por dos jovencísimos John Travolta y Olivia Newton-John. Ambos interpretaban a los estudiantes Danny Zuko y Sandy Olsson en una historia de amor que traspasó la pantalla hasta convertirse en un clásico del cine de todos los tiempo. ¿Cómo empezaba la historia? La verdad es que no tenía una trama de lo más complicada, pero, sin embargo, aún hoy nos sigue cautivando.

En los primeros minutos del film vemos a una pareja de jóvenes enamorados, tonteando en el mar, besándose y prometiéndose amor para siempre aunque terminara el verano. Nunca se iban a olvidar de lo que habían vivido, pese a que en aquella época sin móviles y sin la accesibilidad de vivir conectados al segundo, sería lo más probable ya que cada uno vivía en un lugar distinto. El verano les había unido en un amor pasional, y en principio, nada hacía esperar que se volvieran a encontrar. Ese es uno de los ingredientes que más nos engancha, precisamente, de los amores de verano: su fugacidad. La historia ya sabéis como termina, ese amor de verano se termina convirtiendo -de forma fortuita- en un amor para siempre cuando da comienzo el instituto y ambos descubren que no están tan lejos como creían. La magia del cine...

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Obviamente, no todos los amores de verano son para siempre, pero sí que solemos conservarlos en la memoria para siempre. ¿Quién puede olvidar aquel beso o a aquella persona especial con la que coincidió en aquel verano inolvidable? Los amores de verano nos encantan y atrapan porque tienen todos los ingredientes necesarios para hacerlo: son intensos, ocurren cuando tenemos tiempo libre y nada en la agenda, muchos de ellos suceden en espacios idílicos como un pueblo de mar o espacios en los que no solemos tener una rutina, y sabemos que tienen una fecha de caducidad porque cuando terminan las vacaciones cada cual volverá a sus quehaceres y, posiblemente, la distancia ponga fin a la relación sin que podamos hacer mucho para remediarlo. ¿O sí? Esto es lo que opina la psicóloga y terapeuta de pareja, Agatha Armstrong, y también autora de 'El amor no te quiere perfecta' (Zenith, 2026): "Cuando sabemos que algo puede durar poco, solemos vivirlo con más intensidad. Además, al estar fuera de la rutina, conocemos a la otra persona en un contexto diferente, asociado a vacaciones, diversión y emociones positivas. Sin embargo, muchas veces no recordamos solo a la persona, sino también cómo nos sentimos con ella en ese momento de nuestra vida. Por eso los amores de verano ocupan tanto espacio en la literatura y el cine: representan la ilusión, la posibilidad y, a veces, la nostalgia de algo que fue muy intenso precisamente porque no duró para siempre".

"La pregunta no es tanto cómo empezó la historia, sino qué ocurre cuando desaparece el contexto de vacaciones y aparecen la rutina, la distancia o las responsabilidades"

Qué nos aportan los amores de verano

Como señala, este tipo de amores nos aportan varias cosas. Por un lado, algo que a veces olvidamos durante el resto del año, que es la capacidad de ilusionarnos; también nos aportan una versión de nosotros mismos que creíamos perdida, más espontánea, más valiente o más abierta a sentir; y por último, dejamos de pensar tanto en si la relación tiene futuro y empezamos a preguntarnos más si estamos disfrutando del presente. "Quizá por eso nos marcan tanto. Porque, aunque la persona se vaya, durante unas semanas nos permitimos volver a conectar con el deseo, la ilusión y la posibilidad. Y eso también deja huella".

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Es cierto que suelen dar más habitualmente entre jóvenes, no porque ellos amen mejor sino porque suelen tener más oportunidades para que ocurran, más tiempo, por ejemplo. "Durante la adolescencia y los primeros años de la adultez vivimos más experiencias nuevas, viajamos más con amistades, salimos más y conocemos a más gente fuera de nuestros círculos habituales. Sin embargo, los amores de verano pueden aparecer a cualquier edad. De hecho, muchas personas los viven con más intensidad en la madurez porque se conocen mejor, tienen más claro lo que desean y se permiten disfrutar del vínculo sin tantas expectativas. Al final, un amor de verano tiene más que ver con estar abierto a conectar que con la edad que marca el DNI", subraya.

¿Se puede mantener en el tiempo un amor de verano?

El verano además reúne otros requisitos para que este tipo de relaciones se den con más frecuencia, y es que las horas de sol mejoran nuestro estado de ánimo y, por eso, nos sentimos con más ganas de hacer planes y salir. Eso hace que la libido aumente y sintamos más atracción sexual por otras personas. Según señala Agatha, la psicología diría que no estamos necesariamente más excitados por el verano en sí, sino que el verano suele crear un contexto que facilita que aparezca el deseo. Pero, ¿qué ocurre pasado el verano? ¿Se puede mantener viva la llama de un amor de estas características durante más tiempo? Dependerá de varios factores.

El amor de verano no tiene por qué ser fugaz, pero es cierto que cuando llega septiembre, la relación tiene que enfrentarse a la vida real. "Algunas historias terminan ahí porque estaban ligadas al momento. Pero otras consiguen mantenerse porque, además de la atracción y la ilusión inicial, existe compatibilidad, proyecto compartido y ganas de construir algo juntos. De hecho, muchas relaciones estables empezaron siendo un amor de verano. La pregunta no es tanto cómo empezó la historia, sino qué ocurre cuando desaparece el contexto de vacaciones y aparecen la rutina, la distancia o las responsabilidades", subraya la psicóloga a la web de 'Informativos Telecinco'.

Lo que seguro que vamos a sentir una vez terminado el verano es esa sensación de resaca emocional. Echar de menos aquella ilusión, las mariposas en el estómago, la sensación de posibilidad o de aventura. "Y ahí puede aparecer cierta "adicción" a este tipo de historias. No porque estén enamoradas del amor, sino porque persiguen una emoción muy intensa que es difícil mantener en la vida cotidiana. Uno de los grandes retos es entender que una relación sana no siempre se siente como un verano eterno. A veces tiene menos fuegos artificiales, pero mucha más intimidad, complicidad y profundidad". Por lo tanto, el gran reto aquí será no idealizar ese tipo de amor y, si llega para quedarse, no esperar que sea tan intenso todo el tiempo. Se puede mantener la ilusión de los inicios buscando espacios nuevos y experiencias para la pareja fuera de la rutina, buscando nuevas ilusiones y retos para hacer juntos. Está comprobado que cuando una pareja tiene un proyecto en común a largo plazo, la duración siempre suele ser mayor.