Pepe García, 'El Estoico': "Pensar en la muerte con frecuencia es la idea que más me ha ayudado, es un gesto de higiene mental"
Pepe García, conocido como 'El Estoico', es una de las referencias en filosofía estoica en España. Su podcast se mantiene desde hace años entre los más escuchados
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La filosofía vuelve a estar de moda, y eso es gracias también a las redes sociales y a muchos canales de Youtube donde muchas personas aparecen a diario para hablar sobre grandes figuras como Platón, Sócrates o Aristóteles. Más allá de una moda, esto nos acerca a corrientes que pueden ser muy útiles en el mundo en el que vivimos, rápido y ruidoso. Una de ella es el estocismo. Esta escuela filosófica nació en el siglo III a.C. y fue fundada por Zenón de Citio en Atenas, aunque sus figuras más sobresalientes -o las más conocidas- son las de Séneca, Epicteto o Marco Aurelio. Entre muchas de sus enseñanzas hablaban de cómo alcanzar la serenidad, aceptar aquello que no podemos controlar y se le atribuye a la persona estoica ser fuerte o ecuánime ante la desgracia.
Hablamos con uno de los mayor divulgadores del estoicismo en España para comprender por qué el estoicismo resuena tanto en nuestros días y entre la gente más joven. Pepe García, conocido como 'El Estoico', es licenciado en Derecho y cuenta con un máster en Liderazgo y Dirección de Equipos, pero hizo de su pasión -la filosofía- su profesión. Su pasión por la lectura y la filosofía estoica le llevó a dar un giro a su trayectoria profesional y a fundar en 2019 la web elestoico.com. Su pódcast 'El Estoico' se mantiene desde hace años entre los más escuchados de filosofía y crecimiento personal. Es autor de las obras 'Siempre en pie' (2022), 'Manual para la serenidad' (2024) y ahora de 'Los 12 pilares de la filosofía' (Roca Editorial, 2026).
Pregunta: ¿Por qué se te conoce como El Estoico?
Respuesta: El nombre vino casi por casualidad. Cuando empecé a divulgar en 2019 buscaba algo sencillo, fácil de recordar, que dijera de qué iba a hablar. Probé varios dominios, y sólo estaba libre “elestoico.com”. Tuve la sensación de que 'El Estoico' cumplía con lo que quería transmitir. Con los años, lo que empezó siendo un simple dominio de una página web se ha ido cargando de contenido y significado que ya forma parte de mí.
P: ¿Qué llevas de los estoicos en ti y cómo lo has compartido con los demás?
R: De los estoicos llevo siempre conmigo, sobre todo, una cosmovisión, una manera de mirar la vida. La idea helenística de que la filosofía sirve para vivir, que es una cura para el alma, que está hecha para llevarla al día a día, para usarla en el trabajo, en las discusiones, en los duelos. Llevo también esa convicción suya, por experiencia ya de años, de que somos responsables de cómo interpretamos lo que nos pasa, aunque no podamos elegir lo que nos pasa. Así lo comparto en el podcast, en los libros, en los retiros, en las conferencias. Pero la mejor forma de compartirlo, al final, es intentar vivirlo. Lo que uno no encarna se nota enseguida, e impide dormir con la conciencia tranquila.
P: ¿Por qué decidiste hacerte filósofo pese a estudiar Derecho?
R: Estudié Derecho con la sensación creciente de que aquello no era lo mío. Lo que fui intuyendo en la carrera se terminó confirmando en cuanto ejercí unos cuantos meses como abogado. Soy consciente de que es una carrera valiosa, con mucho fondo, que a día de hoy me sigue sirviendo de mucho, pero yo no me veía dedicándome a ella más de cuarenta años de mi vida. A los pocos años, navegando por Internet, en lo que uno podría considerar perder el tiempo, encontré a los estoicos. Y en sus textos encontré respuestas prácticas para el día a día. Es cierto que al principio me costó entenderlos pero, para ello, me puse a escribir sobre lo que leía, gracias a encontrar una frase de Séneca: “Cuando uno enseña, dos aprenden”. Aún hoy, después de tantos años leyendo de todo un poco, sigo pensando que las suyas son las mejores respuestas que he encontrado. Por eso me dediqué a esto. En realidad no fue una decisión muy meditada, porque mi vida cotidiana se fue impregnando de sus ideas. Sólo me tuve que rendir a lo que fue evidente para mí.
P: Una de sus enseñanzas es el Memento Mori, “recuerda que morirás”. ¿Qué explicación tiene o tenía en su momento?
R: Contrario a lo que pueda parecer, el "recuerda que morirás" es un ejercicio de lucidez. Los romanos también lo aplicaban en el triunfo: cuando un general desfilaba aclamado por las calles, un esclavo iba a su lado susurrándole al oído que también él era mortal. En ese contexto, era una manera de evitar que la gloria se le subiera a la cabeza, de que se creyeran dioses.
Luego, los estoicos lo convirtieron en práctica cotidiana. Pensar en la muerte con frecuencia, sin morbo, casi te diría como un gesto de higiene mental, para volver a poner las cosas en su sitio. A mí es seguramente la idea que más me ha ayudado, pero seguramente no es para todo el mundo. La idea es empezar poco a poco, sin mucha presión. Al final uno se da cuenta de que, cuando tiene presente que el tiempo se acaba, deja de discutir por tonterías y empieza a darle importancia a lo que de verdad la tiene, y a configurar su vida en torno a ello.
P: ¿Cómo se adapta a los nuevos tiempos?
R: Creo que es muy relevante porque el ser humano siempre ha tenido un afán de eternidad y de trascendencia. Por ejemplo, en forma de estatuas o de transmisión de ideas a través de los libros. Pero yo creo que hoy lo necesitamos quizá más que nunca, especialmente con la industria emergente de la longevidad. Se están destinando millones de dólares a investigar cómo vivir más de 100 años con normalidad, e incluso hay quien se atreve de hablar de inmortalidad.
P: Uno de los pilares del estoicismo es la serenidad, ¿cómo la entendían ellos?
R: Los estoicos llamaban a ese estado ataraxia, que se puede traducir como ausencia de perturbaciones interiores. Para mí es un concepto bellísimo, porque lo entendían como una conquista, como algo que se gana paso a paso con el ejercicio de la razón y de las acciones buenas. Para ellos la serenidad era el fruto natural que nace, por ejemplo, de saber distinguir lo que está en tu mano de lo que no lo está. Si no puedo controlar el tráfico, ¿para qué irritarme? Si no puedo controlar lo que opina alguien de mí, ¿para qué desvivirme? La serenidad estoica nace de esa distinción, practicada con regularidad. Cuando se entiende de verdad, se quita uno mucho peso de encima.
Es la misma idea detrás de la Oración de la Serenidad: “Señor, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para conocer la diferencia”.
P: Supongo que tú la practicas en tu día a día...
R: Sí, en mi día a día la practico a través de la meditación, que llevo practicando más de una década, y volviendo una y otra vez a la misma pregunta: ¿esto depende de mí? Cuando depende, actúo lo mejor que puedo y sé. Cuando no, intento soltar y aceptarlo. No siempre lo consigo, no estoy diciendo que sea fácil. Pero no cultivar esta sabiduría te hace la vida mucho más difícil. Lo sé por experiencia, porque he estado en ambos lados. Al final, la serenidad se trabaja como un músculo, y los días duros recuerdan que uno nunca termina del todo de ser un aprendiz.
P: ¿Qué es lo que llama más a la gente ahora mismo del estoicismo o aquello que más te suelen pedir para que hables en tu podcast?
R: Lo que más me piden tiene que ver con la incertidumbre: cómo vivir bien sin garantías, cómo experimentar alegría cuando no sabemos lo que va a suceder, cómo no hundirse cuando las cosas no salen como uno había imaginado. También me preguntan mucho por la ansiedad, que está muy relacionado con la incertidumbre y la locura del mundo en el que vivimos. Por los pensamientos que dan vueltas y vueltas, especialmente de madrugada, por la dificultad para descansar. Vivimos en un mundo muy veloz y la gente busca herramientas que la devuelvan al aquí y al ahora. Los estoicos las tienen, y son prácticas y simples de aplicar. Esa sencillez, creo, es lo que más atrae. Te dan algo que puedes aplicar mañana mismo en la cola del supermercado o en una reunión complicada. No tienes que irte a meditar diez días a una montaña, lo puedes aplicar ahora mismo.
P: ¿Recuerdas cuál fue aquel primer aprendizaje de ellos que interiorizarse?
R: El primero que recuerdo haber hecho de verdad mío es la dicotomía del control. Sé que me estoy repitiendo, pero es que es el principio fundamental. Si uno no es capaz de entender y practicar este, quizás no debería seguir leyendo porque es la idea que vertebra toda la filosofía. Lo aprendí leyendo a Epicteto, que lo formula con una facilidad asombrosa al inicio del Enquiridión: hay cosas que dependen de nosotros y cosas que no dependen de nosotros.
Sé que suena obvio cuando se lee. Uno puede incluso pensar que es una tontería muy básica. Pero cuando empiezas a aplicarlo te das cuenta de que no es tan fácil. Primero, empiezas a ser consciente de la cantidad de energía que gastas en lo que se escapa por completo a tus manos, y de lo poco que dedicas a lo único en lo que puedes centrarte, que son tus juicios, tus deseos y tus acciones. Y yo creo que ocurre porque es un acto de responsabilidad enorme. Siempre es más fácil, y más cómodo echar la culpa al otro o a las circunstancias que mirar qué puedes hacer tú. De largo, es la herramienta más útil que conozco para no perder el norte cuando las cosas se complican.
P: La filosofía ha vuelto a nuestras vidas y redes sociales como IG o TikTok hacen que hablemos de nuevo de las grandes figuras como Platón o Aristóteles. ¿Qué es aquello que resuena más para ti en estos días para que la filosofía vuelva a atraer a los jóvenes?
R: Creo que vuelve porque la gente joven busca valores y sentido en sus vidas. Las redes, mal utilizadas, les ofrecen mucho ruido, mucha velocidad y muchas promesas fáciles. Con el tiempo, se dan cuenta de que no vale para nada. Al final del día uno necesita algo más sólido a lo que agarrarse, y la filosofía lo es. De lo contrario, no habría superado el test del paso del tiempo.
Creo que la filosofía clásica tiene una virtud poco habitual, pero fundamental para su resistencia a desaparecer, que es que no promete nada que no pueda cumplir. No te garantiza que vayas a ser feliz, te enseña a pensar mejor sobre la felicidad. Cuando piensas mejor sobre la felicidad, se empiezan a abrir caminos que antes no existían. La filosofía tampoco te vende un milagro. No te dice que pienses en la abundancia y que la vas a atraer. Pero te ofrece una manera de habitar el mundo, que es mucho más robusto.
Siempre digo que continúa resonando además porque los problemas humanos son los mismos de siempre. Si preguntas a Sócrates, Platón o Aristóteles que es un iPad o un canal de YouTube, no sabrían responder. Pero podrían darte una 'masterclass' sobre el miedo y el valor, el deseo y el sufrimiento, la rabia y la serenidad, el amor y la pérdida. Y esto engancha porque te das cuenta de que no estás inventando tu vida desde cero, que otros antes que tú lidiaron con lo mismo y dejaron escrito cómo lo afrontaron. Es increíble.
"La filosofía no te garantiza que vayas a ser feliz, te enseña a pensar mejor sobre la felicidad"
P: El libro está planteado por meses y por enseñanzas estoicas, ¿verdad? ¿Cómo las seleccionaste?
R: 'Los 12 pilares de la filosofía' está pensado para acompañar un año entero. Doce pilares, uno por mes, y una enseñanza para cada día. Trescientas sesenta y seis en total, una página al día. Un aforismo, una interpretación del mismo, y una propuesta práctica para ese día. La idea era ofrecer un libro que se viviese, que pudieras llevar contigo durante doce meses y que te diera cada mañana una herramienta concreta para usar ese día. Llevo más de siete años recopilando aforismos y sólo he tenido que ir recogiéndolos y agrupándolos, aunque esto último ha sido lo más complicado. Para elegir los doce pilares me hice una serie de preguntas: ¿Qué necesito yo? ¿Qué grandes ideas, si las llevase dentro de verdad, me cambiarían la vida? ¿Cuáles no tienen tanta importancia en mi vida y en la filosofía? De ahí salió la lista.
P: ¿Qué contiene?
R: Aparecen los grandes ejes del estoicismo (la disciplina, la percepción, el coraje frente al miedo, la resiliencia y la atención al momento) y aparecen también aprendizajes de otras tradiciones filosóficas que llevan años acompañándome, como la compasión, la paciencia y la apreciación.
Tenía claro que quería que el lector terminase el año con doce herramientas trabajadas en sus manos. Por eso cada pilar se desarrolla día a día, con ejemplos, ejercicios y reflexiones para llevarlo al terreno de la vida cotidiana. De ahí, lo que comentaba en la primera pregunta: que la filosofía es para ser vivida y practicada. Si no, no cura el alma.
P: Marco Aurelio y Epicteto son dos de las figuras más populares del estoicismo, pero seguro que hay menos conocidas igual de interesantes. ¿Me podrías hablar de alguno de los menos conocidos que también sean importantes para ti?
R: Te diría dos. El primero, Musonio Rufo. Fue el maestro de Epicteto, y le llamaban 'el Sócrates romano'. No es poco. Lo que me fascina de él es lo lejos que llevaba la filosofía, la ponía en todos los temas de conversación posibles. Hablaba de la comida, del matrimonio, de la educación de los hijos, de cómo vestirse. Defendía, en pleno siglo I, que las mujeres también debían estudiar filosofía. Hoy está claro, pero en la época había que ser muy valiente para decir eso.
El segundo, Hierocles. A él le debemos los famosos "círculos concéntricos", que se conocen como Oikeiosis. La imagen es muy visual, práctica y sencilla de entender y practicar. Primero, en el círculo más pequeño, se pone uno mismo en el centro. En el siguiente círculo, la familia más cercana. Luego los amigos, después los conciudadanos, y al final la humanidad entera. Por supuesto, si alguien así lo considera, se pueden incluir los animales. Lo interesante es que él proponía ir acercando los círculos de manera bidireccional. Empiezas por ti y vas hacia afuera. Intentando mejorar tu pequeño círculo interior, y después los siguientes. En la otra dirección, se refiere a la idea de tratar al desconocido como tratarías a un amigo cercano. Una idea de hace casi dos mil años que sigue sirviendo hoy para pensar en la compasión, en la comunidad y en el cosmopolitismo.