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Una experta en conducta alimentaria, sobre cuándo hay que preocuparse: "Si salirse de lo planteado con la comida genera malestar hay que pedir ayuda"

Una chica comiendo triste
Una chica comiendo triste. KAROLINA GRABOWSKAKABOOMPICS/Pexels
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Muchos nutricionista y psicólogos han alzado la voz contra la cultura de la dieta, pero llega el verano y de nuevo volvemos a encontrarnos con los mismos mensajes para sobre la "operación bikini" y la necesidad de adelgazar o controlar el peso. Es más, hay personas que temen esta estación del año porque implica mostrar más el cuerpo, uno con el que habitualmente no se sienten a gusto. Comer con culpa es un síntoma de que no tenemos una relación sana con la alimentación, pero ¿qué es y cómo podemos darnos cuenta? El lenguaje interno, cómo nos hablamos al comer, puede ser una buena señal para identificar si a la hora de comer nos sentamos dos o más invitados a la mesa: el plato, la culpa y tú.

Por ejemplo, cuando comes algo que sabes que nutricionalmente no es lo más adecuado posible, te lamentas, te sienta mal o te lo comes avergonzada. Pensar en comida basura, "porquerías" , comida que engorda o que no engorda cuando comemos ese tipo de alimentos no ayuda para nada, sino que nos censura y reprime. Es lógico que determinada comida genere placer y, que de vez en cuando, nos permitamos disfrutarla.

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¿Qué significa, entonces, comer con culpa? ¿Cuándo hay signos de alerta? Esto es lo que nos contesta Julia Palacios, farmacéutica y dietista-nutricionista especializada en conducta alimentaria. Su trabajo se aleja de los enfoques normativos y reduccionistas para poner el acento en la comprensión, el contexto y la toma de decisiones informadas, siempre desde una mirada práctica y sostenible; de ahí que haya escrito un libro que nos viene perfecto para el momento en el que nos encontramos: a las puertas del verano. 'Mucho más que pechuga y lechuga' (Bruguera, 2026) desgrana a la perfección esos sentimientos que se generan frente a un plato. ¿Alguna vez te has sentido "sana" por pedir una ensalada y "fatal" por comerte un postre? ¿O has pensado que una sesión de gimnasio "arregla" la pizza del viernes? Pues ahí es donde hay que poner la lupa.

"La culpa es una emoción que nos hace creer que hemos infringido un estándar ético o moral. Comer con culpa es pensar que hemos hecho algo malo al comer ciertos alimentos, cantidades, de ciertas formas o en ciertos momentos. Comer es una necesidad básica, si no comemos nos morimos. Biológicamente hablando no tiene ningún sentido comer con culpa (¿te imaginas sentir culpa por respirar o por hacer pis?). Sin embargo, hoy en día la culpa se sienta a la mesa en demasiadas ocasiones porque hay tanto desconocimiento y tantas dudas que no tenemos confianza en nosotras mismas y en lo bien que funciona nuestro cuerpo", explica a la web de 'Informativos Telecinco'.  

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Para ella, uno de los principales signos de alerta es que la comida y lo que la rodea (qué comer, cuánto comer, con quién, dónde…) sea un quebradero de cabeza, que ocupe mucho tiempo y nos suponga invertir demasiada energía. "También cuando hay rigidez y salirme de lo planeado me genera malestar… Sin duda, creo que ahí debemos pedir ayuda porque, aunque esté normalizado, no es normal y se puede vivir de otra forma".

Mantener una relación sana con la comida es, por lo tanto, disfrutarla con tranquilidad. "Si te cuesta entender esto, piensa qué sería para ti una relación sana de amistad, de pareja o cualquier otro vínculo social. Muy probablemente haya muchos adjetivos en común entre ellas y estos también deberían estar presentes en tu relación con la comida si es sana. Se trata de construir un vínculo amable y flexible. En cuanto a los primeros pasos, te diría que observarnos, cuestionarnos y reaprender patrones automatizados que no nos hacen bien. A veces necesitamos ayuda de profesionales para todo esto, al igual que si nos rompemos una pierna necesitamos que un médico la revise".

Como decíamos, con la llegada del verano muchas personas empiezan a hacer dieta y restringir determinados alimentos, por lo que ella asegura que si no es la primera vez que les pasa quizá es el momento de probar algo distinto, que no sea desde el castigo o el reproche. "Hay otra forma de vivir más allá de hipervigilar nuestro cuerpo. Puede que no hayan hecho una única dieta en su vida, igual incluso las han hecho todas: de batidos, la keto, ayuno, la de la piña… Si todas nos han vuelto a traer a este punto, igual merecemos probar algo diferente. Igual hay que sanar algo más profundo en vez de quedarnos en la superficie", sugiere.

Cómo organizar mi alimentación huyendo de las dietas

Es posible que ese sentimiento de culpa del que hablamos, crezca cada vez que te metas en redes sociales. Si eso ocurre, quizá es el momento de revisar las cuentas a las que sigues y revisar el contenido. "Debemos entender que las redes sociales son ocio, no son una enciclopedia. Les interesa que te quedes, no cuidar tu salud. Puede que nos den una perspectiva que no habíamos valorado y que nos ayude a hacer “click” al igual que puede hacer esto mismo una conversación con una amiga o con un desconocido en la cola del súper, pero de ahí a que tengamos que seguir estos consejos al pie de la letra hay un mundo. Además no podemos perder de vista que determinados nutricionistas, deportistas y/o psicólogos utilizan sus redes como estrategias de márketing de su negocio, así que lo que verdaderamente quieren es venderte algo, no ayudarte de forma altruista. Como consumidores, no podemos perder esto de vista", añade Julia Palacios.

Por lo tanto, ¿cómo puedes organizar tu alimentación en verano y todo el año sin que te genere culpa? Hay personas a las que les gusta más improvisar cada día, a otras que les genere más tranquilidad tenerlo todo más controlado. Escoge con lo que te sientas más cómoda y, a partir de ahí, visualiza el lugar que ocupa la hora de comer para ti: si es con prisas y de cualquier manera o si te das tiempo y espacio para comer tranquilamente. Lo ideal sería lo segundo. Analiza cuál es la parte que te cuesta más: preparar la comida, planificar comprar, comer, etc. A partir de ahí, pide ayuda si lo crees necesario. "Hay muchas maneras de organizar la alimentación sin necesidad de seguir un menú al pie de la letra. La planificación debe ser una herramienta flexible, que se adapte a tus tiempos, a tu energía y, sobre todo, a tu realidad. Al final, se trata de encontrar la fórmula que te facilite comer suficiente, variado y placentero sin que se convierta en una carga", subraya en su libro 'Mucho más que pechuga y lechuga' (Bruguera, 2026), Julia Palacios.

A partir de ahí, estas son algunas de sus ideas:

  • 'Batch cooking' relajado: en lugar de definir platos cerrados, prepara bases (legumbres, verduras asadas, proteínas cocidas, cremas de verduras, salsas sencillas y aliños...) y combínalas libremente durante la semana.
  • Planifica aquellas comidas que sean necesarias: las del trabajo, los desayunos o las cenas, por ejemplo. Puedes improvisar el resto.
  • Haz una lista de opciones o platos que te gusten más, que sabes preparar o que te sean más fáciles.
  • Revisa tu despensa y organízala antes de ir a comprar.

Sobre las raciones y la organización de los alimentos en el plato. ¿Qué recomienda esta experta en conducta alimentaria? Un plato interesante a nivel nutricional debe contener verduras y hortalizas, ya sean crudas o cocinadas; fuentes de hidratos de carbono que son tubérculos y cereales; fuentes de grasa, como son aceite de oliva, frutos secos, aguacate... Así como fuentes de proteína, que son legumbres, pescado, huevo, carne... Y lo más importante es no tener que escoger un alimento de cada grupo sino hacer las mezclas que nos apetezcan.