El debate definitivo sobre el calzado de oficina en verano: ¿sandalias sí o no?
Las sandalias pueden ser una opción muy válida si son elegantes, discretas, están limpias y cuidadas y son adecuadas para el entorno laboral
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Madrid“¿Se puede ir a trabajar con sandalias?” Esta es la pregunta que se vuelve verano tras verano a las oficinas. La respuesta corta es: depende; pero la larga es bastante más interesante y va a depender de cómo es la empresa, el nivel de formalidad, el modelo de sandalia, el estado de los pies, la agenda del día y la imagen profesional que se quiera proyectar.
Durante mucho tiempo, el calzado abierto se ha considerado demasiado informal para un entorno laboral. El zapato cerrado era la mejor opción: salones, mocasines, bailarinas, zapatos planos estructurados o en el caso masculino, el tradicional zapato de vestir. No obstante, los códigos de vestimenta de oficina han cambiado mucho. El teletrabajo, la flexibilización de la vestimenta, el auge del “business casual” y los veranos cada vez más calurosos han obligado a cambiar ciertas normas.
Pero, no todo vale. Una cosa es llevar una sandalia elegante, limpia y bien integrada en un conjunto profesional y otra muy diferente es aparecer con chanclas de piscina, sandalias de goma o calzado que es más de playa que de trabajo.
Sandalias sí, pero no cualquiera
La palabra “sandalia” es muy amplia. Bajo ese término caben desde unas mules de piel sofisticadas hasta unas chanclas de plástico. También pueden entrar sandalias de tiras, de tacón bajo, de pescador, de plataforma, de dedo, minimalistas, joya, planas, deportivas o de goma. Todas son sandalias, pero todas no dicen lo mismo.
En una oficina, la pregunta no debería ser solo si el pie queda al aire, sino qué imagen está proyectando el calzado. Una sandalia bien estructurada, en piel o materiales cuidados, con un buen acabado y diseño discreto, puede funcionar en muchos entornos profesionales durante el verano. Sin embargo, una chancla de piscina, una sandalia demasiado playera o un modelo que está visiblemente desgastado, suele quedar fuera del código laboral. La diferencia está en la intención.
El contexto manda más que la tendencia
Uno de los errores más frecuentes cuando se habla de moda de oficina es querer encontrar una regla universal. Pero no existe. Una agencia creativa, una editorial de moda, una startup tecnológica, un despacho de abogados o una clínica privada no comparten el mismo código.
En entornos creativos o más relajados, las sandalias pueden estar perfectamente aceptadas si se combinan con intención. En oficinas más tradicionales, puede que aunque se escoja una sandalia elegante, el look final resulte demasiado informal para ese contexto. Por eso, antes de pensar si sandalia o no, se debería observar cómo es la cultura de empresa: cómo visten los responsables, qué llevan las personas que tienen contacto con clientes y qué nivel de formalidad se espera.
También importa la agenda, es decir, no es lo mismo un día en el que se va a estar en la oficina haciendo trabajo interno, que otro en el que hay una presentación con clientes, una entrevista, una reunión institucional o una comida profesional. Incluso si en la oficina se permiten sandalias, hay días en los que un zapato cerrado sigue siendo la opción más segura.
Hay modelos de sandalias que suelen funcionar mejor que otros. Por ejemplo, unas mules planas o de tacón bajoson una de las opciones más elegantes porque cubren parte del pie y mantienen una línea pulida. Las sandalias de tiras finas, también pueden ser una buena opción si son discretas y de buena calidad, ya que pueden funcionar muy bien con pantalones de vestir, faldas midi o vestidos sobrios.
Las sandalias de pescador han ganado mucho terreno porque tienen algo muy útil: combinan ventilación con un pie más cubierto que una sandalia convencional. Por eso, pueden ser una alternativa muy interesante para aquellos que quieren frescura sin enseñar demasiado. Combinadas con pantalones de pinzas, bermudas sastre, vestidos camiseros o faldas midi pueden quedar genial.
Las sandalias de tacón bloque también son una gran opción. Aportan un poco de altura, estabilidad y una imagen más formal que una sandalia plana demasiado ligera. El tacón no tiene que ser alto; de hecho, para trabajar suele ser mejor que sea cómodo y estable.
Zapatos planos
Para quienes no se sientan cómodas enseñando los pies o trabajan en un entorno más formal, pueden optar por los zapatos de verano como las bailarinas, las Mary Jane, los mocasines ligeros, los slingbacks o los zapatos de rejilla que pueden aportar frescura sin perder estructura.
Las bailarinas de malla se han convertido en una alternativa muy presente, ya que son ligeras, dejan respirar el pie y, a la vez, mantienen una silueta más cerrada que una sandalia. Los slingbacks también resultan muy favorecedores al dejar el tacón al aire, pero conservan una imagen más formal que una chancla o una sandalia muy abierta.
El estado del pie es importante
Este es un punto importante, pero también delicado. Si se lleva calzado abierto en la oficina, los pies están expuestos. Esto implica cierto cuidado: las uñas deben estar cuidadas, los talones hidratados y deben verse aseados. Los pies también forman parte de nuestra imagen y pueden decir mucho.
Una sandalia elegante puede perder todo su efecto si el pie está descuidado. Igual que un calzado puede ser muy bonito, pero si está sucio, desgastado o deformado transmite falta de atención. En verano, al llevar prendas más simples, estos detalles son más importantes.