Comer fruta después de comer no engorda más: el mito nutricional que los dietistas quieren enterrar
Lo importante no es el momento del día en el que se toma la fruta, sino el conjunto de la alimentación, la cantidad y la calidad de la dieta habitual
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MadridLa fruta no engorda más por comerse después de comer. Una manzana tiene prácticamente la misma energía, la misma fibra, el mismo contenido en agua, las mismas vitaminas y los mismos minerales tanto si se toma antes del plato principal como si se toma al terminar. Lo que cambia no es la fruta, sino el contexto: qué se ha comido antes, cuánta cantidad se toma, con qué frecuencia y qué lugar ocupa dentro de la dieta habitual.
Los dietistas y nutricionistas llevan años intentando desmontar este mito. No porque la fruta sea mágica ni porque se pueda comer sin ningún tipo de criterio, sino porque eliminarla del postre por miedo a engordar puede llevar a decisiones peores: sustituirla por dulces, yogures azucarados, helados, bollería o simplemente reducir el consumo de un alimento que se recomienda comer a diario.
El mito: “si la comes de postre, engorda más”
La idea de que la fruta engorda más después de comer parte de una confusión muy común: pensar que el cuerpo procesa un alimento de manera totalmente distinta según el momento exacto en el que se consume. La realidad es que el organismo digiere y absorbe los nutrientes de acuerdo con procesos fisiológicos complejos, pero no convierte una fruta en un alimento más calórico por el simple hecho de tomarla al final de una comida.
Una pieza de fruta aporta una cantidad determinada de energía. Esa energía no aumenta por comerse a las dos de la tarde, a las cinco, antes de cenar o como postre. Lo que sí determina esa ganancia o pérdida de peso a largo plazo es el conjunto de la alimentación, el gasto energético, el estilo de vida, el sueño, la actividad física, la salud metabólica y otros factores, no el orden exacto en el que aparece una fruta dentro de un menú.
Algo distinto es que tomar la fruta antes de comer pueda ayudar a algunas personas a llegar con menos hambre al plato principal, por su contenido de agua y fibra. En ese caso, sí que puede ser una estrategia útil para controlar la cantidad total de comida. Pero no quiere decir que tomarla después sea perjudicial.
Uno de los argumentos que más alimenta la confusión es el azúcar. Es cierto que la fruta contiene azúcares naturales, principalmente fructosa, glucosa y sacarosa en diferentes proporciones según la variedad. Pero esos azúcares están dentro de una matriz alimentaria que incluye agua, fibra, vitaminas, minerales y otros compuestos beneficiosos.
No es lo mismo el azúcar que tiene una naranja entera que el azúcar que puede contener una galleta, un refresco o un postre individual. Tampoco es lo mismo comer una fruta entera que beber un zumo. En la fruta entera, la fibra ralentiza la absorción, aumenta la saciedad y obliga a masticar. En el zumo, aunque sea natural, se elimina buena parte de esta estructura, bebiéndose más rápido, saciando menos y concentrando los azúcares libres.
La fruta como postre es una buena elección
Terminar la comida con algo dulce o fresco forma parte de nuestra cultura gastronómica. Para muchas personas, el postre es casi un cierre obligatorio en la comida. El problema no es querer o no postre, es qué se escoge de manera habitual.
Desde ese punto de vista, la fruta como postre tiene mucho sentido. Aporta dulzor natural, agua, fibra, vitaminas, minerales y compuestos antioxidantes. Además, puede desplazar opciones menos interesantes desde el punto de vista nutricional, como son los postres lácteos azucarados, tartas, galletas, helados o bollería.
Esto no quiere decir que una tarta o un helado no se pueda disfrutar nunca. La alimentación saludable tiene espacio para lo ocasional. Pero cuando se habla del día a día, cerrar la comida con una pieza de fruta suele ser una de las opciones más sencillas y recomendables.
De hecho, ese miedo de que la fruta engorde resulta paradójico porque algunas personas la evitan después de comer, pero luego escogen otros productos más calóricos y menos saciantes.
Cómo escoger la mejor fruta
La mejor fruta siempre es la que se come. Priorizar fruta fresca y de temporada suele ser una buena idea porque está en mejor punto de sabor, también puede resultar más económica y encaja mejor con una alimentación sostenible. Variar colores y tipos también ayuda a obtener diferentes nutrientes y compuestos beneficiosos.
La fruta entera debería estar por delante de los zumos, siempre. Los batidos o smoothies pueden conservar parte de la pulpa, pero siguen saciando menos que la pieza entera y pueden hacer más fácil consumir más cantidad sin darnos cuenta. La fruta desecada, como pasas, dátiles u orejones, puede ser interesante en pequeñas cantidades, pero concentra más energía y azúcares por volumen, así que no equivale exactamente a una pieza fresca.
También se debe evitar convertir la fruta en un postre menos saludable por los añadidos, es decir: poner nata, azúcar, siropes, chocolate o cremas dulces. Esto puede hacer que cambie mucho el perfil del plato.