Lucía, campeona del concurso de Trapagaran de arrastre de piedras por caracoles: “Le entreno en el fregadero de la cocina para que vaya preparado”

El singular campeonato de la localidad vizcaína reúne el 1 de mayo a casi un centenar de caracoles arrastrando un peso de 240 gramos
El récord lo estableció un molusco en 2019: avanzó 48 centímetros en 10 minutos
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BilbaoLos caracoles más forzudos y rápidos de Euskadi se dan cita en Trapagaran el 1 de mayo en una carrera popular de “arrastre de piedras” que cumple este año la XXXI edición.
La competición, que reúne a cerca de un centenar de participantes, surgió por una de esas casualidades que se merecen contar.
Los integrantes del grupo del grupo de Danzas Izarra estaban ensayando en su local, cuando, de repente, se percataron de que una alpargata se movía sigilosamente.
Un caracol era el responsable del extraño fenómeno. “Se había enganchado a los cordones y lo iba arrastrando poco a poco. De broma empezaron a discutir sobre cuánto sería capaz de arrastrar y empezaron a hacer pruebas”, cuenta Alazne Gómez, del Club Zaballa, encargado de la organización.
La primera carrera oficial del concurso se disputó en 1981. Hubo años en que no pudo organizarse (entre 1990 y 1999) y otros dos se suspendieron por motivo de la pandemia.
Las reglas del campeonato
En realidad, el molusco no carga con una piedra “de verdad”, sino con una especie de pequeño paquete de madera cubierto por láminas de plomo que pesa 240 gramos.
El invento se ata a un cordel y éste se pega con “una gotita de pegamento” en la concha.
Una vez preparado, los participantes son colocados sobre una tabla, y, cuando se da el pistoletazo de salida, tienen 10 minutos para hacer el recorrido.
Gana el que más distancia sea capaz de hacer en este tiempo.

El reto es superar los 48 centímetros que un colega recorrió en 2019, récord de la competición.
Difícil, los participantes son muy caprichosos y, a veces, “hacen oídos sordos” a las instrucciones de sus entrenadores.
“No se les obliga, únicamente se les anima. Algunos no se mueven, otros se dan la vuelta, son capaces de subirse a la piedra de arrastre y no falta el que invade el carril del contrario”, explica Alazne, entre risas.
