Cárcel

Presos de cárceles vascas logran 'escapar' de su realidad con unas gafas virtuales que les llevan a la playa

Una persona se prueba unas gafas de realidad virtual.. Europa Press
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Vitoria-GasteizTras los muros de una prisión, “todos los días son iguales”, “el tiempo pasa muy lentamente” y “todo está super estructurado”, quien habla es Brais Varela, responsable del programa de Cruz Roja en centros penitenciarios de Euskadi. Allí, tan cerca y tan lejos del ajetreo diario del resto de la sociedad, muchos llevan años viendo las mismas caras y “el mismo horizonte”. ¿Se imaginan poder por un rato escapar del hormigón carcelario, el estrés y la ansiedad, para ver y escuchar el mar o pasear por un paisaje de montaña? Eso es lo que han podido experimentar varios internos sin ni siquiera poner un pie fuera de la cárcel. Las actividades son "muy importantes" en prisión.

Así, en el centro penitenciario alavés de Zaballa, gracias al taller de gafas de realidad virtual puesto en marcha por Cruz Roja, varios internos del módulo de enfermería 'escaparon' de su realidad con el simple gesto de ponerse unas gafas. Eran personas “que llevaban mucho tiempo sin libertad o diagnosticadas con alguna enfermedad mental”, apostilla Varela. Este es solo uno de los 15 talleres que ofrece Cruz Roja desde 2024 en las cárceles de la Comunidad Autónoma Vasca, dentro del programa 'Talleres', al que se suman otros dos programas: 'Atención a personas migrantes' y la 'Gestión de viviendas de acogida'.

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En grupos pequeños, “porque solo tenemos dos gafas”, se persigue la gestión de las emociones y de la creatividad, la relajación y el control de los impulsos. “Hay una experiencia con las gafas virtuales que tiene mucho éxito y es la de una habitación vacía que pueden ir pintando con diferentes colores”, puntualiza Brais que ha visto, cómo tras quitarse las gafas, queda el brillo en los ojos y las sonrisas en los rostros de los presos que han experimentado la realidad virtual y que “al acabar, siempre piden más”.

Salir mejor de como se entró

Voluntarios y profesiones de otras áreas de Cruz Roja traspasan voluntariamente esos muros para acompañar a los internos en la adquisición de habilidades y en la prevención de la reincidencia. El objetivo es que personas “con vidas rotas”, que han ingresado en prisión, salgan tras la condena mejor de lo que entraron. Un objetivo que “no siempre se logra, pero se consigue muchas veces”. “Tras su estancia en prisión van a volver a la comunidad y lo que intentamos es prevenir la reincidencia”, añade.

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Los presos que cumplen condena en alguna de las tres cárceles vascas: Zaballa (Álava), Basauri (Vizcaya)o Martutene (Guipúzcoa), cuentan desde 2024 con la posibilidad de inscribirse a algunos de los talleres diseñados por esta organización y avalados y financiados por el departamento vasco de Justicia y Derechos Humanos, entre los que figura el de las gafas virtuales.

Con una duración media de dos horas, los internos pueden realizar desde cursos de prevención en enfermedades de transmisión sexual a uno sobre alimentación sostenible, gestión financiera, primeros auxilios o ‘Cómo no hacer ruina’.

La función de la cárcel como sistema para reintegrar a los presos a la sociedad no es una utopía para Varela que ha visto como “la cárcel a veces les permite parar a aquellos que vienen de situaciones de extrema vulnerabilidad y exclusión”. Ese reseteo, es una especie de “parar y reparar” para ellos, en el que juega un papel fundamental “trabajar la parte humana”.

En 2024, se organizaron 36 talleres en los que participaron 164 internos de las tres cárceles, en 2025 fueron 37 talleres (13 en Álava, 12 en Vizcaya y otros 12 en Guipúzcoa) y tomaron parte más de 200 personas, entre condenados y presos preventivos. “Organizar actividades dentro de la prisión es importante”, remarca Varela que apunta a que la vida institucionalizada es más activa de septiembre a junio, “pero cuando llega el verano baja la actividad”. De ahí, que Cruz Roja planifique la mayoría de sus talleres para esos meses estivales y los dirija “a toda la población penitenciaria”. Este último año se han ofrecido 15 talleres:

  • Prevención de enfermedades de transmisión sexual
  • Prevención de conductas de riesgo
  • Salud sexual (en Álava se ha hecho uno para mujeres y otro para hombres)
  • Salud bucodental
  • Primeros auxilios (muy buena acogida sobre todo en reclusos del programa de prevención del suicidio)
  • Finanzas saludables / Finanzas personales
  • Cómo no hacer ruina
  • Alimentación consciente
  • Salud emocional
  • Gestión financiera y hábitos saludables
  • Sexualidad y prevención VIH e ITS
  • Habilidades sociales
  • Activación de empleo / Habilidades laborales básicas
  • Gafas realidad virtual (sirve para relajación. Muy buenos resultados en módulos más movidos)
  • Igualdad

Cruz Roja cuenta con otros dos proyectos, además de los talleres: atención a personas migrantes y la gestión de viviendas de acogida para presos en Tercer Grado. En el primero de ellos, el objetivo es colaborar con la administración penitenciaria para detectar y paliar las vulnerabilidades derivadas del proceso migratorio, agravadas por la privación de libertad. En este sentido, se trabaja el apoyo emocional y el restablecimiento, por ejemplo, del contacto familiar, hasta la tramitación de documentación, renovaciones de permisos y acompañamiento en gestiones consulares.

Varela inmerso ahora en la evaluación del trabajo realizado hasta el momento y en la planificación de los dos próximos años. Para 2026, la propuesta pasa por consolidar el enfoque educativo centrado en la salud, higiene, convivencia y autocuidado; en implementar la adquisición de habilidades para la gestión emocional, hábitos saludables, resolución de conflictos y la convivencia positiva; además, de mantener los talleres más exitosos y que favorezca la mejora psicosocial y personal.