Leyre Urigüen, la neurobióloga que crea mini cerebros con células del epitelio olfativo de personas con enfermedades mentales: "Es un avatar del paciente en el laboratorio"
La investigación en Salud Mental se enfrenta a tabúes, escasa financiación y a la dificultad de acceder al cerebro
Jaione, hija de una mujer diagnosticada de Huntington: "Sentí alivio, lo que ocurría en casa no era por mi madre sino por la enfermedad"
BilbaoLa neurobióloga vasca Leyre Urigüen, investigadora de la Universidad del País Vasco (EHU), el Instituto de Investigación Sanitaria Biobizkaia y el CIBER de Salud Mental (CIBERSAM), nos abre la puerta del laboratorio en el que ella y un grupo de alrededor de 15 investigadores estudian las enfermedades mentales, buscando respuestas a la pregunta, ¿Por qué ocurren?, y tratando de mejorar la farmacología: “Llevamos 50 años sin fármacos nuevos para el tratamiento de estas patologías, las medicinas actuales tratan los síntomas, pero no curan”, explica Urigüen.
Las barreras para acceder al cerebro, como se hace con otros órganos del cuerpo humano cuando enferman, es uno de los muchos obstáculos a los que se enfrentan los neurobiólogos a la hora de analizar su evolución, "tenemos pistas, evidencias de porqué ocurren las enfermedades mentales pero todavía no tenemos suficiente información". Leyre y su equipo han creado, a partir de células del epitelio olfativo de personas con enfermedades mentales, una especie de cerebros en miniatura que "son un avatar del paciente en el laboratorio".
La esquizofrenia, la depresión, el trastorno bipolar, adicciones a sustancias o las enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer, son algunas de las patologías que estudian estos profesionales. Lograr avances no es sencillo. Por un lado, porque el órgano enfermo es el cerebro y “no tenemos capacidad de acceder al cerebro, sin antes abrir el cráneo”, la caja ósea que lo protege.
Esa limitación de modelos, sumada al tabú que tradicionalmente se ha asociado a los trastornos mentales y a la dificultad de replicar en modelos animales este tipo de patologías dificulta la investigación en este campo de la ciencia, no exento, como en otros, de problemas de financiación. “Hacemos lo que podemos, con lo que nos dan”, argumenta.
Colección de cerebros
En el laboratorio de la Facultad de Medicina del campus vizcaíno de la EHU, cuentan con una colección de cerebros de personas que cuando fallecieron sufrían una enfermedad mental, desde hace años esos cerebros se estudian y comparan con los de sujetos sanos para comprobar en qué difieren unos y otros, en proteínas, genes o neurotransmisores. “El cerebro post mortem humano da mucha información” y es capaz de ‘contar’ al científico que lo analiza desde la enfermedad que sufría el sujeto al tratamiento que seguía. Sin embargo, “no podemos ver cómo hubiera evolucionado”. En su afán por obtener más información y hallar respuestas, se ha replicado en modelos animales, “pero los roedores están muy lejos de los seres humanos y modelar en un ratón la esquizofrenia, por ejemplo, es imposible”.
De ahí, que este grupo de investigadores haya dado un paso más creando unos mini cerebros, a partir de células del epitelio olfativo. Transformando esas células en neuronas, han creado una especie de “avatar del paciente” con el que trabajan en el laboratorio probando, entre otras cosas, los efectos de los fármacos.
El objetivo es obtener neuronas, extrayendo células de pacientes con enfermedad mental a través de un exfoliado nasal: “No es invasivo y no duele”, matiza Leyre, que explica que el procedimiento para obtener esos progenitores neurales es muy similar al que se realizaba durante las PCRs del Covid.
El cannabis y la esquizofrenia
Esos organoides de cerebro, o mini cerebros para el común de los mortales, permiten replicar de alguna manera el cerebro de la persona en el momento exacto, observando cómo se encuentra el órgano en los primeros momentos de la enfermedad, cuando ya está tomando fármacos y los efectos del tratamiento. Lo idóneo sería que estos cerebros en miniatura les permitieran observar el ciclo completo: desde el momento en que una persona está sana, al momento en el que le diagnostican una enfermedad mental y los efectos del tratamiento.
A pesar de las “muchas limitaciones” de estos organoides, a los que al contrario de lo que ocurre con el cerebro humano, “nosotros no podemos desarrollarlos con inputs externos”, es decir, “no podemos modelarlos, por ejemplo, dándoles cariño o haciéndoles sufrir bullying”, suponen un importante avance a la hora de desentrañar los misterios del insondable cerebro y la Salud Mental.
Leyre Urigüen estudió Neurobiología en la Universidad Complutense de Madrid y lleva 20 años en Farmacología “estudiando bases moleculares” y tratando de encontrar respuesta a la pregunta: “¿Qué pasa en el cerebro?” A lo largo de su trayectoria, ha identificado algunos factores de riesgo para el desarrollo de muchas patologías mentales. Uno de ellos, es el cannabis, “la droga ilegal más consumida a nivel mundial y también aquí en Euskadi”. Así, esta científica es tajante cuando advierte de que el consumo de cannabis, “precipita la esquizofrenia, una enfermedad que debuta en la adolescencia, en chavales vulnerables a padecerla”.
En una sociedad en la que las enfermedades mentales van en aumento, pero también en la que cada vez más se rompe el silencio que las ha rodeado tradicionalmente y se verbalizan, los investigadores ansían que, al igual que ocurre con otras enfermedades como el cáncer, también en el estudio de las patologías mentales se empiece a invertir más.