Iñigo Aranburu, el influencer de moda que sorprende con sus 'outfits' mientras despacha verduras por las ferias vascas: "Recibo muchos piropos mientras vendo lechugas"
El joven de 25 años es un habitual de las ferias de Ordizia y Lazkao donde despacha verduras cosechadas en el caserío familiar
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San SebastiánEs miércoles, el joven Iñigo Aranburu acaba de montar el puesto y aún le quedan por delante casi seis horas despachando verduras en su puesto de venta de la feria de Ordizia (Guipúzcoa). Entre baserritarras, pertrechados con chalecos acolchados y ropa térmica para hacer frente a tantas horas a la intemperie, Iñigo despunta atendiendo a su clientela con un ‘outfit’ poco habitual en el mercado: un jersey claro y un abrigo de paño beige anudado a la cintura. Este verdulero, en su acepción más literal, personifica la perfecta combinación de dos mundos tan, en apariencia, antagónicos como el mundo rural y el de la moda.
El influencer y estilista guipuzcoano disfruta eligiendo y combinando prendas de vestir y complementos, la moda es "mi pasión" y "visto sin complejos, como quiero", zanja con determinación el guipuzcoano. Vivir atento a las tendencias, a los estilismos y los cambios de temporada, no le impiden a este veinteañero mantener los pies en la tierra, en realidad, mantenerlos bien enraizados en la tierra que le ha visto nacer a él, a su familia, y también a las verduras y hortalizas que cultivan desde hace seis generaciones. Esas que van directas desde los terrenos del caserío familiar Biona, en Lazkao, a los mercados semanales de varias localidades guipuzcoanas.
Iñigo aprendió de su abuelo el oficio que hoy desempeña con desparpajo, tras el mostrador: cada lunes, en el mercado de Lazkao y los miércoles, en Ordizia: “Me encanta lo que hago, vendo verduras y a mucha honra”, señala.
Mundo rural y glamuroso
Firme en su convicción de que el mundo rural no tiene porque estar exento de estilo y glamour, a sus 25 años, este influencer, modelo y agricultor no renuncia a lucir "prendas especiales", mientras desempeña su trabajo entre puerros, acelgas, borraja, espinacas y brocolis.
Unos 'looks' que a nadie sorprenderían en las calles de una gran ciudad, pero que, para ser sinceros, en el mundillo agrícola dejan a la mayoría 'de pasta de boniato'. Un asombro que lejos de derivar en cuchicheos o miradas de soslayo, muchas veces, arrancan a sus clientas auténticos piropos: “Me encanta tu abrigo” y “qué mono vas”, son los últimos elogios que ha recibido mientras dispensaba una lechuga.
Claro que lucir así de estiloso tiene su 'aquel'. El propio Iñigo confiesa que la elección de la ropa que luce en su puesto ambulante, lejos de ser fruto de las prisas y la improvisación, requiere, como sus verduras y hortalizas, de tiempo y mimo, "están muy pensados". Viviendo en Euskadi, una de las variables que condiciona su 'outfit' es el tiempo, de ahí que la víspera de cada feria, el influencer consulte, con precisión inglesa, en su móvil la previsión meteorológica.
No es el único aspecto que condicionará la elección ya que “en la época del año en la que vendemos plantas, me veo limitado a prendas más troteras, porque te terminas manchando mucho de tierra”, explica. Su apuesta es la de conjugar "elegancia y comodidad", sin caer en el ‘sota-caballo y rey’ de la mayoría de la gente de su edad. En su armario no hay sitio para la manida ropa de monte o trekking que muchos jóvenes vascos de su edad usan a diario en pueblos y ciudades. Como buen amante de la moda, Iñigo dispone de una amplia y cuidada selección de prendas, entre las que escoger, pero de todas ellas, hay una que no la cambiaría por nada. Se trata de una americana beige “que fue de mi aita” y que “yo me pongo con un cinturón y la solapa subida”.
"Guapísimas a hacer la compra"
Su juventud y sus estilismos “son un buen reclamo” para vender verduras y hortalizas, un oficio que le mantiene “con los pies en la tierra” y que le permite recordar “de dónde vengo” y “qué es lo importante, lo esencial”, frente a un mundo, el de la moda, que pese a encantarle reconoce que es “mucho más tóxico”.
Como buen estilista, él no pierde la oportunidad de buscar inspiración o simplemente, echar un vistazo a las prendas de otros, en este sentido, no escatima en halagos hacia “esas señoras mayores de 70 años que se preparan para acudir al mercado de Ordizia con la filosofía de antaño de que este era un lugar de encuentro, para socializar", y lo hacen “viendo a la compra, especialmente guapas”, puntualiza: “Me fascinan”.