Garbiñe Insausti moldea en su taller las máscaras a las que luego insufla vida en el escenario: "Es increíble que unas caras rígidas puedan generar tanta empatía"

Con sus tres espectáculos de máscaras, Kulunka Teatro cumple 15 años con 1.000 funciones en más de 40 países
Las máscaras hiperrealistas arrasan en Japón y cambian la forma de disfrazarse
Vitoria-GasteizGarbiñe Insausti (Hernani, 1981) recuerda como desde muy pequeña andaba siempre “con las manos manchadas” de arcilla, en la tienda-taller de Bellas Artes que regentaba su madre. Años más tarde, aun sin formación específica, esta guipuzcoana muy de “lanzarse a la piscina incluso cuando no sabes si hay agua”, entró en un taller para empezar a dar forma a las máscaras que se han convertido en la seña de identidad de la compañía Kulunka Teatro, de la que Insausti es cofundadora junto a José Dault.
El primer espectáculo de la compañía vasca nació hace ahora 15 años, ‘André y Dorine’, una historia de amor en la vejez, que brotó como “un proyecto pequeño, hecho entre amigos” y ha acabado representándose más de 600 veces en 30 países distintos. La idea de hacer un montaje sin texto y sin rostro surgió, tal y como recuerda la actriz y compositora, “fruto de la intuición”. Los trabajos de algunas compañías inglesas y alemanas les sirvieron, entonces, de inspiración para representar esta historia universal con un lenguaje “muy poderoso” y capaz de “reconocerse por igual en China, en Colombia o en Euskadi”.
El proceso creativo de las máscaras, que hace la propia Garbiñe, parte de una primera escultura en arcilla de la que se obtiene un molde de silicona que dará paso a unas carcasa de escayola y, por último, surge la máscara final en resina de poliuretano. El proceso nunca es igual y “cada máscara tiene su propia historia”: algunas nacidas en un arranque de inspiración; otras, tras muchos intentos, “a veces es frustrante”, confiesa la guipuzcoana.
Algunas máscaras nunca salen del taller
Las hay que nunca llegan a salir del taller y es que “lo que sucede ahí dentro, se pone a prueba en los ensayos sobre el escenario”. A veces la máscara cuaja y otras no, por eso algunas esperan entre bastidores a que, tal vez un buen día, llegue su momento.

Bajo los rostros de resina de poliuretano, los actores en escena ven mermada considerablemente su capacidad de visión a través de los dos pequeños agujeritos abiertos en la máscara, también la manera de respirar se ve afectada, pero a cambio sus sentidos se agudizan para percibir “la emoción del público, algún que otro moqueo; la risa y, por supuesto, los silencios”. Porque esas “caras rígidas”, modeladas por las manos de Garbiñe, adquieren en escena “una fuerza tremenda para generar empatía” y conectar con los espectadores. Muchos, al término de la función, confiesan sin complejos “haber visto reir o llorar a la máscara”.
Tras ‘André y Dorine’ (2010), llegó ‘Solitudes’, en 2015, cuyo anciano protagonista se siente incomprendido porque ya sólo desea cosas sencillas, que los demás no llegan a valorar su verdadera importancia, pero lejos de resignarse, no renuncia a sus pequeños deseos y pelea por ellos con determinación y dignidad. Ocho años más tarde, ‘Forever’ (2023), la historia de cómo una familia se va alejando de lo que soñó que sería, tocando temas como la paternidad, la educación, la discapacidad, la sobreprotección, la sexualidad o la violencia. Estos son los tres espectáculos de máscaras de Kulunka Teatro que en estos 15 años de vida, “no han dejado de representarse” y a los que la compañía vasca suma otros textos más convencionales como ‘Edith Piaf. Taxidermia de un Gorrión’ y la propuesta teatral y musical ‘Hegoak’.
15 años y siguen representándose
1.000 funciones, 40 países: “A veces puede dar un poco de pereza volver a hacerlo, lo cierto es que el público siempre es diferente y en cada función la obra se redescubre”. Estos días Kulunka Teatro asume el “reto artístico” de representar estos tres montajes, en el Teatro Félix Petite de Vitoria, en el orden inverso al de sus respectivos estrenos: “Una vuelta paulatina al pasado, quizás para ver lo que hemos aprendido y también aquello que hemos ido perdiendo a lo largo del camino”.
Kulunka Teatro, esa compañía que hoy es “familia” y que “ni en nuestros mejores sueños” hubiera imagino su éxito nacional e internacional, con una propuesta tan diferente, ya cocina “a fuego muy muy lento” su próximo espectáculo de máscaras, mientras trabajan, de forma paralela, en un texto de Iñaki Rikarte que estrenarán el próximo mes de octubre.
