Aplausos y abrazos para despedir a dos médicos de urgencias del Hospital de Ourense tras más de 30 años: "Forman parte de nuestra historia”
Antonio y Belén llevan más de 30 años trabajando en el servicio de Urgencias del Hospital de Ourense
Sus compañeros quisieron despedirlos juntos entre aplausos después de una vida dedicada a "cuidar"
Ourense “Hay despedidas que no son un final, sino un legado que queda para siempre”. Con esta emotiva frase se despedían desde la gerencia del CHUO este pasado fin de semana de dos profesionales que han dedicado más de media vida a cuidar.
El pasado viernes, el Servicio de Urgencias del Hospital Universitario de Ourense se detuvo durante un rato por una buena causa. En los pasillos, decenas de compañeros esperaban a Antonio y a Belén. Entre todos, organizaron una sencilla despedida para los dos, un corredor lleno de aplausos, emoción y gratitud, que dedicaron a dos profesionales, que como recuerdan desde el CHUO, “ya forman ya parte de nuestra historia”.
Ambos se jubilan estos días y para ellos prepararon los compañeros una emotiva despedida. Antonio González Hierro, ourensano de nacimiento y de vocación, ha dedicado 41 años a la sanidad gallega. Desde sus comienzos, tras licenciarse en la Universidad de Santiago de Compostela, donde se dedicó a la atención primaria y también durante unos años en el Hospital de Valdeorras. Desde el año 2007, trabajaba como médico en el Servicio de Urgencias del CHUO. Antonio se despedía tras más de cuatro décadas de entrega, “de noches sin dormir, y de decisiones difíciles” y de “humanidad en cada paciente”, tal y como lo recuerdan sus compañeros del CHUO.
A su lado, le acompañaba Belén Nistal, otra doctora que ha pasado más de media vida dedicada a la sanidad. “Se nos van dos grandes profesionales y unas excelentes personas”, comentan sus compañeros, que esperan que disfruten de “tan merecida nueva etapa” que comienza ahora.
Belén Nistal nació en Ferrol y se crió en Gijón, pero siempre se ha sentido una “orensana de corazón” desde que empezó a trabajar en la ciudad, en el año 1989. En su trayectoria, primero pasó por el antiguo Hospital Santa María Nai, hasta la unificación del servicio de urgencias del CHUO, donde como recuerdan desde el centro, “ha dejado una huella imborrable”.
Una vocación que se queda "en cada rincón de estas urgencias"
En un servicio como el de Urgencias, donde no siempre el trabajo es fácil, y en un entorno donde el dolor casi siempre está presente, “ellos fueron mucho más que médicos: fueron calma en el caos, mano tendida, palabra justa en el momento preciso”. Con estas palabras emocionadas resumen sus años de entrega desde el CHUO. “Se pierden dos grandes profesionales, pero se merecen un descanso”, ha comentado alguno de sus compañeros estos años.
Este pasado viernes terminaba para ambos una intensa etapa profesional. Y las palabras de despedida estaban llenas de gratitud y cariño. “Gracias por tanto. Gracias por todo. Vuestra vocación queda para siempre en cada rincón de estas urgencias”, le han dedicado sus compañeros. Unos compañeros que les arroparon en su último paseo por el pasillo que tantos días recorrieron, entre flores, emoción y abrazos.