Un cierre motivado por la jubilación de la dueña del negocio después de más de 33 años de historia
Un proyecto que ha resistido a lo largo de los años a los cambios tecnológicos y los hábitos de consumo que transformaron la industria audiovisual.
Los videoclubs marcaron una época. Eran templos de historias por descubrir, cada estantería, cada carátula, prometía aventuras, risas, llantos y viajes imaginarios. El acto de alquilar una película tenía su propio ritual, el de recorrer los pasillos, mirar las portadas, consultar al dependiente sobre recomendaciones, registrar la fecha de devolución… todo ello formaba parte de la magia.
Este negocio que durante décadas fue un referente del ocio, comenzó a desaparecer a principios del siglo XXI debido a varios factores que transformaron por completo la forma de consumir cine. La expansión de la piratería permitió acceder a películas sin necesidad de alquilarlas, la llegada de plataformas de streaming ofreció catálogos completos al alcance de cualquier dispositivo, cambiando los hábitos de los espectadores.
Un negocio que marco una época
A todo esto, se sumaban los costes de mantenimiento de los locales y la disminución progresiva de la clientela que convirtieron el alquiler físico en un negocio cada vez menos rentable, provocando que muchos establecimientos cerraran o se reconvirtieran.
Pero a pesar de los malos tiempo que corrían, el videoclub Consolación, en Utrera, Sevilla, supo permanecer en el tiempo hasta ahora, cuando sus dueños han decidido bajar la persiana definitivamente, poniendo fin a una era que marcó la forma de disfrutar del cine en casa durante más de tres décadas.
Cierre por jubilación después de 33 años
Un cierre que coincide con la jubilación de María del rosario, responsable del negocio, que asegura que “es triste despedirse así, después de tantos años. Pero al mismo tiempo, es un orgullo haber podido mantener esto durante más de tres décadas”.
Ya desde hace semanas, un discreto cartel de “Se traspasa o se alquila” anuncia lo que muchos ya sospechaban, el fin de un negocio que se ha mantenido contra viento y marea, resistiendo los cambios tecnológicos y los hábitos de consumo que transformaron la industria audiovisual.
Inaugurado a comienzos de los años noventa en la calle Álvarez Hazañas y más tarde trasladado a su actual ubicación en la calle Santiago Apóstol, el Videoclub Consolación ha sido testigo silencioso de la historia reciente del entretenimiento. Durante casi 33 años, sus estanterías han albergado cientos de títulos de películas y videojuegos, ofreciendo a generaciones la magia de escoger una película para el fin de semana.
Una clientela que fue cambiando
“La clientela ha ido cambiando, y también la forma de consumir cine. Pero aquí seguimos hasta ahora, intentando mantener viva la tradición del alquiler físico”, recuerda María del Rosario. Con su despedida, desaparece no solo un comercio, sino un formato que durante décadas formó parte del ocio.
A pesar del declive de los últimos años, el Videoclub Consolación incorporó servicios complementarios para mantenerse, pero la demanda fue disminuyendo progresivamente. Su clientela, cada vez más mayor, ya no llenaba las estanterías con las mismas ganas de antaño.
En otros municipios, algunos antiguos videoclubs mantuvieron su nombre, pero abandonaron el alquiler para dedicarse a la venta de productos o artículos de segunda mano. El de Utrera resistió, aferrándose a su esencia original, convirtiéndose en un testigo solitario de un modelo de negocio que durante décadas fue habitual en toda Andalucía.
Último videoclub de Sevilla
Con su cierre, se pone fin a un capítulo de la historia cultural y comercial no solo de Utrera, sino de la provincia de Sevilla, el último videoclub desaparece del mapa, dejando tras de sí recuerdos de tardes frente a la pantalla, discusiones sobre qué película elegir y la emoción de recibir una carátula en mano.
El Videoclub Consolación cierra sus puertas, y con él, Sevilla y los más nostálgicos dicen adiós al último reducto de un modelo de ocio que marcó toda una generación.

