Le diagnosticaron un osteosarcoma con siete años, pasó por 54 ciclos de quimioterapia y 15 operaciones, y durante años le dijeron que no podría volver a hacer deporte
Hoy es campeón del mundo y de Europa de paracanoe, prepara su asalto a Los Ángeles 2028 e inspira a personas de toda la geografía con sus charlas de motivación
Hubo un momento en el que el principal rival de Nico Adega no estaba en el agua, estaba en una consulta médica y tenía forma de una palabra que escuchó durante años: “no”. No al fútbol. No al tenis. No al pádel. No al judo. No al tenis de mesa. El deporte parecía haber quedado atrás para aquel niño tan activo al que, con solo siete años, le diagnosticaron un cáncer en la rodilla: “Durante cinco años, a cada consulta que iba (que eran muchas) le preguntaba a los médicos por todos los deportes que se me ocurrían, y todos era descartados por el impacto que tendría que resistir mi prótesis”. Natación y bicicleta estática eran las únicas opciones que le proponían y que a Nico no lo seducían para nada. Hasta que llegó el piragüismo. Cuando le preguntó al médico si ese deporte podría practicarlo se llevó una muy grata sorpresa: “Esperaba lo de siempre y ese día me dijo que sí”, cuenta entusiasmado, así que sin saber lo que estaba por venir, le pidió a su madre que lo inscribiera en la actividad que lo sacaría para siempre de su rutina diaria y le haría sentirse como un niño más. Y desde entonces ha sido un no parar. Hoy, Nico tiene 20 años, dos medallas de oro internacionales y un objetivo que hace tiempo parecía imposible: llegar a participar en los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles 2028.
Pero su historia no es, ni de lejos, un camino de rosas fruto del azar. Sus inicios en el deporte que lo ha encumbrado son una metáfora de su vida tras el diagnóstico: “La primera vez que me subí a una piragua pasé más tiempo en el agua que en la embarcación, y en mi tercera competición me caí nueve veces antes de llegar a la meta”, confiesa. “Cuando llegué, todos mis compañeros estaban ya cambiados y tomando algo, pero me propuse llegar y llegué”, añade orgulloso.

Así ha sido la vida de este joven lucense desde su diagnóstico: llena de obstáculos, incertidumbres, reveses y recaídas tras las que se debía reponerse y seguir paleando de nuevo hasta convertirse, en la actualidad, en ejemplo de éxito y superación. Nico no sabe cómo habría sido su vida sin ese duro revés pero tampoco es de los que dicen que no cambiaría su destino por nada. “Sí lo haría”, confiesa, “daría lo que fuera por salir a correr” pero no se queda lamentándose en el sillón de su casa, se esfuerza por conseguir su mejor versión cada día y agradece haber tenido la fortuna de “elegir un camino muy bonito”, asegura.
Un diagnóstico demoledor
Su historia comenzó cuando una pequeña cojera durante un entrenamiento de fútbol encendió las alarmas de su madre. Al principio parecía una inflamación o una consecuencia del crecimiento, pero el dolor persistió y una resonancia cambió por completo la vida de la familia. El diagnóstico fue un osteosarcoma de alto grado en la rodilla derecha. “Nos dijeron que tenía un cáncer”, recuerda ahora Nico con una serenidad que contrasta con la dureza de todo lo que vino después.
El tratamiento convirtió su infancia en una sucesión de hospitales, quirófanos y recuperaciones. Nico tuvo que someterse a 54 ciclos de quimioterapia y 15 operaciones, en una de las cuales tuvieron que retirar parte del cuádriceps y del fémur, además de los cartílagos de crecimiento.
Su pierna derecha dejó de crecer al mismo ritmo que la izquierda y durante años tuvo que volver al quirófano para corregir esa diferencia: “Hacía todo el proceso de recuperación y cuando estaba casi al 100%, otra vez tenía que pasar por quirófano”, detalla.

Cinco años buscando un deporte que sí pudiera practicar
Cuando el cáncer quedó atrás apareció otro obstáculo. Los médicos le recomendaban no realizar ningún tipo de ejercicio físico porque la prótesis podía dañarse, de hecho llegó a romperla en una ocasión y eso supuso una larga operación de más de siete horas para sustituirla por una nueva. Pero Nico quería competir; necesitaba actividad y por ende preguntaba por un deporte tras otro cada vez que iba a la consulta, recibiendo prácticamente siempre la misma negativa…hasta que llegó el piragüismo.
Aquel primer contacto no fue precisamente perfecto. Según narra, pasó más tiempo en el agua que dentro de la embarcación, pero encontró algo que llevaba años buscando: “Fue la primera vez que me sentí como el resto”. Desde entonces, la evolución ha sido vertiginosa. Pasó por el Centro Gallego de Tecnificación Deportiva, comenzó a competir internacionalmente con 16 años y lleva dos temporadas formando parte del equipo nacional en Sevilla.
Ahora compite en paracanoe, tanto en pruebas explosivas como en largas distancias. En 2025 consiguió el título de campeón del mundo en los 10.000 metros y este año ha sumado también el oro europeo. Pero incluso ya metido en piragüismo y compitiendo a nivel gallego, tuvieron que pasar dos años para que descubriera esta disciplina: “Para que veas el desconocimiento que hay del deporte adaptado”, apunta el deportista.

El próximo reto: Los Ángeles 2028
Nico no quiere que su historia se quede únicamente en el relato de un niño que superó un cáncer. Su presente está en el deporte de alto nivel y su próximo gran desafío tiene fecha: los Juegos Paralímpicos de 2028. Mientras persigue esa meta, también estudia Ingeniería Informática en Sevilla. Para él, prepararse para el futuro es tan importante como competir en el presente.
Y también ha decidido utilizar su experiencia para hablar ante otras personas. Con el apoyo de iniciativas vinculadas a la investigación contra el cáncer, participa en charlas y actividades solidarias en las que cuenta su historia desde una perspectiva diferente: no desde la pena, sino desde la capacidad de seguir avanzando. En septiembre será uno de los rostros de una carrera solidaria en Madrid destinada a recaudar fondos para la investigación, y aunque no podrá correrla sí estará allí: “La haré andando”, explica.
Porque si algo ha aprendido Nico durante estos trece años es que los límites son relativos y en muchas ocasiones nos los ponemos nosotros mismos. El niño al que le dijeron que el deporte se había terminado, entrena ahora para clasificarse para unos Juegos Paralímpicos y es ejemplo de superación. Sus ídolos, por si también te lo estás preguntando, no son ni futbolistas famosos ni piragüistas olímpicos, sino sus propios padres, que lo apoyan en cada decisión por arriesgada que sea y siguen sus pasos con la distancia justa para ver sus logros sin interferir en ellos.

