La voz de Hayat al ser rescatada, esperanza entre los escombros del terremoto en Turquía

Cuarto día de rescates contra reloj tras el terrible terremoto en Turquía y Siria. Los equipos de rescate, conscientes de que el tiempo se agota y “cada minuto que pasa se reducen las posibilidades” de encontrar desaparecidos con vida, trabajan en una constante y agónica búsqueda de supervivientes. Ya son más de 17.500 las víctimas de esta tragedia, y la ONU teme incluso que la cifra de muertos pueda triplicarse con tantas personas todavía sin localizar.

En las calles, en fosas comunes y tanatorios improvisados, los cadáveres se amontonan mientras esperan a ser identificados o a su traslado para el entierro. Mientras, sus familiares permanecen sumidos en el dolor, sin hallar consuelo en medio del drama y el desastre.

Los rescatistas, desplegados por todas las zonas afectadas, son los portadores de la esperanza en medio de la desolación. Cada signo de vida que logran encontrar y cada persona a la que logran rescatar con vida se celebra como una conquista frente a la ola de muertes dejada por el devastador terremoto.

Con el umbral de supervivencia y las primeras 72 horas clave ya quedando atrás, quienes buscan a sus familiares desaparecidos entre las montañas de escombros se entregan ya a un milagro. Las próximas horas son críticas y el suroeste del país, junto a las regiones fronterizas sirias, presentan un escenario tan aterrador como complejo para los efectivos de rescate.

En ocasiones, el estado de degradación y destrucción de las infraestructuras es tal que, incluso para ellos, los profesionales, resulta imposible acceder sin poner en completo riesgo su vida.

Los supervivientes, la esperanza frente a la tragedia del terremoto en Turquía y Siria

En este contexto, imágenes como la de Hayat, una niña que ha logrado salir ilesa tras 72 horas sepultada y que empezaba a hablar a sus rescatistas, dan fuerza frente al desaliento y el dolor.

Como ella, muchos otros niños, algunos recién nacidos, han logrado ser rescatados. Su supervivencia, como la de otros tantos, es un impulso frente a la tragedia.

El terremoto afectó a un área de 110.000 kilómetros cuadrados

El alcance del terremoto fue completamente devastador. Concretamente, “afectó a un área de unos 110.000 kilómetros cuadrados, lo que es igual o mayor al área de muchos países en Europa", en palabras del vicepresidente turco, Fuat Oktay.

Recep Tayyip Erdogan, presidente del país, ha prometido que las labores de  rescate no finalizarán "hasta que no quede nadie bajo los escombros".

“Hemos movilizado todos nuestros medios. El Estado está trabajando junto a las autoridades, con todos sus medios”, ha subrayado.

En este contexto, ayer declaró tres meses de estado de emergencia, algo que será aprobado durante esta jornada por el Parlamento. Ello, ha dicho, "permitirá intervenir contra grupos sediciosos que abusan del proceso para prácticas corruptas".

Por otro lado, ha prometido adoptar todas las medidas necesarias para ayudar a los damnificados: "No se preocupen. Igual que nos recuperamos de los terremotos en Bingol, Malatya, Elazig y Esmirna --todos ellos registrados en los últimos años-- e igual de rápidamente que reconstruimos casas, nos recuperaremos de esto y completaremos la reconstrucción en un periodo corto de tiempo", ha dicho.

Mientras, desde Siria, donde la situación es igual de devastadora, claman por conseguir que la ayuda internacional también llegue hasta ellos. Ante una terrible falta de recursos, los servicios sanitarios y de emergencias en la zona permanecen al máximo de su capacidad.