Maduro, un mes 'secuestrado por EEUU': así vive hoy y así es su estrategia de defensa

Nicolas Maduro el día de su detención y traslado a EEUU. Cuatro
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Se cumple un mes del 'secuestro' de Nicolás Maduro que continúa en una cárcel de Nueva York, informa Mamen Sala. Desde aquel 3 de enero que llegó esposado a Estados Unidos en estas imágenes que parecían inconcebibles apenas han transcendido detalles sobre su situación. Está aislado del mundo. La siguiente visita al juez estaba prevista para el 17 de marzo pero se ha aplazado hasta el 26 a petición de la fiscalía para recabar más pruebas. La defensa de Maduro será apelar a su inmunidad por ser presidente de Venezuela y alegará violación del derecho internacional por la forma en la que se gestó su traslado a EEUU.

Nicolás Maduro, secuestrado en una operación militar de película, felicitaba el año a los funcionarios estadounidenses e ingresaba junto a su esposa Cilia Flores en una prisión de Nueva York.

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Sigue 23 horas en la cárcel denominada 'el infierno en la Tierra'

Todo lo que se sabe de esa cárcel conocida como "el infierno en la tierra" es que Maduro permance 23 horas en su celda. Tiene muy limitadas las comunicaciones y contacto casi exclusivo con su equipo de abogados. Su hijo asegura que ambos se encuentran bien de salud e incluso a ratos de buen humor.

La última vez que supimos de él fue el 5 de enero, en su primera vista oral ante el juez. Se declaró prisionero de guerra e inocente de todos los cargos que se le imputan. Cuatro cargos por narcoterrorismo y posesión de armas, que contemplan penas de carcel muy altas, incluso de por vida. El gobierno de Trump sigue celebrándolo. Como señala Pete Hegseth, el señor de la guerra de Trump que recuerda cuando Nicolás Maduro dijo aquello de "Aquí estoy, cengan por mí. Bueno descubrió las consecuencias".

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Sin embargo aún esta por ver cómo el juicio contra Maduro resuelve otras muchas cuestiones dudosas como la legitimidad de su detención o si tiene inmunidad.

Delcy pasa página de Maduro

Un mes después del derrocamiento del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en el ataque militar estadounidense a Caracas, las estructuras del Estado bolivariano permanecen intactas y así se mantendrán durante un periodo indefinido siempre y cuando la elegida por la Administración estadounidense para pilotar la transición, Delcy Rodríguez, cumpla con su tarea y siga defiendo los intereses de Washington mientras busca salir airosa de un proceso que lleva años gestándose.

Se buscaba un cambio de liderazgo

La operación para sacar del poder a Maduro alegando sus vínculos con el narcotráfico no buscaba un cambio de régimen, sino de liderazgo, uno que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se encargó de asumir en una histórica rueda de prensa en la que prometió teledirigir el país para atender los intereses petroleros de Estados Unidos, que pasan por gestionar estos recursos en su beneficio y cortar el suministro a rivales como Cuba, Rusia o China.

Sin embargo, el control de un país con la correlación de fuerzas y las complejidades sociales y territoriales de Venezuela es una tarea complicada para Washington, y muy costosa económicamente, que arrastra aún el fantasma de las fallidas ocupaciones de Irak y Afganistán.

Para el catedrático en Ciencias Políticas e investigador del think tank Centro de Asuntos Internacionales de Barcelona (CIDOB), Salvador Martí i Puig, en realidad Trump no está interesado en dirigir todo Venezuela desde el Despacho Oval como cabría esperar, sino más bien controlar la faja petrolífera del Orinoco, la mayor reserva mundial de crudo pesado, y las zonas en las que se refina.

"Lo único que les interesa son el 3% del territorio nacional donde hay yacimientos de petróleo, reservas y toda la infraestructura refinadora. El resto no les importa (...) además no lo van a administrar directamente, sino en su caso, a través de empresas petroleras privadas norteamericanas", apunta el investigador en una entrevista a Europa Press.

Esta apuesta de Estados Unidos por el viejo modelo postcolonial de la economía de enclave, que ha demostrado históricamente que apenas genera beneficios para el país, "es un salto mortal hacia el siglo XIX", advierte Martí i Puig.

Si Trump confía en las empresas estadounidenses para controlar esta pequeña, pero copiosa en recursos, parte del país, el resto del territorio, con sus propias complejidades y dinámicas, la deja en manos de un aparato del chavismo que ha sabido adaptarse sin casi alzar la voz a las nuevas dinámicas de Washington.

Bajo la continúa amenaza de una nueva intervención estadounidense, Delcy Rodríguez es la elegida de la Administración Trump para estabilizar la situación, mientras la opositora María Corina Machado ha sido ninguneada pese a sus desesperados intentos de congeniar con Trump, al que incluso le entregó el Nobel de la Paz.

Así las cosas, la que fuera vicepresidenta y mano derecha de Maduro tiene la difícil tarea de cumplir con las demandas que llegan desde la Casa Blanca al mismo tiempo que defiende el legado del finado presidente Hugo Chávez, que en 1999 rompió la tradicional alianza de Caracas con Washington con la nacionalización de sectores estratégicos. Ahora es Trump quien actúa de árbitro en esta correlación de fuerzas, en la que también hay que incluir el peso de las redes del crimen organizado. "No tiene tanto que ver con sensibilidades ideológicas, sino con equilibrios de poder y de poder en Caracas, pero de poder también en el territorio", apunta el investigador del CIDOB.

Habrá crecimiento económico

Martí i Puig cree que "a poco que se haga" en el periodo de transición habrá cierto crecimiento económico porque, después de más de dos décadas en las que Venezuela "ha sido el país con peor desempeño económico del mundo sin guerra declarada", "no se puede hacer peor", aunque considera que todo dependerá del grado de control y cohesión que la presidenta encargada pueda ejercer.

Bastaría "con que haya un poquito de inversión" y "con que Estados Unidos levante los bloqueos" para dejar atrás "una situación bastante miserable", señala el investigador en declaraciones a Europa Press, que indica que la reapertura política no solo dependerá de los pasos que dé Rodríguez sino también "de la solidez y la capacidad de la oposición".

"El juego político empieza no solo por sacar a la gente de las cárceles, sino también por cambiar (...) la ley electoral y sobre todo por pensar qué tipo de elecciones y qué partidos y liderazgos se legalizan (...) Va a ser muy importante la capacidad que tenga la oposición para negociar y apretar por una apertura institucional y política (...) Es un proceso que rápido no irá", reflexiona.

Sin embargo, la fragmentación de la oposición sigue siendo una losa para cualquier eventual liderazgo del país. "Lo tiene complicado por que está fragmentada, muy orientada a la derecha y con múltiples liderazgos. Machado ha perdido parte del capital social", valora el experto, que indica que "el juego de regalar el Nobel ha quemado" su figura política.

Por su parte, Delcy Rodríguez, que trataba con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio mientras Machado agasajaba a Trump en una Casa Blanca a la que accedió por la puerta de atrás, ha tenido que jugar con las cartas marcadas que le ofrecía Estados Unidos para sacar adelante los primeros acuerdos petroleros.

Solo habrá transición con pactos de inmunidad

En un gesto de aperturismo histórico, la sucesora de Maduro ha anunciado una amnistía general, y ha logrado el respaldo de otros actores del chavismo, como las Fuerzas Armadas, fundamentales para poder discurrir por una transición que lleva "muchos años" gestándose a cambio de la "inmunidad" de algunas de las figuras del chavismo.

"Solo puede haber transición si hay pactos de inmunidad a determinados cargos (...) probablemente hay cuadros de jerarquía que quieren pasar página y cambiar su posición en el tablero. No quieren llegar al final porque eso puede suponer derrota, prisión y justicia (...) a Delcy le interesa sostener eso y luego jubilarse sin ir a prisión y como ella, habrá cien cargos más", teoriza el experto del CIDOB un mes después de la operación militar que abrió una nueva era en Venezuela.