El incendio en la Misión de San Gabriel y sus consecuencias históricas

  • El incendio en la histórica misión se investiga como acto vandálico de la ultraizquierda

  • Los radicales destrozan el legado histórico y el patrimonio cultural de EEUU

En la madrugada del sábado y durante cerca de dos horas, la histórica iglesia de la Misión de San Gabriel, en Los Ángeles (California), ardió en llamas ante los incrédulos ojos de algunos feligreses y curiosos que se acercaron a contemplar el lamentable siniestro. El incendio se producía un día antes de que se reabrieran sus puertas clausuradas por la pandemia a mediados de marzo, tiempo en el que se había aprovechado para comenzar la restauración de parte de su interior, puesto que el año que viene, la emblemática construcción conmemora su 250 aniversario.

Cerca de 80 bomberos acudieron al lugar de culto al recibir la voz de alarma a las 4:24 am, tratando de extinguir el fuego desde dentro, pero las llamas devoraron rápidamente el tejado que comenzó a caer sobre los operarios. "Es terriblemente triste. Gracias a Dios que nadie salió herido, pero la destrucción es extensa y gran parte de la vieja iglesia se ha quedado en ruinas", ha lamentado en un comunicado el arzobispo de Los Ángeles, José H. Gómez, que preside la Conferencia Episcopal de EE.UU.

La mayoría de los bancos de más de 110 años de antigüedad, recientemente restaurados junto a otras zonas del interior- bajo un coste de 200.000 dólares-, han quedado destruidos por las llamas. Para consuelo de muchos, algunas figuras y otros elementos de arte histórico se han librado de la quema: "El altar (original y hecho a mano en la Ciudad de México) está milagrosamente intacto y también algunas estatuas de enorme valor que reubicamos junto al altar para la restauración, por lo que tenemos mucho que agradecer”, señalaba la Terri Huerta, directora de desarrollo y comunicaciones de la Misión.

En su estructura similar a una fortaleza con influencia arquitectónica morisca, pintorescos contrafuertes y paredes altas, la misión de San Gabriel ha dado cobijo hasta ahora a seis estatuas y retablos policromados en madera, talladas en España y llevadas en 1971; un cuadro de Nuestra Señora de los Dolores de más de 300 años y una colección de pinturas sacras, probablemente las primeras realizadas por residentes californianos; también allí descansa un fuente bautismal de cobre martillado a mano, regalo personal del rey Carlos III de España; en la torre hay seis campanas de diseño pesado que datan de 1795 a 1830… El valor de estas y otras piezas artísticas sería, a priori, incalculable.

Cuenta la historia….

La Misión de San Gabriel fue en fundada en 1771 por el franciscano español Junípero Serra, como parte de las 21 misiones establecidas cerca de lo que se convertiría en la metrópolis de expansión de Los Ángeles. El fraile mallorquín evangelizó los territorios del norte de California junto a las expediciones de la corona española a finales del siglo XVIII.

Según relatos históricos, en aquellas misiones “fueron acogidos miles de indígenas, a quienes Sierra defendió frente a las autoridades militares que conquistaron los territorios californianos”. La misión estaba situada junto al río Santa Ana, en territorio de la tribu Tongva (para los españoles, “gabrieleños”), y fue reconocida por haber introducido la vinicultura a gran escala en California, con la administración de fray José Zalvidea y la colaboración de los mismos nativos. Servía a todo el valle de Los Ángeles y se convirtió en el asentamiento religioso más importante del estado.

Durante el dominio mexicano de California, la misión fue secularizada en 1834, y devuelta a la iglesia 25 años después por el Gobierno de los Estados Unidos. Desde 1908, los misioneros Claretianos se han encargado de su administración, y junto con los laicos, han logrado mantenerlo como un centro fuerte espiritual que atrae a miles de católicos y turistas atraídos por la fe y sus históricas joyas artísticas.

Serra fue canonizado por el Papa Francisco en Washington en 2015, en un acto en el que el pontífice alabó la labor de Fray Junípero por “defender la dignidad de la comunidad nativa”. El papel de Serra y de España en la Alta California fue muy extenso y crucial para el desarrollo de la región, llevando la cultura europea al país.

Vandalismo de la izquierda radical

A raíz de la muerte del afroamericano George Floyd a manos de un policía blanco, las protestas raciales que se desataron en todo el país culminaron en algunas ciudades con actos vandálicos en los que se destruyeron monumentos históricos. Los radicales de ultraizquierda han derribado y vandalizado estatuas bajo la excusa de un "revisionismo histórico profundamente equivocado", aseguraba hace unas semanas a NIUS el coordinador del Spanish Council.

Así en las últimas semanas, una estatua del general confederado Albert Pike fue derribada y quemada en Washington; en Miami (Florida) se detuvo a siete personas por atacar las estatuas del conquistador Juan Ponce de León y de Cristóbal Colón. Otra representación del descubridor de América fue también derribada en Richmond (Virginia), y decapitada en Boston, (Massachusetts).

En San Francisco, la figura de Miguel de Cervantes fue teñida de rojo, como símbolo de un supuesto legado de sangre. En las pintadas del creador de El Quijote, figuraban símbolos anarquistas acompañados de la palabra “bastardo”. En la misma ciudad, el cuello de Francis Scott Key, autor del himno nacional de los Estados Unidos “The Star-Spangeld Banner”, y defensor de la esclavitud, fue rodeado con una soga. La misma suerte corrió la estatua de San Junípero de la Serra, que terminó rociado con pintura…El fenómeno iconoclasta en tiempos de George Floyd, también llegó a algunos países como Reino Unido y Bélgica.

Estos actos vandálicos callejeros han hecho reconsiderar que la investigación abierta para conocer la causa del incendio de la Misión de San Gabriel, contemple la posibilidad de que este fuera provocado intencionadamente. Lo que se sabe hasta ahora es que el origen tuvo lugar en el coro que alberga un órgano de tubos: "Todo el daño del incendio se produjo en el segundo piso y así llegaron a la conclusión de que allí se inició el incendio", ha declarado el capitán del Departamento de Bomberos de San Gabriel, Antonio Negrete.

Valor histórico extraordinario

El incendio del templo, como era de esperar, ha ocupado los titulares de medios de comunicación estadounidenses e internacionales. Sin embargo, llama la atención que algunos periódicos locales apenas pasan de puntillas por el valor histórico, artístico y cultural que supone la Misión de San Gabriel para California y los Estados Unidos, sino que más bien hacen especial hincapié en connotaciones negativas relacionadas con la presencia de los españoles colonizadores del país. Tal es el caso del periódico Los Angeles Times -cuya publicación sirve de referencia a otros tantos medios de prensa escrita y digital-, que destaca el incendiario suceso bajo el titular “La Misión de San Gabriel, un símbolo de fe, historia y opresión dañado por el fuego”.

Reacción "sorprendente" teniendo en cuenta que Estados Unidos es un país joven, que no cuenta con monumentos históricos ni piezas de valor, y que la única riqueza histórica en términos tanto de arte como de valor histórico son los edificios de la colonización española.

La conmemoración de figuras históricas merece una discusión honesta y justa sobre cómo y a quién debe darse tal honor, sin embargo, la historia que se discute se remonta a siglos atrás, en un contexto histórico del que muchos, pocos saben, o poco se han preocupado por saber.

Si se quiere acabar con las estatuas de los esclavistas, habría que derribar en el mundo desde las de Julio Cesar a los Médici, pasando por todos los reyes de Bélgica, Holanda, España y resto de Europa, porque no existía apenas condena moral de la esclavitud.

Estatuas, tumbas, frescos, pinturas… es como querer borrar la historia antigua, medieval y moderna. Pero no podemos borrar la historia, una historia de la humanidad a veces muy cruel, que se seguirá escribiendo, y que probablemente, dentro de unos años, o unos siglos, generaciones futuras también querrán hacer desaparecer lo que hoy para nosotros es actualidad.