El acusado del asesinato en Fuenlabrada habría obligado a menores de 'DDP' a cometer el crimen: "Las órdenes llegan a través de otros"

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Juicio por el crimen de un joven en Fuenlabrada. Europa Press
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La Policía Nacional ha considerado en el juicio que uno de los acusados por el asesinato de un joven de 21 años a las puertas de la discoteca CañaBrava de Fuenlabrada ordenó, en calidad de ‘Suprema’ del coro Campamento de los Dominicans Don't Play (DDP), a varios menores ejecutar en octubre de 2022 el crimen como represalia a un ataque previo de los Trinitarios.

Así lo ha constatado el jefe del Grupo 21 de la Brigada Provincial de Información en la vista oral que se celebra contra cuatro acusados, entre ellos los supuestos autores intelectuales y miembros intermedios de la organización. Por estos hechos dos menores ya fueron condenados como autores materiales.

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Durante su testimonio, el instructor ha sostenido, conforme a las pesquisas policiales, que el acusado considerado cabecilla ordenó a los menores cometer el asesinato. “Las órdenes del jefe llegan a través de otros”, ha aseverado. Según la defensa del procesado, no hay pruebas de que su cliente fuera jefe, teniendo en cuenta que está en prisión desde 2017 por una estafa.

La Policía considera acreditado que los procesados pertenecían a la banda juvenil, al cumplir diversos parámetros como vestimenta negra, identificaciones por tenencia de armas y detenciones con machetes, entre otros aspectos.

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Dispositivo policial

El responsable policial ha explicado que el dispositivo había considerado el concierto celebrado en la discoteca Cañabrava el día del crimen como evento de riesgo, al tratarse de un artista vinculado al entorno de la banda rival de los Trinitarios.

Según el instructor, en un concierto anterior del artista Rochy RD celebrado en Madrid se produjo una reyerta entre miembros del coro Torrejón de los Trinitarios y del coro Campamento de los DDP, que acabó en un tiroteo y con un miembro de los Trinitarios herido por arma blanca.

El análisis forense determinó que la víctima presentaba heridas compatibles con arma de fuego y armas blancas. Los agentes de balística elaboraron un croquis de los vestigios hallados y localizaron tres proyectiles deformados, lo que apunta a al menos tres disparos, además de un cuarto, ya que otra víctima no mortal presentaba una bala alojada en su cuerpo. Otro joven identificado también resultó herido de bala, mientras que a una tercera persona le dispararon en dos ocasiones sin alcanzarle.

Uno de los testigos vinculó el crimen con bandas juveniles y relató que vio imágenes del fallecido realizando el gesto conocido como “patria”, asociado a los Trinitarios. Otro testigo declaró que vio a dos individuos con pasamontañas negros que, tras el ataque, se introdujeron en una furgoneta blanca similar a las de reparto, aportando una matrícula parcial que comenzaba por el número 50 y describiendo al conductor como un hombre con barba.

Según el agente, los vídeos publicados permitieron confirmar la relación de varias víctimas con los Trinitarios, así como amenazas previas procedentes de su entorno hacia miembros de DDP. Aunque la víctima mortal no figuraba formalmente como miembro de la banda, diversas fotografías lo situaban en ese entorno.

La furgoneta utilizada en la huida fue uno de los principales avances de la investigación. El vehículo había sido sustraído en Colonia Jardín y fue recuperado posteriormente en un taller del distrito de Latina el 5 de octubre. Además, en una placa de matrícula localizada en la zona se halló una huella, y los investigadores comprobaron que esa placa también había sido robada en el mismo barrio.

El análisis de llamadas telefónicas reveló numerosas comunicaciones entre los acusados y el menor considerado autor material de los disparos, ya condenado en la jurisdicción de menores. Según detalló el policía, en una de esas llamadas el menor contacta con otro de los procesados para “activar” el asesinato.

Llamadas telefónicas

El tráfico de llamadas entre los implicados se intensificó a partir del 4 de octubre, aunque en algunos momentos no respondían a las comunicaciones, lo que, según los investigadores, indicaría medidas de seguridad como apagar los teléfonos o dejarlos en otro lugar.

Para los investigadores, todos estos elementos apuntan a que el asesinato no fue espontáneo, sino una acción previamente organizada en el contexto de la rivalidad entre bandas juveniles. “Entendemos que fue una acción planificada”, ha subrayado.

El instructor ha asegurado que el ataque se trató de lo que se conoce como “una vuelta” en el argot de bandas, una venganza por una agresión anterior que debía ser autorizada por el ‘Suprema’. “Es habitual que se venguen. Atacaron a personas destacadas”, ha dicho.

Uno de los menores ya condenados por el crimen reconoció en el juicio haber sido el autor material del disparo en la cabeza que acabó con la vida del joven, aunque aseguró que actuó por iniciativa propia tras levantarse ese día “rayado” y que nadie de la banda DDP le ordenó cometer el asesinato.

La Fiscalía atribuye a dos de los principales acusados un delito de asesinato agravado por pertenencia a organización criminal, tres asesinatos en grado de tentativa y delitos relacionados con tenencia de armas. Para uno de ellos, el supuesto jefe del coro, solicita prisión permanente revisable y 78 años de cárcel.

Otro acusado se enfrenta a cinco años de prisión por pertenencia a organización criminal, mientras que un tercero está procesado como cooperador necesario en el asesinato y en los intentos de homicidio, con penas que superan los 20 años de cárcel.