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En España existe un lugar donde se puede escuchar la berrea del ciervo en plena naturaleza

Un ciervo en Cabañeros. Telecinco.es
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Un bramido gutural que atraviesa el aire frío del amanecer y se propaga durante kilómetros por las llanuras abiertas, hasta que otro macho contesta desde el fondo del valle. El fenómeno tiene nombre: la berrea. Y durante las tres o cuatro semanas centrales del otoño español, el Parque Nacional de Cabañeros lo ofrece con una calidad que ningún otro enclave peninsular iguala. 

Situado entre las provincias de Ciudad Real y Toledo, sobre los Montes de Toledo, este espacio protegido de más de 40.000 hectáreas está integrado en la red de Parques Nacionales desde 1995 y es la mejor puerta de entrada para asistir a lo que muchos naturalistas consideran el espectáculo faunístico más impresionante de la Península Ibérica. Las llanuras interiores del parque acogen manadas enteras de ciervos que pastan sin apenas presión humana durante el resto del año, pero en septiembre y octubre estallan en actividad reproductiva.

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Qué es la berrea

La berrea es la manifestación acústica del celo del ciervo ibérico. Cuando bajan las temperaturas y los días se acortan, los machos adultos abandonan la discreción del resto del año y salen a las áreas abiertas para competir por las hembras. El bramido cumple dos funciones simultáneas. Por un lado, informa a las hembras receptivas de la presencia del macho. Por el otro, sirve de aviso a los rivales de que ese territorio está ocupado. 

Si hay disputa, acaba en muchos casos con enfrentamientos frontales entre dos machos que cruzan sus cuernos y se empujan con toda la fuerza acumulada durante los meses de comida abundante del verano. El vencedor se queda con el harén. El derrotado se retira a esperar una mejor ocasión.

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El fenómeno se produce cada año entre la segunda quincena de septiembre y la segunda de octubre, lo que suponen algo más de unas tres semanas, con un pico habitual en los primeros días de octubre. Las condiciones ideales para escucharlo son el amanecer y el atardecer, momentos en los que el aire frío y denso transporta el sonido a mayor distancia y en los que los ciervos concentran su actividad. En horas centrales del día, las manadas se retiran a las umbrías del bosque mediterráneo.

Por qué en Cabañeros

El parque combina tres características que lo colocan por delante de otros enclaves peninsulares donde también se produce la berrea (Monfragüe, Cazorla, Los Ancares). La primera es la extensión de las rañas, esas llanuras cerealistas de secano típicas de la meseta que aquí funcionan como pasto natural para los ciervos y que ofrecen visibilidad panorámica sobre las manadas. La segunda es la baja presión humana: el acceso al interior del parque está restringido durante todo el año y las manadas mantienen comportamiento genuino frente a los observadores, sin haberse acostumbrado a la presencia constante de turistas. La tercera es la densidad poblacional: se estima que en los momentos álgidos del celo pueden observarse decenas de ciervos machos activos en una misma raña.

La fauna que acompaña al ciervo enriquece la experiencia. El parque alberga buitres negros, águilas imperiales, cigüeñas negras, milanos reales y una comunidad estable de jabalíes, zorros y tejones. En noches despejadas, la contaminación lumínica cercana es tan baja que el cielo estrellado se convierte en un atractivo complementario.

Cómo asistir

El acceso al interior del parque durante la temporada de berrea se realiza exclusivamente mediante rutas guiadas en vehículos 4x4 organizadas por la empresa concesionaria UTE Visitacabañeros. Los recorridos tienen una duración media de tres horas y cuentan con guía intérprete que explica el comportamiento animal y ayuda a localizar las manadas activas. La entrada al parque en sí es gratuita, pero las rutas guiadas sí tienen coste.

Para quien prefiera evitar el 4x4, existen senderos señalizados de acceso libre que también permiten disfrutar del fenómeno desde las zonas periféricas. La ruta de la Viñuela (con 13 kilómetros ida y vuelta, y una dificultad media-baja) atraviesa un valle de bosque mediterráneo con vistas a la raña. La ruta de la Torre de Abraham es accesible para personas con movilidad reducida.

La equipación imprescindible para vivir esta experiencia incluye ropa de abrigo, calzado adecuado, prismáticos y prendas de colores neutros que no llamen la atención de los animales. El silencio durante la escucha no es una recomendación sino una necesidad, ya que cualquier sonido humano interfiere en el comportamiento natural de las manadas.