Jesús Sánchez, el sueño cumplido de Amós
El chef de El Cenador de Amós revalida en 2022 por tercer año consecutivo las tres estrellas Michelin
Cumplió el sueño de su abuelo Amós, un arriero de Navarra que soñaba con tener una fonda
Su nuevo proyecto se ha instalado en el Hotel Rosewood Villamagna, en Madrid, y se llama, cómo no, Amós
MadridDetrás de cada persona hay siempre una historia que desconocemos y que por la razón que fuere necesitamos conocer, porque hay trayectorias que ejercen sobre nosotros un influjo, el magnetismo de un camino encantado.
Jesús Sánchez nació una fría noche de invierno de mediados de los sesenta en la localidad ribereña, fronteriza, de Azagra (Navarra). Nieto de Amós, un arriero que esparcía ilusiones por la comarca, que soñaba con tener una fonda y con perpetuar el legado de hacer felices a los demás, Jesús recogió ese guante y emprendió el camino hacia un rumbo de éxitos, a soñar su existencia.
Desde su adolescencia le atraía la figura de los cocineros fijada en los carteles de carretera que recorría con su padre. Así iniciamos la conversación de este sábado: “Mis padres tenían una tienda de ultramarinos y una de las cosas que hacían era traer pasteles de Calahorra (La Rioja) y cuando les acompañaba me colaba en el obrador de la pastelería para ver cómo trabajaba la gente. Todo lo relacionado con la cocina empezaba a interesarme y en casa me entretenía imitándoles, haciendo mis pinitos con todo lo que había al alcance de mi mano, tanto me interesaba aquel mundo que mientras estudiaba el bachillerato en Pamplona les dije a mis padres que quería ser cocinero. No, en mi familia no había ningún antecedente, me empujó hasta esta vocación la fascinación de trabajar con los alimentos y la cocina. Mis padres confiaban que con el tiempo se me pasara esa fiebre pero nada más terminar el bachillerato me fui a Madrid, a la escuela de Hostelería de la Casa de Campo”.
Decía Nietzsche que “la vocación es la espina dorsal de la vida”.
Cantabria y Navarra
Villaverde de Pontones, municipio de Ribamontán (Cantabria), ¡cuánta eufonía!, es tierra lúcida y verde, de brumas ocasionales, donde la lluvia rompe el silencio y el sol compone una redoma de amaneceres esplendorosos. Uno de esos pueblos encantados, de humo en los tejados, de pájaros sobrevolando mañanas de escarcha, de un andar entre caserones asomados a la vida. A esos cielos grises y azules llegaron Jesús y su mujer Marián y se enamoraron de esa tierra donde mandan los vientos del norte, la poética de las montañas frente al mar. Fue a finales de los años ochenta cuando se citaron allí para ir tejiendo su existencia. Una puerta del destino.
Pero lo mejor es que lo cuente él: “Llegué a Cantabria después de un periplo de formación y de trabajo, primero en Madrid, luego en Murcia, en Castellón, en sitios a los que iba a ganar un poco de dinero y a hacer la temporada de verano. Cuando terminé en la escuela de Hostelería tuve la oportunidad de empezar a trabajar en el Hotel Ritz, durante 4 ó 5 meses. Más tarde me fui a Marbella, a Sevilla, y a Cantabria llegué porque quería cambiar de aires, se lo comenté a Pedro Larumbe, que ya tenía Cabo Mayor, y me dijo que en su restaurante El Molino hacía falta un jefe de cocina, entré en un Vips, me compré una Guía Michelin y descubrí que ese restaurante tenía una estrella y pensé que era una inmejorable oportunidad. Era el año 89, tenía 25 años y aquí me quedé hasta el año 93 en el que me surgió la oportunidad de montar un proyecto propio y Marián y yo abrimos el Cenador de Amós en el mes de junio y nos casamos en octubre. Hasta hoy”.