Embarazo

Sentir tristeza en el embarazo es normal, aunque sea muy deseado: "Muchas mujeres no lo verbalizan por miedo a ser juzgadas"

Una barriga de mujer embarazada. Pexels
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Esperar un bebé se asocia a sentimientos de felicidad e ilusión: el embarazo es, así, un momento lleno de emociones positivas, especialmente para la madre gestante. Pero la realidad es un tanto más compleja. Sentir tristeza, ansiedad o miedo durante el embarazo no es en absoluto raro, incluso durante uno muy deseado o buscado. Es una realidad mucho más común de la que seguramente se piensa, como confirma a la web de Informativos Telecinco Marta Prat, psicóloga de Next Fertility: “Social y culturalmente seguimos asociando el embarazo casi exclusivamente con felicidad, plenitud y gratitud”, apunta esta experta. “Esto deja poco espacio para emociones que también son normales, como la tristeza, el miedo, la duda o el cansancio emocional”, destaca.

Esto es un problema, porque lleva a que la cuestión se re-invisibilice. Más allá de que no se ve aquello de lo que no se habla, todavía se percibe menos aquello que directamente se oculta. “Muchas mujeres no verbalizan lo que sienten por miedo a no encajar en ese ideal o a ser juzgadas, lo que favorece el aislamiento social y perpetua el malestar”, advierte Prat, que recuerda, eso sí, que no solo estas emociones son normales, sino que “invisibilizarlas no las elimina; al contrario, puede intensificarlas”.

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Las razones de la tristeza en el embarazo

Las causas que explican estos sentimientos son múltiples y están muy conectadas con la propia naturaleza del embarazo, un proceso altamente complejo y que tiene un impacto notable en el organismo de la mujer. Es “una experiencia de enorme complejidad a nivel biológico, psicológico y vital”. Como recuerdan desde Next Fertility, los estudios de neuroimagen ya han evidenciado que durante el embarazo se reduce de forma temporal la sustancia gris en algunas áreas del cerebro, conectadas con la cognición social, con la regulación emocional y con la empatía. Es un mecanismo natural para ganar eficiencia, pero no deja de tener un coste para las embarazadas.

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“A nivel neurobiológico se producen cambios hormonales intensos que influyen directamente en la regulación emocional”, explica Prat. “Pero, además, el embarazo implica una reorganización profunda de la identidad, del cuerpo, de los proyectos y de las expectativas de futuro”, suma. La experta habla de un “proceso de duelo simultáneo” a la espera optimista al nacimiento, en el que se despiden etapas vitales o certezas sobre lo que se era. A eso se suma el miedo a que pueda salir algo mal, que escala cuando el historial de la mujer aumenta el riesgo. No se trata solo de que sea un contexto en el que las emociones estén a flor de piel, sino también es uno con una mayor vulnerabilidad emocional potencial.

Esto, por supuesto, no implica que se rechace el embarazo o al bebé, como puntualiza Prat. Sin embargo, lo que se cree que debería ser y lo que se siente en realidad pueden hacer que estas emociones se perciban de un modo altamente negativo. “La elevada responsabilidad percibida que se activa durante el embarazo puede favorecer que, ante la presencia de tristeza o ambivalencia emocional, la mujer cuestione su competencia materna y su valía personal, lo que contribuye a un aumento del malestar psicológico”, apunta la experta.

¿Cómo evitar entonces esa sensación de culpa? Prat apunta que hay que comprender que todas esas emociones son normales, parte del propio proceso. “Sentir tristeza no implica una dificultad en el apego ni una menor capacidad para vincularse con el bebé, indica. Y suma: “De hecho, cuando una mujer puede reconocer y regular sus propias emociones, está sentando bases más seguras para un vínculo temprano saludable”.

Hablar de estas emociones importa y es incluso algo saludable. Al otro lado, quienes escuchan deben evitar invalidad o minimizar esos sentimientos y optar más bien por escuchar sin juzgar. “Acompañar implica aprender a sostener el malestar, en lugar de tratar de eliminarlo”, indica la experta. “En muchos casos, lo que una persona necesita no es que le solucionen lo que siente, sino que alguien pueda estar ahí, escuchar sin juzgar y validar su experiencia emocional”, asegura.

Desidealizar el embarazo

En cierto modo, también se podría sumar aquí el valor de ver de forma realista esta experiencia, una que no es de color de rosa a todas horas. ¿Hemos idealizado como sociedad el embarazo? “Sin duda”, responde Prat. “Vivimos una idealización muy marcada, especialmente en redes sociales, donde se muestran versiones muy seleccionadas y estéticas del embarazo”, explica. Esto empuja a una autocomparación constante en lo que salir bien parada resulta un tanto difícil.

“El problema no es mostrar experiencias positivas, sino presentarlas como la única narrativa válida”, indica la experta. El embarazo son todas esas cosas buenas, pero también “puede implicar malestar físico, miedo, soledad, pensamientos intrusivos, incertidumbre o conflictos emocionales”. “Y todo eso forma parte de una vivencia humana totalmente normal”, recuerda.