El farmacéutico Pablo García explica por qué si no se usa correctamente los protectores solares con color se puede reducir su SPF
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Los protectores solares con color se han convertido en una de las opciones favoritas para el cuidado diario de la piel ya que permiten unificar el tono del rostro a la vez que protegen frente a la radiación solar.
Sin embargo, ¿protegen igual que un fotoprotector convencional? ¿Ayudan realmente a prevenir las manchas? El farmacéutico Pablo García, conocido en redes sociales como @medicadoo y autor del libro El frío no resfría (Grijalbo, 2025), lo aclara durante una entrevista con la web de 'Informativos Telecinco'.
"Es cierto que los protectores con color protegen más frente a las manchas por los pigmentos que incorporan para colorear el rostro, como el óxido de hierro", explica. Estos pigmentos, "ofrecen un plus protector frente a las manchas", especialmente frente a la luz visible, un factor que también influye en la aparición y el empeoramiento de determinadas hiperpigmentaciones, como el melasma. Sin embargo, hay algo que se suele hacer mal.
El error que hace que pierdan eficacia
La protección de los rayos ultravioletas solo se consigue si el producto se utiliza en la cantidad adecuada. Y ahí es donde, según el experto, aparece el principal problema.
"Los protectores con color tienen un inconveniente. Si te aplicas la cantidad correcta, esos dos dedos generosos de producto sobre la cara, hay personas a las que les quedaría un color demasiado oscuro. Entonces se ponen menos cantidad y, por tanto, se están protegiendo mucho menos", advierte.
Esto provoca un efecto contrario al que se busca. "La ventaja que estabas teniendo por un lado, gracias a esos pigmentos que te dan un plus frente a las manchas, la estás perdiendo porque te estás colocando bastante menos protección", resume.
Aplicar menos protector reduce la protección de forma drástica
El farmacéutico insiste en que el SPF que aparece en el envase solo se alcanza cuando se aplica la cantidad con la que se ha evaluado el producto durante los ensayos.
"El nivel de protección disminuye de manera exponencial si no te echas la cantidad necesaria, que es de 2 miligramos por centímetro cuadrado", explica. En los protectores solares en crema, esta recomendación suele traducirse en la conocida regla de los dos dedos: dos dedos de producto para el rostro, dos para cada brazo, dos para cada lado de cada pierna y cuatro dedos tanto para el torso como para la espalda.
Las consecuencias de quedarse corto pueden ser mucho mayores de lo que la mayoría imagina. "Si tienes un SPF 50 y te echas la mitad, es decir, en vez de dos dedos solo uno, la disminución de la protección es exponencial. Un SPF 50 podría llegar a ser un SPF 7. Y si te colocas medio dedo, ese SPF 50 se transforma en un SPF 2, casi nada", señala.
Un problema que también afecta a los nuevos formatos
Según Pablo García, esta limitación no es exclusiva de los protectores con color. También ocurre con otros formatos cada vez más populares, como los sticks, los espráis o los roll-on, especialmente cuando se utilizan en el rostro.
"Con los nuevos formatos la medida de los dos dedos queda anticuada, ya que no tienen el mismo volumen y densidad que una crema, sobre todo los faciales, que son cada vez más líquidos".
Por ello, advierte de que es mucho más fácil aplicar menos producto del necesario sin ser consciente. "Con un protector muy ligero, para llegar a ese SPF 50 que indica el envase, te tienes que poner bastante más de esos dos dedos. No es lo mismo pesar 2 miligramos de un formato en crema que 2 miligramos de un formato tan líquido", concluye.

